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DT014_Desigualdad

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 DOCUMENTO DE TRABAJO N°14
12 DE NOVIEMBRE DE 2013
 Autor:
Silvana Melitsko
 Editor:
Fernando Santillan
 
La desigualdad en Argentina, 2003-2012
Resumen Ejecutivo
La recuperación económica en un contexto externo favorable y la implementación de medidas de alto impacto distributivo permitieron lograr mejoras significativas en los indicadores de desigualdad durante el período 2003-2012. La relación entre el ingreso familiar per cápita del 10% más rico de la población sobre el del 10% más pobre pasó de 40 en el pico de la crisis de 2001 a poco menos de 20, un valor similar al que tenía a principios de la década de 1990 y aún muy por encima de los 9,5 que alcanzaba en 1974. La caída en la desigualdad de los ingresos laborales explicaría entre 67% y 80% de la disminución de la desigualdad en el país. El resto se debe principalmente a las medidas adoptadas en el campo jubilatorio y a políticas de soporte de ingresos (como la AUH). Las principales economías latinoamericanas han tenido mejoras distributivas semejantes desde principios de la década de 2000. Hoy, Argentina tiene una distribución relativamente más igualitaria que otros países de la región, pero con una estructura social lejos de la de países industrializados. Hacia el futuro, el actual modelo presenta debilidades para mantener un crecimiento con equidad. Entre otras: el pobre desempeño del mercado laboral desde 2008; la ausencia de un proceso de desconcentración de la riqueza; la dudosa legitimidad jurídica de ciertas medidas  jubilatorias; el deterioro paulatino de la infraestructura y de los servicios públicos; y un sistema de educación pública con serias falencias a pesar de los cuantiosos recursos invertidos.
 
Introducción
El inicio del ciclo kirchnerista hace una década tuvo como preludio una de las mayores crisis económicas de la historia argentina. La crisis llevó a una caída de 20% en el PBI entre 2000 y 2002, acompañada por niveles de desempleo y pobreza en sus máximos históricos. Néstor Kirchner asumió el 25 de mayo de 2003 con 22% de los votos y una necesidad imperiosa de dar legitimidad a su gobierno. Saldar la deuda social heredada, aunque fuera de manera parcial, se transformó en uno de los ejes principales de los lineamientos de política. La recuperación económica en un contexto externo favorable y la implementación de una serie de medidas de alto impacto distributivo permitieron lograr mejoras significativas en los indicadores de desigualdad. El diagnóstico de la situación actual muestra que a pesar de los avances registrados persisten amplios núcleos de pobreza y una elevada brecha de ingresos entre ricos y pobres. La comparación internacional coloca a nuestro país más cerca del promedio latinoamericano que del mundo desarrollado no sólo en términos de ingreso per cápita sino también de estructura social. Esto contrasta fuertemente con lo que sucedía tres o cuatro décadas atrás, cuando Argentina era considerada una excepción dentro de una región históricamente signada por profundas y persistentes desigualdades socioeconómicas. Las probabilidades de cerrar esta brecha sin abandonar el modelo social, económico y político vigente son más bien escasas, dado que la mayor parte de los factores que impulsaron el mejoramiento relativo de sectores desfavorecidos a lo largo de esta década se han diluido. En los últimos años se han estancado tanto la creación de empleo como los salarios reales. El sector público lideró la incorporación de nuevos trabajadores mientras que el sector privado ha comenzado a expulsar empleo. En un contexto inflacionario con déficit fiscal creciente, esto plantea un dilema difícil de saldar. Tanto el ahorro como la educación, por otra parte, han perdido relevancia como mecanismos de movilidad e inclusión social. Este documento tiene por objetivo hacer un balance de la evolución reciente de la distribución del ingreso en nuestro país, señalar las limitaciones del modelo actual y plantear lineamientos de política para retomar un sendero de crecimiento compartido que permita reducir la desigualdad de manera sostenible.
Evolución reciente de la desigualdad en Argentina
A pesar de los conflictos y la violencia característicos de la época, a mediados de la década de 1970 la sociedad argentina era relativamente igualitaria en términos socioeconómicos, con niveles de pobreza bajos en comparación con otros países de América Latina y una clase media extendida. Según datos relevados por el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (CEDLAS) y el Banco Mundial en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en 1974 el ingreso familiar per cápita del 10% más rico de la población equivalía a 9,5 veces aquel del 10% más pobre. A partir de entonces la desigualdad económica fue aumentando de manera casi ininterrumpida hasta alcanzar su punto máximo
 
en 2001, cuando la brecha de ingresos (siempre medida como el cociente entre el 10% más rico y el 10% más pobre) había trepado a 40.
Gráfico 1
. Evolución de la desigualdad del ingreso per cápita familiar en Argentina desde 1974
3032343638404244464850525456
Coeficiente de Gini
051015202530354045
Cociente de Ingresos entre ricos y pobres
10/190/10
 
Fuente: CEDLAS.
En consonancia con lo que viene sucediendo en otros países de América Latina, este proceso parece haberse revertido desde inicios de la década de 2000. En la actualidad, la brecha de ingresos antes definida ronda los 20 puntos, un valor similar al que tenía a principios de la década de 1990, aunque aún muy por encima de los 9,5 que alcanzaba en 1974. Se llega a conclusiones similares observando la evolución del coeficiente de Gini
1
 a lo largo del período comprendido entre el segundo semestre de 2003 y el segundo semestre de 2012 (ver Gráfico 2). La caída durante este período estuvo entre 15,8% y 19,2% dependiendo de cuál sea la medida de ingreso adoptada. Cabe señalar que este coeficiente presenta niveles muy diferentes según el tipo de ingreso y el universo poblacional que se usa para su construcción. La desigualdad más alta corresponde al ingreso individual total, que incluye tanto ingresos laborales como no laborales (transferencias públicas e ingresos de capital, entre otras fuentes) de adultos mayores de 25 años. La desigualdad del ingreso laboral horario de trabajadores full time es mucho menor que la desigualdad del ingreso individual total, ya que excluye a la población sin ingresos (desocupados, amas de casa, estudiantes full time, adultos mayores sin cobertura previsional, entre otros). Además, al considerar sólo ingresos laborales, se omiten fuentes de ingresos presumiblemente más concentradas, como son los ingresos por alquileres, intereses, dividendos y otros ingresos de capital.
1
 El coeficiente de Gini es un indicador sintético de la desigualdad de ingresos: a mayor desigualdad, mayor valor del coeficiente. Puede tomar valores de 0 a 100, donde 0 indica perfecta igualdad (todos tienen el mismo nivel de ingreso) y 100 indica concentración absoluta.

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