Desde hace quince a\u00f1os, aproximadamente, Chile sufre un progresivo a- crecentamiento de las conductas extralegales y una crisis del Estado de Derecho. Esta p\u00e9rdida de conciencia democr\u00e1tica, sumada a la importan- cia insustituible de los partidos pol\u00edticos en el funcionamiento de la de- mocracia, justifica una legislaci\u00f3n de rango constitucional que los regule, armonizando los intereses de la sociedad democr\u00e1tica con el ejercicio del derecho de asociaci\u00f3n voluntario, garantizando, al mismo tiempo, la in- dependencia del partido del Gobierno. Si bien la libertad y la estabilidad de los gobiernos democr\u00e1ticos que se sucedieron hasta el 11 de septiem- bre de 1973, es obra en buena medida de los grandes partidos pol\u00edticos formados desde la Rep\u00fablica liberal parlamentaria, los partidos pol\u00edticos chilenos tuvieron defectos que condujeron a su propia crisis, al ser supe- rados por los movimientos sociales. La existencia de partidos pol\u00edticos institucionalizados asegura que sean instrumentos eficientes para lograr una genuina representaci\u00f3n de los intereses en conflicto, a condici\u00f3n de que, como personas jur\u00eddicas de derecho p\u00fablico, tengan una democra- cia interna, un financiamiento p\u00fablico y transparente, y la expl\u00edcita adhe- si\u00f3n irrestricta a los derechos humanos y a las bases del sistema democr\u00e1- tico. Una legislaci\u00f3n apropiada debe sancionar las conductas antidemo- cr\u00e1ticas de los partidos, debidamente tipificadas y juzgadas por un tribu- nal aut\u00e9nticamente independiente. El autor divulga las instituciones y de- recho comparado sobre los distintos aspectos que debe contener un Esta- tuto constitucional de los partidos pol\u00edticos.
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