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 Maurice Maeterlinck La Vida De Los Termes
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escolares. Pienso que el lugar adecuado de las susodichas notas y referencias está en labibliografía que el lector encontrará al fin del volumen, tanto más ventajosamente, cuanto quela literatura consagrada a los termes no es todavía tan copiosa como la de las abejas.He aquí los hechos, que yo he encontrado esparcidos, difusos, disimulados en cien parajesdiversos, a menudo sin significación, porque estaban aislados. Como en
La Vida de las Abejas,
mi papel se ha limitado a
reunirlos 
y agruparlos tan armoniosamente como he podido; adejarles obrar los unos sobre los otros, envolviéndolos en algunas reflexiones pertinentes, ysobre todo, a ponerlos en claro, porque los misterios de la
termitera 
1
 
son más ignorados quelos de la colmena, aún de los aficionados, cada día más numerosos, que se interesanespecialmente por el estudio de los insectos. La sola interpretación de estos hechos mepertenece más o menos, como pertenece al lector, que sacará quizás de ella conclusionescompletamente diferentes. Por lo demás, es la única cosa que pertenece al historiador, y lamonografía de un insecto, sobre todo de un insecto tan singular, no es, en suma, más que lahistoria de una colonia desconocida, que en ciertos momentos parece originaria de otroplaneta, y esta historia demanda ser tratada de la misma manera metódica y desinteresada quela historia de los hombres.Si se quiere, este libro hará pareja con la
Vida de las Abejas,
pero el color y el medio no seránlos mismos. En cierto modo, son estos dos libros el día y la noche, el alba y el crepúsculo, elcielo y el infierno. De un lado —al menos a primera vista y a condición de no profundizardemasiado, porque la colmena tiene también sus dramas y sus miserias— todo es luz,primavera, estío, sol, perfume, espacio, alas, azur, rocío y felicidad sin igual entre las alegríasde la tierra. De otra parte todo son tinieblas, opresión subterránea, violencia, avaricia sórdida einmunda, atmósfera de calabozo, de mazmorra y de sepulcro, pero también, en la cima, sacri-ficio mucho más completo, más heroico, más reflexivo y más inteligente por una idea o uninstinto —poco importa el nombre, los resultados son semejantes— desmesurado y casi infi-nito; lo cual, en resumidas cuentas, compensa muchas bellezas aparentes, aproxima anosotros las víctimas, nos vuelve casi fraternales —desde cierto punto de vista, mucho másfraternales que las abejas o que todo otro ser viviente sobre esta tierra— y hace de estosdesgraciados insectos los precursores y prefiguradores de nuestros propios destinos.IILos entomólogos, ateniéndose en esto a los geólogos, conjeturan que la civilización de lostermes, que vulgarmente se llaman hormigas blancas, bien que ellas sean de un blanco muydudoso, precede en cien millones de años a la aparición del hombre sobre nuestro planeta.Estas conjeturas son difícilmente comprobables. Por lo demás, como ocurre frecuentemente,los sabios no están de acuerdo. Los unos, N. Holmgren, por ejemplo, los incorpora a losProtoblatoides que se extinguen en el Pérmico, haciéndoles recular así en la noche, sin mediday sin fondo, del fin del Primario. Otros los encuentran en el Liásico de Inglaterra, de Alemania yde Suiza, es decir, en el Secundario; otros, en fin, no los descubren más que en el Eocenosuperior, es decir, en el Terciario. Ciento cincuenta especies de ellos se han identificadoincrustados en el ámbar fósil. Sea lo que fuere, los termes remontan ciertamente algunosmillones de años, lo que ya es bastante.Esta civilización, la más antigua que se conoce en la más curiosa, la más compleja, la másinteligente y, en cierto sentido, la más lógica, la mejor adaptada a las dificultades de laexistencia, que, antes que la nuestra, se ha manifestado sobre este globo. Desde varios puntosde vista, aunque feroz, siniestra y a menudo repugnante, es superior a la de las abejas, la delas hormigas y la del hombre mismo.III
1
 
Comejenera: 
Lugar donde se cría comején. Nido de los térmites. —
(N. del T.)
 
 
 Maurice Maeterlinck La Vida De Los Termes
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La literatura consagrada a los termes está lejos de ser tan rica como la que se ha acumuladoalrededor de las abejas y de las hormigas. El primer entomólogo que se ha dedicadoseriamente a este estudio fue J. G. Koenig, que vivió largo tiempo en las Indias, en Tranquebar,distrito de Madras, donde pudo hacerlo a placer. Murió en 1785. Vino a continuación HenrySmeathmann, que es, con Hermann Hagen, el verdadero padre de la Termitología. Su célebrememoria sobre ciertos termes africanos, publicada en 1781, encierra un verdadero tesoro deobservaciones e interpretaciones, donde han bebido sin agotarlo todos los que se han ocupadodel insecto, y los trabajos de sus sucesores, singularmente los de G. B. Haviland y de T. J.Savage, han confirmado casi siempre la exactitud de sus investigaciones.Por lo que se refiere a Hermann Hagen, de Königsberg, en 1855, publicó en la
Linnea Entomologica,
de Berlín, una monografía metódica y completa, en la que analiza con laprecisión, minuciosidad y conciencia que es forzoso reconocer que los alemanes aportan aeste género de trabajos, todo lo que se ha escrito sobre los termes desde la India y el Egiptoantiguos hasta nuestros días. Se encuentran en ella reunidas y criticadas centenas deobservaciones hechas por todos los viajeros que los han estudiado en Asia, África, América yAustralia.Entre los trabajos más recientes, citaremos, ante todo, los de Grassi y Sandia, que fijaren lamicrología del termes y fueron los primeros en sospechar el papel asombroso de ciertosprotozoarios en el intestino del insecto; los de Charles Lespès, que nos habla de un pequeñotermes europeo que llama, quizás equivocadamente, el termes lucífugo; los de Fritz Müller, deFilippo Silvestri, que se ocupa de los termes sudamericanos; los de Y. Sjostedt, que se interesaen el estudio de los termes africanos, y hace, ante todo, obra de clasificador; los de W. W.Froggatt, que, con el naturalista W. Saville-Kent, agota casi todo lo que se puede decir acercade los termes australianos, y los de E. Hegh, que se ciñe especialmente a los termes delCongo, y que continuando el trabajo de Hagen y prolongándolo hasta 1922, resume en unaobra notable, muy completa y copiosamente ilustrada, casi todo lo que se sabía en esta fechaacerca del insecto de que tratamos. Réstanos todavía citar a Wasmann, H. Imms, NilsHolmgren, el gran termitólogo sueco; K. Escherich, un entomólogo alemán que, singularmente,ha hecho acerca de los termes de Erythrea estudios sumamente curiosos, y en fin, para no citarinútilmente todos los nombres que encontraremos en la bibliografía, mencionaremos a L. R.Cleveland, que en los magníficos laboratorios de la Universidad de Harvard, realiza desde haceaños, en los protozoarios del intestino de nuestros Xilófagos, experimentos y estudios quefiguran entre los más pacientes y sagaces de la biología contemporánea. Tampoco olvidamoslas interesantes monografías de E. Bugnion, que tendré ocasión de citar más de una vez, yremitamos de nuevo al lector, en cuanto a lo demás, a la bibliografía que se encuentra al finalde este libro.Esta literatura, aunque no sea comparable a la que se ha consagrado a los himenópteros,basta, sin embargo, para fijar las grandes líneas de una organización política, económica ysocial de un destino que quizás prefigura del rumbo en que vamos y de lo que nos espera, sino reaccionamos antes que sea demasiado tarde. Es posible que hallemos en ella algunasindicaciones interesantes y lecciones provechosas. Sin exceptuar las abejas y las hormigas, nohay en este momento, lo repito, sobre esta tierra de seres vivos, nada que esté en conjunto tanlejos y tan cerca de nosotros, ni que sea tan miserablemente, tan admirablemente, tanfraternalmente humano.Nuestros utopistas van a buscar a los límites en que la imaginación se refracta y difunde, comoun rayo de luz, modelos de sociedades futuras, cuando ante nuestros ojos las tenemos que sonprobablemente tan fantásticas, tan inverosímiles y, quién sabe, tan proféticas como las quepodríamos encontrar en Marte, Venus o Júpiter.IVEl termes no es un himenóptero como la abeja y la hormiga. Su clasificación científica, bastantedifícil, no parece aún establecida
ne varietur,
pero generalmente se le incluye en el género delos orcópteros u ortopteroides neurópteros o seudo neurópteros, tribu de los Corrodantes.
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