2Nuestro objetivo es comprender y explicar lo que quieren ‘los judíos’. Tarea difícil,porque los judíos no tienen líderes obvios que creen una sola estrategia, ni una central niun comando único. Es difícil aceptar que los judíos puedan tener una estrategia, pero noun estratega, y los
Protocolos de los Ancianos de Sión
son populares precisamenteporque postulan un tal estratega (aunque sea críptico). Sin embargo, ‘las langostas, queno tienen rey, y salen todas en cuadrillas’ (Proverbios 30:27) devastan países enteroscomo si lo hicieran según un plan.Es posible que no haya (o casi no haya) judíos que comprendan por completo lo quequieren ‘los judíos’. El término ‘Los Judíos’, tal como lo utilizamos en este artículo,quiere denotar una persona espiritual de alto rango, relacionada con los judíosindividuales como la Iglesia Católica se relaciona con un individuo católico, o unacolmena a una abeja. Por lo tanto, no existe una culpa subjetiva asociada con judíosindividuales, a menos que sus acciones o inacción específicas sean criminales opecaminosas per se. Por lo tanto, este discurso debería ayudar a un individuo a decidir siquiere ser un judío o no, de la misma manera como uno puede decidir si quiere sercomunista o cuákero.
Ser o no ser
Es mi profunda convicción que ser o no ser un judío es un acto de libre albedrío. Un judío francés puede ser sólo francés, un judío ruso – sólo ruso, un judío palestino – sólopalestino. Nadie tiene por qué ser un judío a la fuerza, y el magnífico icono de SimoneWeil, la pequeña santa cristiana comunista de los días de Hitler, es la mejor prueba deello. Se quedó con los trabajadores de Renault, apoyó la Resistencia de Charles deGaulle, y soñó con la derrota no sólo de los nazis, sino de todo el paradigma de lamodernidad con su falsa educación, su indiferencia religiosa y su desarraigo. Nació enuna familia judía, vino a Cristo, pero evitó la comunión total con la Iglesia porqueconsideró que la Iglesia era demasiado pro judía (2). Para ella, no sólo los profetashebreos, sino los griegos y galos, indios y chinos, alemanes y eslavos, sabían de Cristoantes de que Él naciera.Rechazó la aseveración de las “raíces judías” del cristianismo, diciendo que la adopciónindiscriminada del Antiguo Testamento fue más bien un “defecto de nacimiento” de laIglesia. Su Cristo se encontraba cerca de Dionisio y Attis, mientras que Deméter e Isisfueron prefiguraciones de Nuestra Señora. El espantoso acto de la Crucifixión podíaocurrir sólo en un sitio donde el Mal dominaba sobre el Bien, en sus propias palabras.Simone Weil tampoco estuvo sola. De San Pablo a Santa Teresa de Ávila, de Karl Marxa León Trotsky, fueron personas que nacieron en familias judías y que rompieron con elredil y se unieron a la gente con la que vivían. Y esas personas no sólo fueron unaspocas, sino una vasta mayoría. De siete millones de judíos en los días de San Pablo, sólounos pocos miles siguieron siendo judíos en el siglo VIII, el resto se hicieron palestinose italianos, franceses y egipcios, cristianos y musulmanes. Millones de judíos del sigloXX y sus descendientes también fueron exitosamente asimilados.Algunos fueron recibidos en la Iglesia Católica como Edith Stein, otros en la IglesiaOrtodoxa como el Padre Alexander Men, otros en el Islam como mi compañera israelí,la maravillosa Neta Golan; otros se casaron fuera del redil judío y rompieron con los judíos.
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