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INSTITUCIONES PROCESALES
 
INTRODUCCIÓN
 
Fue intención de quienes hemos trabajado en la rama del Derecho Procesal desde lascátedras de la Universidad Católica Argentina, el dar una noción de sus instituciones através de diversos Ensayos, pero en el ejercicio de la labor docente advertimos lasdificultades de quienes están en las primeras etapas de la carrera y aun de los jóvenesprofesionales, para seleccionarlos adecuadamente.En función de ello decidimos ampliarlos, recopilándolos en un solo texto al que llamaremosEstudio de las Instituciones Procesales.En más de una ocasión nuestro aporte cultural coincidirá con los de los tratadistas quecitaremos, lo que es natural y lógico pues sería petulante pretender que nuestro pensamientono es una resultante de la evolución de lo aprendido a través del constante y profundoanálisis de todos los avances en nuestra materia.Chiovenda en sus Instituciones decía que las citas ayudaban al lector pero que no eraprudente hacerlo de segunda o tercera mano, y cuánto más deberemos tenerlo en cuentaquienes reconocemos en este ilustre jurista al máximo exponente de la escuela italiana.Habitualmente los estudios se han hecho desde la ley positiva, pero por nuestra parteponderamos la justicia y el derecho y nos definimos filosóficamente como "ius naturalistas"al estilo de Del Vecchio, filósofo que supera al positivismo y las diversas manifestacionesque repudian el derecho natural, como ser: la absoluta desvinculación entre Derecho yEtica, y la reducción de lo jurídico a la legalidad, intentando construir una ciencia jurídicasobre la única experiencia de la fenomenología ("lo que no es legal es metajurídico").Los ordenamientos legales, o si se prefiere, el Derecho Positivo, son contingentes ymutables porque responden al aquí y ahora de cada momento de la humanidad.La eficacia de las leyes y la autoridad concreta de las mismas no depende de lasdisquisiciones teóricas y del reconocimiento de los doctrinarios, pero sí de las aspiracionesreales y perennes de la naturaleza humana.Para el Derecho Natural el Derecho Positivo no puede ser más que un dato, un objeto devaloración porque si así no fuera ¿cómo se explica que una serie de normas jurídicas, contoda la fuerza del Estado, dejen de observarse por no responder a la realidad?Los positivistas olvidan esta situación. Stamler, que califica la ley como un querervinculatorio e inviolable, decía que la justicia era como la estrella polar que guiaba a losnavegantes cuando no existía la brújula, con lo que no estamos de acuerdo pues creemosque la ley positiva es sólo un dato frente al Derecho Natural, que es permanente aunque noesté legislado.
 
 Nadie necesita una ley para saber que matar a los padres o a los hermanos es aberrante. Esteejemplo tan duro nos marca la trascendencia del Derecho Natural que, por otra parte, en elorden político se vincula al bien común porque también es aberrante no preocupamos porlos que menos tienen.En las conversaciones previas acerca del nombre de este libro contemplamos dos posturas:la de Chiovenda, que en su Prolusión de Bolonia sobre la acción en el sistema de losderechos utilizó la expresión diritto processuale derivada de processo, voz italiana con laque reemplazó procedure de origen francés, sin advertir que se calificaba la ciencia más porel fenómeno que por su actividad; y la de de la Colina que en Derecho y legislaciónprocesal sostenía que esta rama del derecho se divide en dos partes. La primera abraza elsistema de organización de los tribunales y las reglas de la competencia (jurisdicción ycompetencia) y la segunda el modo como los particulares y los jueces han de obrar(procedimiento), los unos para obtener y los otros para hacer justicia, o sea, la formación yfallo del proceso.Las leyes que al respecto rigen y los principios en que se apoyan forman la cienciaprocesal.Sin embargo, dado que los estudiosos han seguido a Chiovenda, para facilitar sucomprensión adoptamos la expresión "procesal".El conjunto de redactores de este libro está formado por los miembros del Centro deDerecho Procesal de la U.C.A., doctores Federico Carlos Carrero, María Lilia GómezAlnijo de Díaz Cordero, Elsa Guerisoli y Susana M. R. Lima, mencionados por ordenalfabético pues todos ellos lucen mérito suficiente para no hacer distingos jerárquicos. Lostemas se seleccionaron de acuerdo con la mayor afinidad de estos cinco profesores con cadamateria y se podrá advertir la impronta de cada uno de ellos pero tratando en lo sustancialde establecer una escuela procesal de la U.C.A.Esto también importa una contribución a la Escuela procesal argentina que afirmaranCarlos J. Colombo y J. Ramiro Podetti, autor este último de un opúsculo en el cualreconocía a Tomas Jofré como indiscutible fundador del Derecho Procesal en la Argentina.Alsina, Lascano, Podetti, Ayarragaray, los Oderigo, otros que ya nos han dejado y los queseguimos trabajando, tributamos culto a la inspiración de ese gran maestro, reflejada encódigos como el Procesal de la Nación, cuyo principal autor es Lino Palacio, el de Jujuyredactado por Carlos Snopeck, el de La Rioja obra de de la Fuente y el de Mendoza de J.Ramiro Podetti.Para concluir debo agregar que no tenemos la pretensión de que nuestra interpretación delas instituciones sea indiscutible, sólo aspiramos a que esta labor sea útil a profesionales yalumnos a quienes está dedicado.FERNANDO HORACIO PAYÁ
 
Capítulo IDERECHO PROCESAL
 
I. CONCEPTO Y CONTENIDO.-
 
Es conocido que aún antes de que existiera el llamado Estado de Derecho fue precisoorganizar la actividad social que tendría a su cargo la tarea de evitar la violencia en ladefensa de los derechos.Si bien muchos autores consideran que se inicia con los regímenes constitucionales,estimamos que su formulación tiene mayor antigüedad y se remonta a la época de launificación con la monarquía que da fin a la organización feudal.De no haber sido dominados los señores feudales, la etapa liberal y el Estado de Derechobasado en la ley no existirían.En los siglos XVI y XVII brillaron reyes como Carlos I y Felipe II en España y Luis XIII yel gran Luis XIV en Francia, que dictaron normas jurídicas para proteger bienes de vidacuya violación traía como consecuencia una actividad coactiva de los mismos monarcas.El Estado de Derecho moderno es el que formula a través de la ley las normas deconvivencia normal, pero si éstas no tuvieran fuerza coactiva serían absolutamente inútiles.De esta necesidad nace el Derecho Procesal, en el que la acción y la jurisdicción, es decir,la actividad de las partes del Estado, se funden en un sistema nuevo que se llama proceso yque. en consecuencia, tienen normas propias. Por lo tanto el Derecho Procesal es:El conjunto de normas jurídicas que regulan la función jurisdiccional del Estado y laactividad de los particulares que provocan el ejercicio de esa función que se desarrolla en elproceso. Por lo tanto un estudio integral de nuestro derecho comprende:a) la jurisdicción, como función político social del Estado;b) el órgano que lo ejerce y la competencia del mismo;c) las personas que actúan en el proceso que como partes están incorporadas a él y .d) los hechos y actos jurídicos procesales que lo impulsan.Va de suyo que el conocimiento de la ley que rige el proceso, sus características, susfuentes y el sistema adoptado también integran el estudio.Este conocimiento no puede reducirse al comentario del derecho positivo, sino que debellevarse a cabo investigando el cómo y el por qué del Derecho Procesal, porque nuestramateria es una ciencia y no un arte.La manera de actuar en el proceso, que sería el arte de manejarse en él, es distinta y demenor importancia que el conocimiento de los principios que lo regulan. Estos y su sistemavariarán en un régimen totalitario o en uno democrático.Respondiendo a los principios políticos y filosóficos que lo Generen, aparecerá unordenamiento lógico de causa y efecto, y como además no existe pensamiento político queno surja de una filosofía y sea consecuencia de una situación histórica, llegamos a laconclusión lógica de que el Derecho Procesal es científico y como toda actividad científicatiene normas propias.Lo afirmado, como consecuencia, importa sostener la autonomía científica del DerechoProcesal.
II. ORIGENES.-
 
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