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Coordinación: René Drucker Colín
 
Editora Responsable: Patricia Vega
 Lunes 28 de septiembre de 1998
 ARTICULOS DE OPINION Victoriano Garza Almanza El Chernobyl móvil  Raúl Cicero La basura, patología urbana y patología ciudadana Juan Carlos Miranda ArroyoCiencias naturales en primaria
Victoriano Garza Almanza
 
El Chernobyl móvil
 Durante el fragor de la Segunda Guerra Mundial, en los años 43 y 44, un grupo decientíficos estadunidenses experimentaban con los murciélagos de las cavernas deCarlsbad. Los untaban con sustancias inflamables y los liberaban. Después de volar y batir
 
las alas por algunos momentos se incendiaban en el aire y se desplomaban creando unalluvia de fuego en el horizonte. Los investigadores trabajaban en un proyecto secreto parausarlos como dispositivo incendiario. Transportarían en vuelos nocturnos y liberarían amiles de ellos sobre las principales ciudades de Japón; entonces, los animales buscaríanreposo en las cómodas estructuras de las casas de papel. Al lamerse o frotarse entre sí,arderían como
bonzos
y destruirían las viviendas, entre ellas importantes oficinas degobierno.A pocos kilómetros de allí, en Los Alamos, Nuevo México, tenía lugar un proyecto másambicioso y científicamente más complicado: el proyecto Manhattan para la construcciónde la bomba atómica. El éxito de éste condujo a la finalización de la guerra del Pacífico en1945 y, paradójicamente, salvó a los murciélagos. También dio principio a la producción demateriales nucleares y la generación de residuos radiactivos que requerían ser confinadosen lugares de alta seguridad.Carlsbad, Nuevo México, es un pequeño pueblo minero ubicado en medio del desierto, 250kilómetros al norte de Ciudad Juárez. A simple vista, parece uno de esos lugares del viejooeste que sobrevivieron al tiempo y se sobrepusieron al progreso de Estados Unidos. Nadamás lejos de la verdad. Si bien debajo de ese lugar se extiende uno de los complejoscavernosos naturales más grandes del mundo e importante fuente de ingresos por elatractivo que ejerce sobre exploradores, científicos, cineastas y turistas, a pocos kilómetrosde allí se construyó el cementerio de residuos radiactivos más grande de la historia para losdesechos de la industria bélica estadunidense.Después de casi medio siglo de generar residuos radiactivos, elprograma de defensa nacional de Estados Unidos, a través delDepartamento de Energía (DOE), podrá por fin disponer de unconfinamiento final para las miles de toneladas de desecho quese han almacenado provisionalmente en una decena de sitios alo largo y ancho del país. A esa instalación se le denominaPlanta Piloto para el Aislamiento de Residuos (WIPP) y fueconstruida en los yacimientos de sal existentes en el subsuelode Carlsbad. Aunque en 1955 la Academia Nacional deCiencias de Estados Unidos (NAS) recomendó Carlsbad a laComisión de Energía Atómica (USAEC) como el mejor sitiopara ese propósito, no fue sino hasta 1979 cuando el Congresoaprobó su construcción.La planta ha costado 2 mil millones de dólares y fue diseñada para almacenar casi 2millones de metros cúbicos de residuos transuránicos y transuránicos mixtos, es decir,residuos químicos peligrosos. En el sitio no se aceptarán residuos radiactivos provenientesde la NASA o de laboratorios experimentales.La planta es una mina excavada a una profundidad de 650 metros que contendrá 56cámaras de 100/10/4 metros. El estándar de seguridad de la Agencia de ProtecciónAmbiental (EPA) exige que la estructura proteja al hombre y al medio de esos residuos enun lapso de al menos 10 mil años.
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