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 Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán VelverLunes 2 de octubre de 2000
Editora Responsable:Patricia Vega
 
Senectud y ciencia
 Victoriano Garza Almanza
El aborto y la salud mental de lasmujeres
 Carlos A. Hernández Avila
Inteligencia Artificial
 Arturo Aguilar-Aguila Acuña
Theodora Colborn
 
 
Senectud y ciencia
 
Victoriano Garza Almanza
 Los 50 años son la medida que algunos organismosinternacionales han considerado arbitrariamente para clasificara las personas como ancianos o gente de tercera edad. Más alláde este límite, los obstáculos que tendrá que enfrentar el o lacincuentenaria para llevar su vida serán cada vez mayores.La senectud de mucha gente mayor de 55 o 60 años essimbólica, pues en general poseen una capacidad físicaenvidiable y una madurez mental que probablemente estápasando su momento cimero.No obstante, cuando la gente alcanza estas edades los centrosde trabajo que los han empleado durante años comienzan a jubilarlos. Es impensable ir en contra de este convencionalismo, sobre todo cuando en unasociedad como la nuestra la tercera edad es asumida como un estado de desgracia yabandono.Buscar empleo cuando se le ha catalogado a uno como senecto debe de ser un reto, y unverdadero triunfo si lo consigue. Por esto, querer trabajar en ciencia por primera vez en lavida cuando se es un anciano, es algo que a casi nadie se le ocurre, y quien sí lo piensetendrá pocas oportunidades de lograrlo, tal vez una en 15 millones.A Theodora Colborn, nacida en 1927, se le ocurrió. Con estudios de farmacología, nuncaejerció. Se casó al término de la carrera y durante la década de los 50 se dedicó al negociode boticaria. En 1962 se trasladó con su familia a Colorado para criar ovejas.La explotación de una mina de carbón contaminó el río que abastecía de agua la regióndonde vivía. Habiendo fracasado, junto a otros rancheros, en proteger su fuente de agua, en1978 se puso a estudiar ecología: quería entender mejor el fenómeno de la contaminación.Una cosa la llevó a otra. Había cumplido como esposa y madre y, para no ser carga de sushijos, continuó sus estudios hasta el máximo nivel académico, el doctorado en ciencias. En1985, con 58 años de edad, se graduó.Dos años después, en 1987, comenzó a estudiar aquellas sustancias químicas de las cualesse creía que causaban cáncer en los animales. El análisis de toneladas de información lallevó a pensar que los contaminantes químicos provocaban algo más que cáncer en los seresvivos, que les producían alteraciones hormonales, conductuales, reproductivas,inmunológicas, neurológicas y otras más.
 
Procedió a conjuntar sus pruebas y lanzó la idea de que muchas de las sustancias químicasproducidas por el hombre y liberadas al ambiente, por uno u otro camino ingresaban a losorganismos en pequeñas dosis. Señaló que algunos contaminantes tenían parecidoestructural con hormonas, enzimas o neurotransmisores, y que los estaban suplantando. Lassustancias impostoras eran la posible causa de la desaparición de muchas de las especies deanimales.Para tener una idea, el número de sustancias químicas -naturales y artificiales- que elhombre había identificado y registrado a principios de los 90 era de 8 millones. De esassustancias, ni en 0.01 por ciento era conocido su efecto a fondo. El registro se haincrementado, pues las sustancias químicas son la clave del desarrollo de la industriafarmacéutica, cosmética, alimenticia, agrícola, pero el riesgo que representan a la saludcada una de las nuevas sustancias fabricadas es desconocido.El siglo XX ha sido de la química, prácticamente toda la industria y sus componentes sebasan en ella. Theodora asegura que cualquier persona de cualquier lugar del planeta hoydía tiene en su cuerpo rastros de al menos 500 sustancias que no deberían de estar allí y quecualquier otra persona, de antes de 1920, no tenía.Encontró que los productos químicos sintéticos son causa de que la producción deespermatozoides en el hombre haya disminuído hasta en 50 por ciento. Descubrió que lainteligencia de los niños disminuye en promedio 6.2 puntos de IQ. Dice que el cánceroriginado por exposición a contaminantes puede afectar a una persona entre mil, que no esun problema tan grave; en cambio uno de cada cinco niños (20 por ciento de la poblacióninfantil) presenta alteraciones funcionales, debido a la exposición de la madre y el padre amedios contaminados. "Debemos de pensar, dice, qué sucede en los humanos durante esosprimeros 266 días desde su concepción hasta su nacimiento". No se ve lo que ocurre, peropuede ser detectado con técnicas especiales.En 1996 publicó
Our stolen future
(Nuestro futuro saqueado: ¿estamos amenazando nuestrafertilidad, inteligencia y sobrevivencia?), en el cual presenta un panorama ambientalcatastrófico que ha provocado un cisma en la ciencia, la educación, la industria y la políticaactuales. Por su trabajo se la considera la sucesora de Rachel Carson.Colborn entiende que el problema va más allá de lo ambiental, desde lo cotidiano hasta elplano filosófico. "Creo que 45 por ciento de la industria americana es afectada por estedebate, cuenta, pero uno no puede quedarse sentado sin volar, porque el avión usasustancias contaminantes, o dejar de filmar porque los químicos de que depende la películacausan problemas endocrinos ¿Cómo se va atender el problema si por lo menos 70 milsustancias químicas están en uso hoy día? El problema va al corazón de nuestra economía yde nuestras vidas. Estamos permitiendo que se roben el futuro de nuestros hijos".Theodora no permitió que le escatimaran su vejez, que le saquearan su propio futuro, comodesafortunadamente ocurre con miles de ancianos. A los 73 años es una científicaconsolidada mundialmente en las ciencias ambientales, homenajeada por unos, vituperadapor otros.
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