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EL ÚLTIMO PASEO por Asit ChandmalMe parece verlo ahora, saliendo del portal de Vasant Vihar, en Madrás, caminando consu sobrino Narayan, dos brahmines dignos, uno de 90 y el otro de 60 años, pero queaparentan ser décadas más jóvenes, dirigiéndose a la plataforma bajo el árbol iluminado,donde miles de personas lo esperan.El sube lentamente a la plataforma cubierta con tela y se sienta en meditación, solo,como si estuviera en esa montaña solitaria donde perpetuamente nace un arroyo que esel Ganga.Entonces habla.Más tarde esa noche, me dice: “Algo entró dentro de mí. Algo me ha ocurrido”.El habla del nacimiento y comienzo de toda energía, la percepción del sendero queconduce a la fuente de toda creación. Luego de una hora, se sienta en silencio. Un niñose le acerca con una flor. El se vuelve, sonríe y toma la blanca flor de champak. El niñosonríe. El sermón termina con el silencio y la sonrisa.El ha dicho que ésta es su última plática.Entre las imágenes imperecederas está la de mis tías y primos llorando silenciosamenteen la segunda fila de sillas, mientras mis sobrinas e hijas están sentadas en el suelo, conla triste historia de la muerte de reyes retratada en sus rostros.Es la noche del 4º día de enero, 1986. El cuerpo tiene seis semanas más antes de morir.En esa noche antes de la última plática, dejándose llevar por un impulso, mi hija de 18años, Clea, voló desde Singapore a verlo. No lo había visto desde que tenía 13 años yera estudiante en Rishi Valley. Vamos a verlo en la mañana. Cuando entramos a sucuarto se sienta en la cama para hablar con ella. Hablamos acerca de biología molecular,genética, y de qué pasaría si las computadoras y estas otras tecnologías se encuentran, secombinan y crecen. ¿Qué pasaría entonces con el cerebro humano?Entonces se dirige a ella y dice: “Tú vas a Cambridge. Los profesores allí son muylistos, ganadores de premios Nobel, todos tienen muchos conocimientos. Saben muchomás que tú, son las autoridades.Ellos dirán: “Nosotros enseñamos, nosotros hablamos y tú haz de escuchar”. Entonces,¿qué harás tú? ¿Cómo estudiarás con hombres que te dictan sus conocimientos y tedicen que aprendas lo que ellos te enseñan? ¿Con qué calidad de mente te encontraráscon mentes así?”Una energía extraordinaria emana de él.
 
En ese momento, Parameshwar, el cocinero, entra con el desayuno. Pone una bandejacon idli y ghee en la cama. Krishnaji nos ofrece compartir la comida y pregunta siqueremos té o café.En los días siguientes se reúne con sus amigos y asociados de la FundaciónKrishnamurti de la India, a veces individualmente y a veces en grupo. Nos habla de muchas cosas, de escuelas, de centros de estudio, del silencio. Al finalizar la última reunión nos dice: “Estén absolutamente alerta y no hagan ningún esfuerzo”.Le pregunto si éstas son sus últimas palabras para nosotros y se sonríe.Aunque está débil y perdiendo peso y tiene sus comidas en la cama, sale a dar un paseoa pie cada noche. Cada noche el mismo paseo.Va en auto desde Vasant Vihar hasta Adyar, atravesando los terrenos de la SociedadTeosófica, hasta que llega a la casa de Rhada Burnier, en la playa. Ella es la presidentade la Sociedad, cargo que ganó en unas elecciones, a su oponente, su tía Rukmini DeviArundale.El camina por la playa donde fue “descubierto”, encontrado y adoptado y tambiéniniciado, en la playa de Adyar, hace 75 años, la última vez que el cometa Halley entróen la órbita que lo llevaría cerca del sol.Cuando tenía 34 años salió de la Sociedad Teosófica, rechazando todo lo que se habíaconstruido para él, renunciando a todo lo que se le había otorgado, con las palabras: “Laverdad es una tierra sin caminos, si siguen a alguien, dejan de seguir a la verdad”. Habíarenunciado a más de lo que cualquier otro hombre desde Buda “Renunciación esintoxicación” y sin embargo, Rhada era una amiga y quizás algo al final lo hizo ir a suscomienzos.El ha estado hablando de su muerte abierta y libremente. Me dice una noche -“El Dr.Deutsch me examinará una semana después de llegar a California. Si él dice no másviajes, no más pláticas, entonces se acabó todo. El cuerpo morirá en cuatro semanas”.Entonces pregunta -“¿Qué hará usted con su vida, señor? Si usted no ha tocado eso otroy si no está anclado en ello, usted se desmoronará”.A las 5:30 de la tarde en el décimo día de enero, va a tomar su último paseo. Ha de partir para California a la media noche.Como de costumbre, atraviesa el jardín de la casa de Rhada, por el portón, que abre ycierra cuidadosamente, y torna a la derecha por la playa. Hay embarcaciones y niños enla playa que está oscurecida por el mar y el cielo. Camina en silencio.Toma la mano de Rhada mientras camina, levanta su mano y toca a Nandini Mehta en elhombro, descansando su mano así mientras camina; entonces da la vuelta, pasa por delante de la casa de Rhada hacia el otro lado de la playa donde al final hay un puenteroto y el río de Adyar se convierte en la Bahía de Bengala (en menos de dos meses suscenizas habían de ser esparcidas aquí). Se detiene en silencio, mirando al mar y al cielo.
 
Da la vuelta y empieza a caminar en dirección de la casa de Rhada, permitiendo que losdemás se adelanten. Su cabellera vuela detrás de él como la cola de un cometa.Llegamos a la casa y deja que todos pasen por el portón. Se para a un lado. Cuando estásolo, otra vez mira en cada dirección por unos momentos. Mira la arena, el mar y elcielo, y ésa es su despedida.Esa noche, a media noche, desciende la escalera circular que baja de su cuarto en el primer piso, sus asociados lo esperan de pie en un semicírculo para decirle adiós. Saludaa cada uno de ellos, y a la última, Pupul Jayakar, le pregunta de buen humor: - “¿Cómome veo, Pupul?” y ella responde, -“Muy joven”.Me encuentro con él en el avión. Tiene puesta una chaqueta cazadora gris, pantalonesgris oscuro y una bufanda color vino. El avión sale pasada la media noche y Krishnajideja a la India por última vez, no muy lejos del sitio en que nació pasada la medianoche, hace 90 años.A las 4:00 A.M. del 24 de enero, telefoneé al Dr. Parchure desde Singapore. Acababa deregresar del hospital y me dijo que Krishnaji se encontraba en cuidado intensivo.Aunque Krishnaji siempre había dicho que no quería ir al hospital cuando estuvieramuriendo, no tuvieron otra alternativa. Krishnaji tenía un dolor intenso. El doctor dijoque no podía tratarlo sin saber la causa y las pruebas sólo podían hacerse en el hospital.Fue ingresado al Santa Paula Memorial Hospital el 22 de enero. Más tarde leí en elinforme médico que una prueba de ultrasonido había revelado una masa de 3 cm en ellóbulo derecho del hígado y que en una semana había crecido a 9 cm. Se intentó hacerleuna biopsia, sin éxito, y luego serologías (que envuelven la aplicación de anticuerposmonoclonales) que revelaron que el cáncer del páncreas se había extendido al hígado.Luego de consultar a eminentes oncólogos, se concluyó que no era necesario hacer más pruebas. Se le informó a Krishnaji que no había posibilidad de recuperación. El pidióque se le dieran todos los datos y así se hizo. Le dieron de alta el 30 de enero, ya que élquería salir del hospital y regresar a Pine Cottage en Ojai.Mi tía, Pupul Jayakar, su hija Radhika Herzberger, el director de Rishi Valley School, yyo viajamos juntos desde Delhi vía Amsterdam a Los Ángeles, llegando a Ojai la nochede enero 31. El profesor Krishna, director de las instituciones educativas de Rajghat,había partido el día anterior, y Mahesh Saxena, secretaria de la Fundación de la Indiahabría de llegar tan pronto recibiera su pasaporte y visa.Pupul viaja en primera clase, mientras que nosotros tenemos boletos de excursión.Radhi y yo llevamos una urna de plata con nosotros. Hay un asiento vacío a nuestrolado y la urna reposa allí. Compramos los boletos Amsterdam Los Ángeles-Amsterdamen el aeropuerto de Schipol. Como es una tarifa de excursión, tenemos que especificar la fecha de regreso. Radhi y yo nos miramos, sabiendo plenamente las implicacionesenvueltas en dar una fecha. Finalmente decidimos febrero 16.En este vuelo a Los Ángeles también hay un asiento vacío al lado nuestro y Radhi vigilala urna vacía mientras yo duermo.
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