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PRÓLOGO
Don Antonio Colao Granda -escritor fecundo-se distingue por su amor a la verdad. Y este amorpor la verdad ilumina su vida, sus obras y pala-bras, su poesía y su prosa. En sus escritos en losque palpita su profunda fe cristiana pone en prácticauna directriz de Menéndez y Pelayo que hoy nos esde gran actualidad: la necesidad de reevangelizaciónpor parte de clérigos y laicos que estén seriamentecomprometidos con nuestra fe. Decía Menéndez yPelayo: «trabajemos a una, clérigos y laicos, paraque la savia del espíritu teológico vigorice de nue-vo el entendimiento y el carácter nacional».Recientemente nos lo volvía a recordar JuanPablo II. Combina Don Antonio Colao su amor porel mundo -que es bueno por salir de la mano deDios- en el que engloba a la familia, amigos,conocidos y desconocidos con su entrañable amora Lumen Dei y por Sor Lucía la vidente de Fátima,con una total unidad y coherencia en su vivir.Quiero tocar en estas líneas un tema que meparece esencial para quien quiera actuar comoverdadero cristiano: la necesidad de unir a laoración la limosna. Y en materia de dar limosnaDon Antonio Colao -¡lo sé muy bien!- es laencarnación de la esplendidez. Y aquí me veoobligado a dar una cita de Domingo Soto que aúnextractada tiene que ser por necesidad un pocolarga, en la que nos habla de la necesidad de lalimosna:
 
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«Ni es menester muy grandes riquezas para quese diga sobrar algo; porque Jesucristo no dice quientiene diez vestiduras dé una, ni sólo quien tiene cuatro;sino quienquiera que tiene dos.Los teólogos, por miedo de no espantar a los ricosdemasiadamente, juntan muchas causas antes que lesobliguen a hacer limosna, conviene saber: que hayagrandes necesidades de pobres y que les sobre a losricos. Y estas obras ni los sabios las quieren explicar,ni los ricos entender.Empero, cuando estoy atento a lo que de estarazón leo en los Santos, quédame gran sorpresa que,según ellos, ni es menester tan grandes faltas en lospobres ni tan grandes sobras en los ricos, para quesean, so pena de pecado mortal, obligados a hacerlimosna...Porque a quien no le sobran mil, sóbranle ciento,y a quien no ciento, sóbranle diez; y sobrar es lo quesin detrimento de vuestro estado podéis hacer. Y nohay nadie que sin hacer mella en su hacienda no puedahacer algún socorro a los pobres de que ellos tienengran necesidad.»
Y termino con un ruego a mi amigo Antonio:sigue con amor lanzando al vuelo tu simiente deoraciones, poesías y escritos religiosos y limosnas.Pronto recibirás tu cosecha del que por ser Amorte examinará del amor. ¡Aguarda esperanzado tuporvenir Sembrador!.Fdo.:
F
RANCISCO
S
ÁNCHEZ
 
DE
M
UNIAÍN
 
Y
G
IL
 
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Coronel del Ejército y Escritor
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