Victoriano Garza Almanza
Abrí el correo electrónico y encontré varios mensajes de procedencia desconocida. Porsanidad, cuando son de origen extraño y pueden cargar algún virus cibernético, los borrosin miramientos. Por el remitente uno de ellos llamó mi atención, era de un tal GideonLichfield, corresponsal del semanario inglés
The Economist
. Escribía que vendría a Juárezy pedía una entrevista, ya que pretendía preparar una crónica sobre la contaminaciónambiental en la frontera y el TLC.Acepté y atendiendo a una segunda petición le mandé una lista de otras personas paraentrevistar. Puntualito, como buen inglés, estuvo el día y la hora acordados en el CEMA dela Universidad de Ciudad Juárez. Para entonces ya había hablado con él telefónicamente y a juzgar por su voz esperaba ver a una persona madura.En el lugar de la cita lo identifiqué de inmediato por su estilo de ropa, evidentemente noamericano, y una cara agudamente judía que embonaba perfectamente con su nombre. En laedad fue donde me equivoqué, era más joven en persona que por teléfono.Lo mismo que por teléfono, durante lareunión no quiso hablar en inglés; deseaballevar la plática en español.Con estas modernidades de hoy quienesestábamos con él, debo aclarar que yo habíainvitado a otros investigadores,esperábamos verlo sacar una
laptop
o unacámara de video de la mochila, mínimo unagrabadora. De la bolsa trasera del pantalóndesenfundó una libretita, medioachicharrada por el uso y los sentones, queme hizo recordar los cuadernos Polito de la infancia. También le erré con lo de la plumafuente, lo único que traía era, como dicen los argentinos, un "biromo" pues afirman que untal Ricardo Biromo, ¡por supuesto, porteño!, inventó los bolígrafos.Comenzó a preguntar. Como lo sentimos poco claro en su indagación, como universitariosno perdimos oportunidad para darle un breve repaso del estado ambiental fronterizo,primero, y responder a sus preguntas, después. Con una letra apretada y minúscula, tacaña,pensé casi, casi le cabían tres o cuatro líneas por renglón-, comenzó a escribir lentamente.No escribía todo lo que decíamos, sino algunas cosas, se notaba muy selectivo en lo queregistraba.Al término del encuentro se fue por donde vino. Salió de la Universidad para buscar el restode las entrevistas pactadas. Luego me diría que no consiguió todas, algunos de losambientalistas de la lista lo dejaron plantado.
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