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christie, agatha - los trabajos de hércules

christie, agatha - los trabajos de hércules

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LOS TRABAJOS DEHÉRCULESAGATHA CHRISTIE
 
Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004http://biblioteca.d2g.com
NOTA PRELIMINAR DE LA AUTORA
El nombre de pila de Poirot me indujo irresistiblemente a escribir estaserie de historias cortas. Inicié el trabajo con gran entusiasmo, masal poco tiempo perdí el ánimo ante el gran cúmulo de dificultades queno había previsto. Escribí sin titubear algunos de los episodios, talescomo El león de Nemea y La hidra de Lerna. El toro de Creta,asimismo, salió de mi pluma con toda naturalidad; pero algunos delos «trabajos» eran un desafío a mi ingenio. El jabalí de Erimanteame tuvo en suspenso durante mucho tiempo, y lo mismo pasó con Elcinturón de Hipólita. Y en cuanto a La captura del Cancerbero he dereconocer que me hizo perder todas las esperanzas. No poaimaginar ninguna acción apropiada a dicho título. Así es que duranteseis meses no volví a ocuparme del asunto. Pero de pronto, subiendoun día las escaleras del «metro», se me ocurrió la idea. Pensé en ellacon tanta excitación que subí y bajé las escaleras siete u ocho vecesy por poco me atropella un autobús cuando, al fin, me dirigía a casa.El fregadero es el lugar s seguro y apropiado para planearmentalmente una historia. El trabajo meramente mecánico ayuda alfluir de las ideas y resulta delicioso encontrarse hechas las tareasdomésticas sin acordarse de que una las hizo. Recomiendo de formaparticular la rutina de los trabajos caseros a todas aquellas personasque pretendan crear una obra literaria. Ello no incluye el cocinar, puesen sí ya es una creación, mucho más divertida que escribir, mas, pordesgracia, no tan bien pagada.
AGATHA
 
CHRISTIE
 
Digitalizado por kamparina para Biblioteca-irc en Febrero de 2.004http://biblioteca.d2g.com
INTRODUCCIÓN
El piso de Hércules Poirot estaba amueblado a la última moda. Losadornos de metal cromado, y los sillones, si bien tapizadosconfortablemente, eran de formas cuadradas y sólida apariencia.En uno de ellos se hallaba sentado Poirot, pulcramente, sin pasar dela mitad del asiento. Frente al detective, en otra butaca, estaba eldoctor Burton sorbiendo con deleite un vaso de «Cháteau MoutonRothschild» que le ofreció su anfitrión. La apariencia del doctor no eratan relamida como la de su amigo. Era regordete y desaliñado, conuna cara rubicunda y bonachona que relucía bajo la enmarañadamasa de blancos cabellos. Tenía una risa profunda y sibilante y habíaadquirido el hábito de esparcir la ceniza de sus cigarros tanto sobreél, como sobre todo lo que le rodeaba. Poirot perdía el tiemporodeándole de ceniceros.El doctor Burton preguntó:—Dígame, ¿a qué santo viene eso de Hércules?—¿Se refiere usted a mi nombre de pila?—Mal puede llamarse de pila, ya que es absolutamente pagano —objetó el otro—. Pero ¿por qué? Eso es lo que quiero saber. ¿Algúncapricho de su padre? ¿Algún antojo de su madre? ¿Razones defamilia? Si mal no recuerdo, aunque mi memoria ya no es lo que era,tuvo usted un hermano que se llamaba Aquiles, ¿no es cierto?Poirot repamentalmente los detalles de la carrera de AquilesPoirot. ¿Ocurrió en realidad todo aquello?, se preguntó.—Sólo por poco tiempo —replicó al fin.El doctor Burton eludió con prudencia mencionar de nuevo a AquilesPoirot.—Los padres debieran tener más cuidado con los nombres que ponena sus hijos —reflexionó—. Vea usted; tengo varias ahijadas y una deellas se llama Blanca, aunque es más morena que una gitana. Luegoestá Deirdre; Deirdre de los Dolores, y ha resultado ser más alegreque unas castañuelas. Y por lo que se refiere a Paciencia, hubieranhecho mejor llamándola impaciente —el viejo profesor de lenguasclásicas se estremeció—; pesa ahora ciento sesenta y ocho libras,aunque no tiene más que quince años. Dicen que es gordura infantil;yo no lo creo. ¡Diana! Querían que se llamara Helena, pero hice valermis derechos. No podía hacer menos conociendo el aspecto de suspadres... ¡y el de su abuela! Traté con todas mis fuerzas de que sellamara Marta o Dorcas, o algo que fuera razonable... pero no mesirvde nada... perdí el tiempo... Los padres son gente muycaprichosa.Empezó a reír por lo bajo mientras su cara se arrugaba. Poirot lo miróinquisitivamente.

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