por obtener y explotar recursos financieros-. Lo mismo puede decirse de los grupos queposeen grandes superficies de venta -que pueden "vender a pérdida" (sufrir pérdidastécnicas, en su cuenta de explotación), con tal de obtener recursos para su actividadfinanciera.Esta compenetración entre economía industrial, de servicios y financiera, sobre todo en elmarco del Mercado Unico, ha determinado la formación de un Derecho ComunitarioEuropeo de las Entidades Financieras (integrado por varios paquetes de directivas,aplicables a los correspondientes subsectores financieros: banca, Bolsa, inversión colectiva,seguros), dirigido fundamentalmente a garantizar su solvencia (mediante la regulación desu coeficiente de solvencia o de fondos propios) como requisito previo indispensable paraabrir paso efectivo a la libertad de establecimiento, de prestación de servicios y decompetencia.Por otro lado, ante esta realidad de la hegemonía del sector financiero el legislador estáobligado a pensar que los desequilibrios en la contratación y asignación de recursos debenreprimirse no tanto en el tráfico de bienes y servicios, sino, sobre todo, en el de losproductos financieros, donde los grupos de sociedades concentran más su poder paraimponer transferencias no equitativas de propiedad: a ello contribuirán el Derecho de loscontratos y el Derecho de Defensa de la Competencia (junto a la normativa administrativa).La Resolución del TDC de 30 de abril de 1993, Expediente 283/1990, caso "cartel de losgrandes bancos españoles", nos ha mostrado el mercado bancario español condicionadodurante años por el acuerdo entre los "siete grandes" sobre fijación y publicación de tarifassobre comisiones (Central, Banesto, Hispanoamericano, Popular, Santander, Exterior,Bilbao y Vizcaya, cuatro ya fusionados en dos durante el expediente). En un expedienteiniciado de oficio en septiembre de 1988 el TDC declara probadas las prácticas, pero noimpone multas (para las realizadas después de entrada en vigor la Ley 16/1989) ni solicitaal Gobierno su imposición (para las realizadas en violación de la Ley de 21 de julio de1963). Nos podemos plantear múltiples preguntas: por qué el Gobierno no se enteró antesde estas prácticas (denunciadas en la prensa desde muchos años antes), y por qué no se hanimpuesto multas, dejando tales conductas sin sanción. La posibilidad de que losperjudicados ejerciten con éxito la acción de reparación de daños del art. 13 de la Ley16/1989 es remota: ¿cómo probar el daño sufrido por cada cliente?, ¿cuál hubiera sido elprecio de las comisiones en régimen de libre competencia?Conclusión: sin libre competencia la clientela resulta necesariamente explotada y esingenuo tratar de buscar la justicia en el terreno de la contratación. El Derecho de lacompetencia hoy envuelve todo el ordenamiento.Ver VICENT CHULIA, F.: "Poderes públicos y Derecho de la competencia", en RGD,abril, 1993; "Introducción al Derecho mercantil", 6.ª ed., Valencia, 1993, págs. 26 y ss., y351 y ss.Pero, por otro lado, siendo las Entidades Financieras la piedra fundamental del edificio dela economía, no es extraño que el ordenamiento jurídico revista de especial rigor elcumplimiento puntual de las obligaciones contraídas por los clientes. Especialmente enperíodo de crisis, como actualmente. Este es el otro platillo de la balanza (de la Balanza dela Justicia: no debemos olvidarlo).De los 106 bancos privados que existen en España (frente a 408 en Francia), 41 han sufridocaídas de beneficios en el primer semestre de 1993 y otros 11 (bancos pequeños) han tenido
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