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Christie, Agatha - Inocencia Tragica

Christie, Agatha - Inocencia Tragica

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Christie, Agatha - Inocencia Tragica
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Inocencia TrágicaInocencia Trágica
Agatha Christie 
Título original: ORDEAL BY INNOCENSE
GUÍA DEL LECTOR 
Relación de los principales personajes que intervienen en esta obra:
ARGYLE, Leo
: Hombre de negocios y de generosos sentimientos.
ARGYLE, Rachel
: Esposa.
ARGYLE, Christine
(Tina),
Hester
,
Jack 
(Jacko) y
Michael
(Micky): Hijos adoptivos deLeo y Rachel.
CALGARY, Arthur
: Médico y físico, llegado recientemente de una expedición a laAntártida.
CLEGG, Joe
: Casado con la viuda de Jack Argyle.
CLEGG, Maureen
: Viuda de Jack y esposa actual de Joe.
CRAIG, Donald
: Médico y novio de Hester Argyle.
DURRANT, Mary
: Hija adoptiva del matrimonio formado por Leo y Rachel.
DURRANT, Philip
: Esposo inválido de Mary.
FINNEY
: Jefe de la policía local.
GOOD
: Policía local.
GREEN, Cyril
: Niño de la localidad.
HUISH
: Superintendente de policía.
LINDSTROM, Kirsten
: Servidora de los Argyle a quien llaman Kirsty.
MACMASTER 
: Médico de los Argyle.
MARSHALL, Andrew
: Antiguo abogado defensor de Jack Argyle en el juicio por asesinato.
PEASMARSH
: Viejo canónigo, poseedor de una valiosa biblioteca.
REGINALD:
Fiscal.
VAUGHAN, Gwenda
: Secretaria de Leo Argyle.
 
 Inocencia Trágica Agatha Christie
Si mi alegato fuera justo,mi boca me condenaría.Temo por todas mis penas;sé que Tú no me declararás inocente. Job
Capítulo primero1
Anochecía cuando llegó al transbordador. Podía haber llegado allí mucho antes. Laverdad era que lo había retrasado todo lo posible.Primero, el almuerzo con unos amigos en Redquay, la charla frívola, el intercambiode chismorreos sobre amistades comunes. Todo aquello significaba que, en su fuerointerno, estaba esquivando lo que tenía que hacer. Sus amigos le invitaron a tomar el té y élaceptó. Pero por fin llegó el momento en que comprendió que no podía postergarlo más.El coche de alquiler le estaba esperando. Se despidió de sus amigos y el chófer lecondujo a lo largo de siete millas por la frecuentadísima carretera de la costa, tomandoluego, tierra adentro, por el boscoso camino que acababa en el pequeño embarcadero de piedra sobre el río.En el embarcadero había una gran campana, que el chófer hizo sonar con energía para llamar al transbordador, que estaba en la otra orilla. —¿Desea que le espere, señor? —No —respondió Arthur Calgary—. He pedido un coche que vendrá a recogermedentro de una hora para llevarme a Drymouth.El hombre recibió la tarifa y la propina. —Ya viene el transbordador, señor —anunció, atisbando el río en la oscuridad.Le deseó buenas noches con voz suave, dio la vuelta con el coche y se marchócolina arriba. Arthur Calgary se quedó solo, esperando en el embarcadero. Solo con sus pensamientos y con el miedo que le producía lo que tenía ante sí. Qué salvaje era aquellugar, pensó. Podría uno creerse en un lago de Escocia, lejos del mundo. Y, sin embargo, aunas pocas millas, estaban los hoteles, las tiendas, los bares y las multitudes de Redquay.Reflexionó, no por vez primera, sobre los extraordinarios contrastes del paisaje inglés.Oyó el suave chapoteo de los remos al arrimarse el transbordador al muelle. Arthur Calgary bajó la rampa y saltó a la embarcación, mientras el barquero la mantenía firme con
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 Inocencia Trágica Agatha Christie
el bichero. Era un hombre viejo, y Calgary tuvo la fantástica impresión de que él y suembarcación eran uno e indivisible.Según avanzaban, una brisa fresca subió susurrando desde el mar. —Una noche fría —comentó el barquero.Calgary respondió adecuadamente. Luego concedió que hacía más frío que el díaanterior.Vio, o le pareció ver, una velada curiosidad en los ojos del barquero. Era unforastero. Y un forastero que vea desps de terminada la temporada tustica propiamente dicha. Además, el turista cruzaba el río a una hora desusada, demasiado tarde para tomar el té en el bar del malecón. No llevaba equipaje, de modo que no iba aquedarse. (¿Por qué, se preguntaba Calgary, había venido
 
tan tarde? ¿Sería, en realidad, porque inconscientemente había estado retrasando el momento, dejando lo que tenía quehacer para lo más tarde posible?) Cruzando el Rubicón... el río... el río... Sus pensamientosse dirigieron hacia otro río: el Támesis.Había mirado el río sin verlo (¿era posible que hubiera sido ayer?), y luego habíamirado de nuevo al hombre sentado al otro lado de la mesa. Aquellos ojos pensativos, conuna expresión que no había podido comprender. Era una expresión reservada, como siestuviera pensando algo que no expresaba.«Me figuro —pensó— que aprenden a no mostrar nunca lo que piensan.»Pensándolo bien, todo el asunto era horrible. Tenía que hacer lo que había que hacer y luego
¡olvidarlo!
Frunció el entrecejo, recordando la conversación del día anterior. La voz agradable,apacible y tranquila, reservada, había dicho: —¿Está usted decidido, doctor Calgary, a hacer lo que tiene pensado?Él había contestado vivamente. —¿Qué otra cosa
 puedo
hacer? Supongo que está de acuerdo conmigo. No puedodesentenderme de una cosa así.Pero no había comprendido la expresión distante de los ojos grises, y le habíasorprendido un poco la respuesta. —Hay que mirarlo desde todos los ángulos, considerarlo desde todos los puntos devista. —¿Cómo puede haber más de un aspecto, desde el punto de vista de la justicia?Había hablado con fogosidad, convencido por un instante que le proponían «tapar»innoblemente el asunto. —En un aspecto, así es. No sólo es eso lo que hay que tener en cuenta en este caso. No sólo es cuestión de justicia.
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