Henry James Cuadernos de notas (1878-1911)
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redacción (casi siempre beneficiosos). Aparte de esto, un James íntimo, con el lápiz en lamano, deja a la vista, mientras fantasea, la topografía de sus obsesiones, su avidez, suspreferencias y sus aversiones. Pocas líneas, no obstante, se dedican a cuestiones personales, eincluso al juicio de otros; la sajona continencia de James sólo cede ante algunos fenómenossociales que considera particularmente infaustos —la publicidad, por ejemplo—, o ante eldesaliento que le causa su fracaso en el teatro. No hay tampoco aforismos o meditaciones; nohay ideas generales ni teoría.Lo más patente es que la escritura de narrativa, el «arte de la novela» (en sus palabras),era para él destino, límite y urgencia incesante. La lección, así, no es únicamente técnica:ilustra una manera ejemplar de responder a una vocación. El sometimiento de James a suspropias exigencias parece acentuarse con los años; la práctica de la economía descriptiva, elaprendizaje de lo que llamaba «exposición fundamental», el dominio de la «presentaciónescénica», la costumbre de trabajar con un guión ceñido, claro y completo (son expresionessuyas), lo seguían preocupando, es ostensible, cuando ya había escrito las tres cuartas partesde su obra.Entre el primer apunte relativo a
The Wings of the Dove
y la redacción de la novelamedian ocho años. En 1911, James trabaja en el problemático desenlace de un cuentoabordado por primera vez más de una década atrás, a raíz de una historia que le habíacontado su cuñada Alice. Éstos son apenas dos ejemplos entre muchos, pero informan sobreciertas tenacidades. Los temas de James pocas veces nacían de ideas abstractas («¿Qué hayen la idea de «
demasiado tarde
»?», se lee en una nota); de vez en cuando surgían de unalectura; pero casi siempre procedían de una anécdota oída en alguna reunión o susurrada porla señora X en una cena de sociedad. Cuando al final de su vida preparó una colección deobras escogidas, encabezó cada uno de los veintiséis volúmenes con un prólogo en donde amenudo se explica la génesis de las piezas. De estos prólogos y de los cuadernos se infiereque el germen —anécdota o
donnée
, en su expresión— era para él inapreciable porquefundamentaba el tema.«La solidez del tema, su importancia y capacidad emocional son lo único en lo cual me esde decisiva utilidad esforzarme», leemos en el prólogo a
The Altar of the Dead
. «Todo lodemás se quiebra, se derrumba, se adelgaza, se arruina, lo traicióna a uno miserablemente.»Una vez establecido ese tema, de la observación de la vida James obtenía detalles que ibaacumulando para alimentar la fábula; pues, además, «la solución real a la apremiante cuestiónde la vida» radicaba en su opinión en «la batalla íntima con la idea particular, el tema, laposibilidad, el lugar». El repetido expediente de anotar el germen de una idea, expandirlo en laimaginación y trazar luego un libreto lo más ceñido posible conforma mayormente el monótonopero fructífero paisaje de estos cuadernos.¿Corresponden ciertas virtudes de la obra de James a las encantadoras infidencias de lasdamas de su amistad? El propio James se encargó de hacer la defensa de la parte del artista.Esta defensa se encuentra en el prólogo a
The Spoils of Poynton
. Dice así: «Dado que la vidaes toda inclusión y discriminación, en tanto el arte es todo discriminación y selección, elartista, en busca del duro
valor
latente que le concierne de modo excluyente, olfatea la masacon el preciso instinto de un perro que sospecha dónde hay un hueso enterrado. La diferenciaaquí, sin embargo, estriba en que, mientras el perro desea su hueso sólo para destruirlo, elartista en su minúsculo trozo limpio de desagradables adherencias y tallado en sagradaaspereza, encuentra la materia misma para una clara afirmación, la más afortunadaoportunidad para crear lo indestructible.»Los cuadernos de notas de Henry James, que el autor decidió preservar cuando pocoantes de morir destruyó muchos de sus papeles, se conservan en la Biblioteca de laUniversidad de Harvard. En 1947, autorizados por los herederos del escritor, F. O. Matthiesseny Kenneth B. Murdock llevaron a cabo una pulcra y erudita edición del material, publicada porla Oxford University Press, de Nueva York. De esta edición (la segunda, fechada en 197O) noshemos servido para la nuestra, beneficiándonos no sólo de la claridad del texto, sino de loscomentarios y referencias de Matthiessen y Murdock, en general consultados para nuestrasnotas aclaratorias. En nuestro volumen, sin embargo, no figuran tres apéndices quereproducen manuscritos también hallados entre los papeles póstumos de James. El primero,bajo el título de
The K. B. Case
(en probable alusión a Katherine Bronson), resume una novelacuya redacción no superó las primeras páginas, pero los nombres de cuyos personajescoinciden con los de los protagonistas de
The Ivory Tower
, una de las dos obras que James
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