Victoriano Garza Almanza
Hace 17 años, en julio de 1984, James Oliver Huberty entró a un establecimiento de comidarápida en San Ysidro, California; de entre sus ropas sacó varias armas y disparó a matarcontra los comensales. "La sociedad ha tenido su oportunidad", gritaba. "Voy a cazar, a cazarhumanos". Poco después cayó muerto a manos de la policía. Huberty asesinó a 21 personas,la mayoría eran niños.La oficina forense ordenó practicarle al cadáver de Huberty todos los exámenes posibles,entre ellos análisis toxicológicos. Se le encontró una cantidad inusual de cadmio: "lasuficiente para matar a dos personas", dijo quien examinó las muestras. El cadmio es un metalpesado que cuando ingresa al organismo destruye los riñones y daña el sistema nervioso. Losexpertos no se explicaban cómo es que el tipo no hubiera muerto semanas atrás.Investigaron cómo fue que Huberty se contaminó y encontraron que, antes de migrar aCalifornia, trabajó como soldador. La exposición a los gases tóxicos, sin protección alguna, leenfermaron y provocaron transtornos mentales. Un antiguo compañero de trabajo declaró queHuberty continuamente decía que los humos de la soldadura lo estaban volviendo loco.William Walsh, quien estudió el caso desde el principio, hizo un descubrimientosorprendente: en el organismo de Huberty y en el de otros que han ejecutado masacres y actosde extrema violencia se encontró la presencia y acumulación de contaminantes depropiedades neurotóxicas.La relación entre la presencia de ciertos contaminantes que afectan la conducta humana y elcrimen violento interesó, desde los noventa, a numerosos investigadores que hoy exploranesta rama de los campos de la neurotoxicología, criminología y salud ambiental.Roger Masters es uno de los principales exponentes de esta línea de investigación. Aseguraque "la contaminación ambiental puede interactuar con la pobreza, subalimentación, consumode alcohol, uso de drogas y estrés social, para situar a algunos individuos en riesgo detoxicidad subclínica, la cual se manifiesta por una pérdida de control de los impulsos y unincremento del crimen violento". Neurotóxicos como plomo y manganeso, combinados conuna dieta pobre y deficiente en vitaminas y minerales, alteran las funciones normales delcerebro.Sus estudios, que abarcan el territorio de EU, y cuyas fuentes son los archivos de la FBI,penitenciarías, etc., muestran una estrecha relación entre contaminación y conducta criminalviolenta.Masters asegura que las teorías sociales sobre la violencia son insuficientes para explicar latasa de criminalidad presente en los condados de EU, donde los crímenes violentos varían demenos de 100 a más de 3 mil por cada 100 mil habitantes.Considerando todas las variables sociales que convencionalmente se aceptan como causales
Leave a Comment