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Sección:
Coordinación: René Drucker Colín
 
Editora Responsable: Patricia Vega
 Lunes 29 de junio de 1998
ARTICULOS DE OPINION
Alberto Betancourt Posada
 
Nueva etapa del armamentismo nuclear
Juan Soto Ramírez
 
Ambientes borrosos
Victoriano Garza Almanza
 
Desarrollo sustentable
Victoriano Garza Almanza
 
Desarrollo sustentable
 
 
La visita que el 27 de noviembre de 1990 realizó a Monterrey George Bush, entoncespresidente de Estados Unidos, resultó en la oficialización de las negociaciones del llamadoen un principio Acuerdo de Libre Comercio (
ALC
). Primero el rumor, y después el anunciooficial, desencadenaron una inusitada preocupación pública por el impacto que laregionalización del comercio tendría en el ambiente de la zona México-Estados Unidos. Loque más inquietaba a los estadunidenses era el desbordamiento de la contaminación de la(su) industria maquiladora. El descontento era tal que agrupaciones civiles como laAsociación Médica Americana hicieron agrios reclamos apuntando que ese convenioabriría la cloaca (``
don't open the cesspool
'', exigían a Bush). El asunto ambiental era tandelicado para la negociación del acuerdo que estratégicamente se estableció otro escenariopara las pláticas ecológicas: la frontera.En diciembre de ese año se consolidó un grupo de trabajo binacional que, durante 1991,trabajaría en el desarrollo de una agenda ambiental mutua llamada Plan Integral AmbientalFronterizo 1992-1994 (PIAF). Básicamente el PIAF, que se elaboró con la participación dela ciudadanía fronteriza, fue un diagnóstico del problema, un esquema de prioridades y unaguía para su aplicación. Endosado por las dependencias ambientales EPA y Sedue, sepublicó en febrero de 1992. Con esa respuesta dada por los gobiernos federales de ambospaíses a los verdes se mitigó el descontento. Ahora sólo faltaba el financiamiento paramaterializar el PIAF.Tal cosa no sucedió porque aún no terminaban los arreglos del rebautizado Tratado deLibre Comercio (TLC): faltaba disuadir al presidente electo y las cámaras baja y alta deEU. Cuando a finales de 1993 se cerró el círculo y el TLC fue aprobado, la celebración noduró ni la víspera: a partir del 1¼ de enero de 1994, el alzamiento de los neozapatistasincidió en la frontera norte mandando los asuntos ambientales allimbo.Para entonces, el TLC ya contaba oficialmente con un anexoambiental denominado acuerdos paralelos, que se pusieron en marchaen 1995 y, en esencia, poco tenían que ver con el PIAF. Por ejemplo,la importancia que los residentes fronterizos le daban a lacontaminación de las maquiladoras o a las enfermedadesaparentemente relacionadas con la contaminación fue relegada afavor de la creación de
infraestructura ecológica
, es decir, a laconstrucción de rellenos sanitarios o plantas tratadoras de aguasnegras.Los problemas ecosocial, de salud ambiental, ocupacional y otros fueron dejados al margenen pro de una prioridad desarrollista y onerosa. El propósito era construir una barreraecológico sanitaria, de Tijuana a Matamoros, gravada en los impuestos municipalesfronterizos. En esa etapa surgieron la Comisión de Cooperación Ecológica Fronteriza(Cocef) y el Banco de Desarrollo de América del Norte (Bandan), ambas encargadas deestimular proyectos de desarrollo en todas las localidades fronterizas y de prestar losrecursos para la ejecución de las obras.
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