Es dueño de una vigorosa personalidad, de una individualidad poderosa que quiere bastarse, que le permite a la vezapartarse de las costumbres de los otros, entregarse a lasllamas de su delirio e incluso destruirse a sí mismo:«Porque no soy bueno de una manera conocida». Esa personalidad indomable hizo que se entregara a undestino absolutamente individual, sin preguntarle a nadiecómo había que vivir, qué era lo aceptado, qué era loaceptable, e hizo también que se sintiera capaz de imponer condiciones a los otros. Sólo parece dispuesto a admitir aquienes lo admitan como es. Su destino es heroico, aunque losotros quieran verlo como un simple error, como un extravío. Porque él no está simplemente visitando los extremos, sondeando las aguas oscuras, sino trayendo de ellas, paracompartirla con nosotros, su música. Así, nos dice:«Porque sobre todorespeto sólo al que lo hace conmigo Al que trabaja cada día un pan amargo y solitario y disputadocomo estos versos míos que le robo a la muerte».Sin embargo este ser irreductible, que no se pliega a lasconvenciones, está siempre dispuesto a hacer también el retrato de los otros. Fue un gran enamorado y un gran amigo,aunque gradualmente el fuego de esa sensibilidad exacerbada y estimulada que iba calcinando su ser fue cerrando las puertas de su comunicación con los demás. Decía Chesterton que hay poetas que saben encontrar poesíaen la aristocracia, que hay poetas mejores que puedenencontrar poesía hasta en los arrabales y en las multitudes, pero que hay poetas tan grandes que son capaces de encontrar poesía incluso en su propia familia. Raúl Gómez Jattin es un poeta de esa estirpe, que no necesita buscar en lo excepcional sus poemas, y que nos ha dejado en el retrato de su madre unade las páginas más nítidas y más conmovedoras de nuestra poesía. También ese poema se mueve pendularmente entre lanoche intemporal de su estirpe, un pasado casi inalcanzable, yel porvenir inacabable. Entre el tiempo en que Raúl no estabatodavía en el mundo y el tiempo en que Raúl no estará ya, y será sólo un recuerdo en la única memoria posible, en el verso. Una vez más el poema nace de esa tensión extremaentre lo que fue y lo que será. El poeta quiere alcanzar loimposible. Ver a su madre como era antes de nacer él, ver a sumadre grávida de él, verla en la plenitud de su vida,embelleciéndose para él, y perfilándose sobre el paisaje de sumundo y bajo el rumor de las constelaciones:«Más allá de la noche que titila en la infanciaMás allá incluso de mi primer recuerdo Está Lola -mi madre- frente a un escaparateempolvándose el rostro y arreglándose el pelo». En ese ejercicio mágico el poeta quiere de algún mododesaparecer de su propia conciencia, ya que está asistiendo aun momento en el que él mismo no podía existir más que como posibilidad:«No sabe que en su vientre me oculto para cuando Necesite su fuerte vida la fuerza de la mía». Pero el poeta no ignora que esa alta concentración es unailusión. Por mucho que se esfuerce en su vaivén vital por alcanzar esa edad anterior, esa edad de plenitud, por ver a sumadre fuerte y viva y bella, él sabe muy bien que ella hamuerto, y por eso en la mitad del poema lo invade el llanto:«Más allá de estas lágrimas que corren por mi carade su dolor inmenso como una puñaladaestá Lola -la muerta-». Esa evidencia, e incluso ese llanto, le permitirán sin embargoterminar el retrato, no el retrato inmóvil del pintor, sino el retrato viviente del poema, para el cual son necesarios el movimiento, la inmensidad del espacio, la realidad del mundoexterior influyendo en la imagen central, y los propios rasgos psicológicos del personaje, una suerte de negligente delicia enel cuidado de sí misma:«Está Lola -la muerta- aún vibrante y viva sentada en un balcón mirando los luceroscuando la brisa de la ciénaga le desarreglael pelo y ella se lo vuelve a peinar con algo de pereza y placer concertados». Hay otros países en su poesía, y el más importante de todos esese fabuloso país perdido del que llegaron sus mayores y al que él no puede dejar de asociar con el costado femenino de su ser. También Raúl, como el poeta Giovanni Quessep, entonaen nombre de todos nosotros, aun de los propios nativos del continente, el interminable Canto del extranjero, el sello máshondo de la poesía de América. Así como Giovanni construye sus poemas con esas álgebras de la nostalgia, con ese rigor estelar de una evocación pura, Raúl encuentra en sus mayoresla chispa de su amor por la belleza y la fuente de su sentimiento de extravío. Detrás de la plenitud olorosa a mangomaduro de su tierra y su río, que podría hacer de él un hombre satisfecho de su destino pero también un poco limitado por unhorizonte de ceibas y garzas, está«esa abuela ensoñada venida de Constantinoplaesa mujer malvada que me esquilmaba el panese monstruo mitológico con un vientre crecidocomo una calabaza gigante».Tal vez sea su abuela, pero sin duda es algo más que suabuela, es algo que se parece al sueño, la penuria de la fuga,la escasez que viven los emigrantes, la monstruosa mitologíade los largos exilios, la fertilidad de las razas modificada yesparcida por el mundo, vivida o recordada, presente en el lenguaje, en las nostalgias, en la incomodidad de quien noacaba de adaptarse a un mundo siempre cambiante, siempreinestable, un mundo del que los inmigrantes saben que es pleno pero inseguro, patria que siempre se puede volver a perder. Cómo sabremos si no es esa condición de eternaincertidumbre lo que torturaba al poeta en su remota infancia, y lo que le hace decir de su abuela:«Yo la odié en mi niñez.Ya en el poema todo es lenguaje, y gracias al lenguaje del nieto nostálgico la abuela informe se va humanizando:«Vuelve con sus cicatrices en el almade fugada de un haremcon sus «mierda» en árabe y en español con su soledad en esos dos idiomas y se convierte en la imagen pura de la belleza, en la estrella deuna patria perdida y ese vago destello en su espaldade alta espiga de Siria». Esa manera enfática de vivir de Raúl Gómez Jattin, esa pasión, es algo cuyo origen él mismo nos ha identificado. Estehijo de las llanuras sinuanas lleva en su corazón el fuego deunas montañas remotas. A su madre le dice en otro poema:«En ti circula un fuego ebrio de las montañas del Líbano En mí vapores densos de tu delirio nublan mi mediocre razón
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