La
rapazón
, como llaman los rarámuris a la secular e ilegal tala inmoderada, ha cambiadoel escenario natu-ral de muchas regiones serranas. A raíz de la incontrolada explotaciónforestal, que deja peladas y expuestas a la erosión grandes extensiones de terreno, laslluvias y la nieve han ido disminuyendo en los últimos 50 años. Las poblaciones de peces,aves y mamíferos, muchos de los cuales servían de alimento a los indios, han reducido sunúmero a unos cuantos o han desaparecido de la zona.La agricultura de los indígenas es subsistencial, no comercial; y sus cultivos y crías deanimales han decaído ante la falta de agua. Además, para complementar su dieta, muchosde ellos cazaban, pescaban y recogían frutos silvestres, lo cual cada día es más difícil. Lafalta de sustentabilidad que por décadas han adolecido los pro-yectos forestales, haimpactado doblemente la base de la alimentación tarahumara.El daño ecológico producido por la
rapazón
en la sierra de Chihuahua ya es motivo depreocupación internacional, pues está incidiendo en el cambio climático regional, que nosólo afecta al noroeste de México sino también a Nuevo México y Arizona."¿Y qué va a pasar cuando no haya árboles?", pregunta una indígena a J. Gil Olmos.Debido a la percepción del riesgo que la
rapazón
representa para su comunidad, estánpidiendo a gritos "ser capacitados para manejar y administrar sus propios recursosnaturales".Según Olmos, existe una acendrada desconfianza de los indígenas hacia todo lo relacionadocon el gobierno, al que identifican como cómplice de los
chabochis
. Dicen estar cansadosde que los traten como retardados mentales y no les consulten en las decisiones que afectana sus intereses, como es el caso del desarrollo de empresas ecoturísticas o de papeleras.Para evitar situaciones como esas, el quinto Congreso Tarahumara, organizado en 1958,denunció ante el entonces presidente de la República, Adolfo López Mateos: "Seguimossufriendo el despojo de nuestras tierras. Se nos roban nuestros escasos bienes y ganado.Muchas autoridades regionales, lejos de hacernos justicia, protegen a los que nos desalojan,nos maltratan, nos engañan y nos roban. No se cumple con la obligación de pagar el salariomínimo, ni con la jornada de ocho horas. Solamente pedimos justicia".Nada cambió. Lo cierto es que se les ve y se les trata como a Rita, aquella indígenatarahumara que detuvieron en Kansas City allá por los años ochenta, cuando buscaba restosde comida en un basurero. Los expertos la sometieron a pruebas sicológicas, aplicándole uncuestionario en inglés de 750 preguntas, y, por supuesto, no contestó ninguna. Debido a quehablaba un lenguaje extraterrenal, y no el universal y obligatorio inglés, le diagnosticaronalgún tipo de diablomanía y la recluyeron 12 años en un manicomio. El encierro y lostratamientos acabaron por convertirla en una demente.El racista trato a los indígenas existe en todo el continente. Después de 501 años deldescubrimiento de América, esto es, en 1993, las autoridades de salud del hemisferio sereunieron y definieron un esquema común para la protección de la salud de los 43 millonesde indígenas americanos. ¿Tomarán otros 501 años para implementarlo?
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