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ENSAYO LA EVALUACIÓN CURRICULAR

ENSAYO LA EVALUACIÓN CURRICULAR

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ENSAYO LA EVALUACIÓN CURRICULAR
“La evaluación se reconoce actualmente como uno de los puntos
 privilegiados para estudiar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Abordar el problema de la evaluación supone necesariamente tocar todos los problemas fundamentales de la pedagogía. Cuanto más se penetra en el dominio de la evaluación, tanto más conciencia se adquiere del carácter enciclopédico de nuestra ignorancia y más ponemos en cuestión nuestras certidumbres. Cada interrogante planteado lleva a otros. Cada árbol se enlaza con otro y el bosque
aparece como inmenso”
 
(CARDINEL, 1968)
 Al hablar de calidad en la educación, es innegable que la palabra evaluación es
fundamental para acercarse a ella. “La calidad de la educación depende, en buena
medida, de la rigurosidad de la evaluación y evaluar no siempre resulta fácil, pero es siempr 
e ineludible” (Casanova, 1999). La rigurosidad no debe entenderse como
inflexibilidad o exigencia desmedida al momento de evaluar, es más bien una posición crítica y reflexiva frente al papel de la evaluación en los procesos educativos y concretamente, en la evaluación de los estudiantes, proceso complejo que implica una serie de factores que no sólo dependen de la propia actividad del docente, sino también de ciertos requerimientos de tipo institucional o curricular. Es así como se comienza a vincular la importancia de la evaluación curricular; para ello se debe tener claro lo que es evaluación curricular. Según Tyler (1949), el proceso de evaluación es esencialmente el proceso de determinar hasta qué punto los objetivos instruccionales se han logrado y cómo estos van dirigidos a producir cambios en el patrón de comportamiento de los estudiantes, por lo tanto, la evaluación es el proceso de determinar hasta qué punto se han producido estos cambios en comportamiento. Por su parte Díaz (2000), define que
 La evaluación curricular es una dimensión que forma parte de todos los momentos del diseño y desarrollo curricular ya
que en todo proceso de dirección, el control es una tarea esencial”. Por lo tanto se
puede considerar a la evaluación curricular como un proceso amplio, en donde se incluye la evaluación del aprendizaje, y todo aquello que se relacione con el ámbito académico. De entre los elementos que configuran la enseñanza y el currículum, quizás sea la evaluación el que más controversias despierte y sobre el que menos se ha profundizado en nuestro sistema educativo. No voy a decir que sea el elemento esencial, pues la importancia y trascendencia de otros elementos como el modo o principios para seleccionar y secuenciar la cultura que ha de formar parte del currículum; la forma, métodos y estrategias, para presentar esos contenidos culturales a los alumnos, o la evidenciación de los fines, pretensiones e intenciones educativas son vitales para que una propuesta educativa pueda calificarse como tal.
 
No obstante, la evaluación es el elemento central en el sentido de que "centra y orienta" a los demás elementos, los reconduce y pone a prueba su potencial educativo. En todo sistema es necesaria la evaluación como factor capaz de producir información sistemática y veraz que reoriente sus elementos y estructura. En la enseñanza, la evaluación adquiere una significación particular por cuanto se presenta como mecanismo permanente de control de las condiciones del funcionamiento y de los resultados del sistema de comunicación didáctica. En la actualidad, en función a los grandes cambios y los avances científicos se deben  juzgar los resultados obtenidos para reestructurar, adecuar, o realizar ajustes en el momento oportuno de manera racional y técnicamente coherente con la situación educativa y social. La evaluación curricular facilita la optimización de cada uno de los elementos del proceso, al proporcionar la información necesaria que permita establecer las bases confiables y válidas para modificar o mantener dichos elementos.  Además la evaluación curricular es indispensable para valorar lo más objetiva y sistemáticamente posible los logros y deficiencias del plan curricular previstas. Existen varias razones para realizar una evaluación curricular, una de ellas es que permite mantener un seguimiento permanente reflejado a través del control de calidad del programa, y otra es que ayuda a determinar la conveniencia de conservarlo, modificarlo o sustituirlo. Entender que evaluar el curriculum y las instituciones educativas es comenzar a mejorarlas, es un punto de partida importante que implica tratar de sacar a la
evaluación del lugar de “control” en el que tradicionalmente se la había ubicado, para
considerarla como un insumo imprescindible para iniciar procesos de mejoramiento de la calidad educativa. Si bien el discurso pedagógico actual, y especialmente la producción teórica del campo curricular muestra avances y cambios profundos de gran riqueza que nos han llevado a plantear una concepción curricular y por lo tanto de la evaluación desde una
perspectiva comprensiva “en la práctica en las aulas la evaluación evidencia una
servidumbre al servicio de otras políticas y de otras ideas: selección, jerarquización, control de conducta, etc. (J.G. Sacristán 1992). Comenzar a pensar en la evaluación curricular no es más que pensar en uno de los aspectos propios del curriculum concebido como proceso, como proyecto, a realizar en la práctica en determinadas condiciones, ya sea estas contextuales, más globales e institucionales particulares.
 
Esto nos lleva a proponer la evaluación curricular como continua y situada, de modo tal que permita abordar al curriculum en su dinamismo propio, atendiendo sus aspectos cambiantes y a sus múltiples adaptaciones a los diferentes contextos. Desde el momento que aceptamos que el currículum es un asunto práctico, todos los participantes en el acontecimiento curricular habrán de ser considerados como sujetos activos. La tarea del profesor deja de ser la de enseñar a los alumnos algo que él sabe para convertirse en la de ponerlos en contacto y capacitarlos para que se introduzcan en una comunidad de conocimientos. Por tanto, el concepto de evaluación habrá de reconsiderarse. Desde esta
perspectiva la evaluación de los objetivos previos queda fuera de contexto. “Como el
significado del currículum es cuestión de deliberación a cargo del práctico, del que parten ciertos juicios y acciones, y dado que la importancia del acontecimiento se cifra tanto en la acción o interacción como en el resultado, se deduce de ello que carece de sentido hablar de la evaluación de la eficacia del currículum en términos de objetivos espec
ificados de antemano” (Grundy, 1991, 102
-103). Entender el currículum como proceso requiere aceptar que lo importante no está tanto en la discusión de qué contenidos deben seleccionarse para la enseñanza, como en la capacidad de esos contenidos para estimular la interpretación y el juicio de los alumnos y de los profesores. Esto no quiere decir que el currículum como proceso carezca de contenido:
“se trata de un currículum en el que nunca se da por supuesto
el contenido. Siempre debe justificarse en términos de criterios morales relativos al
„bien‟ no sólo desde el punto de vista cognitivo" (Grundy,
 1991, 110). El interés práctico no contempla la división entre los diseñadores y los ejecutores del currículum. Consecuentemente, la evaluación no puede concebirse como algo separado de los procesos de enseñanza-aprendizaje, ni del desarrollo del currículum. No cabe ni la evaluación impuesta desde fuera, ni el dualismo del profesor actuando separadamente como instructor y como evaluador, desempeñando dos papeles en la
“misma comedia” como si
 fueran dos personajes distintos. Sólo hay un papel con múltiples funciones o tareas interrelacionadas. El docente es, por el hecho de serlo, evaluador y como evaluador también es y ha de seguir siendo educador. Se evalúa con la intención de perfeccionar los procesos educativos y en esto todos son actores, todos son participantes activos y responsables directos. Los objetivos se
convierten en “hipótesis” que han de comprobarse en la práctica de
 clase. Los estudiantes y los alumnos también han de comprometerse en la evaluación de las experiencias curriculares emprendidas en calidad de actividad práctica, pues los significados e interpretaciones de todos los participantes han de tenerse en cuenta en la interacción humana (Stenhouse, 1987).

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