PROLOGO
Los libros proféticos constituyen uno de los bloques más importantes del AntiguoTestamento. Para la Iglesia primitiva fueron de sumo interés. En nuestro tiempo, losprofetas están de moda. Nada de esto debe extrañarnos, porque los profetas ejercieronun influjo decisivo en la religión israelí.Pero estos libros tan interesantes resultan también de los más difíciles para unlector moderno. Ante todo, porque los profetas se expresan a menudo en lenguajepoético, y todos sabemos que la poesía es más densa que la prosa, menos atractiva paragran número de personas. Por otra parte, el mensaje de los profetas hace referenciascontinuas a las circunstancias históricas, políticas, económicas, culturales y religiosas desu tiempo. Numerosas alusiones, evidentes para sus contemporáneos, resultanenigmáticas para el hombre actual.Cuando se dan charlas o conferencias sobre los profetas es fácil superar estasbarreras. he podido experimentarlo en los ambientes más distintos, desde elestrictamente universitario de España hasta el más sencillo de los campesinos y obrerossalvadoreños.Después de esas charlas, ocurría con frecuencias que personas interesadas enconocer más a fondo a los profetas me preguntaban qué textos debían leer, o por quélibro empezaban. Nunca conseguía dar una respuesta satisfactoria, porque enseguida mevenían a la mente el cúmulo de dificultades que encontrarían al ponerse en contactodirecto con el texto. Por otra parte, los numerosos estudios técnicos, o de poner encontacto con sus ideas más que con sus palabras. Al final, el lector quizá sepa lo quepensaba Isaías o Amós sobre un punto concreto, pero es probable que no haya leído niuno sólo de sus poemas.Surgió de este modo la convicción de que convenía hacer una antología de losprincipales textos proféticos, pero agrupándolos por temas, para que el mensaje resultasemás claro y la exposición más pedagógica. Este proyecto lo fui relegando, en parte porel deseo de escribir una obra seria y extensa sobre la justicia social en los profetas, quetitulé Con los pobres de la tierra. Una vez publicada, y cuando ocupaciones de tipoburocrático me impiden dedicarme a estudios demasiado técnicos, creí llegado elmomento de abordar este antiguo proyecto.La selección de los textos se orienta en torno a los dos grandes polos del mensajeprofético: la denuncia y el anuncio. Me baso para ello en el relato de la vocación deJeremías, al que Dios llama «para arrancar y arrasar, edificar y plantar». Estasimágenes, tomadas del mundo de la agricultura (arrancar, plantar) y de la construcción(arrasar, edificar), expresan muy bien el doble aspecto de la predicación profética y sonde suma actualidad. A muchas personas sólo les atrae la primera táctica: se inclinabapor la crítica dura, radical, cerrada casi a la esperanza. Otras, quizá con ingenuooptimismo, sólo piensan en una labor constructiva, «edificante», como si la crítica fueseun elemento pernicioso para la Iglesia. La vocación de Jeremías nos indica que ambasactitudes son necesarias en los planes de Dios. Y el mensaje profético, tomado en suconjunto, sigue esta doble pauta.
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