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10 de Junio de 2006, número 4
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AIRE LIBRE
El carbayón de Valentín
Uno de los robles más monumentales de la PenínsulaFRACISCO VALLE POO
'«Los druidas tienen por lo más sagrado el muérdago y el árbol en que crece,suponiendo siempre que ese árbol es un roble. Tomado en infusión produce lafecundidad de los animales estériles y constituye un remedio contra todos losvenenos».' -Plinio el ViejoAmanece entre nubes tormentosas que presagian un día pasado por agua. Las nubesdistantes, más allá de las cimas redondeadas de las pequeñas sierras despobladasde arbolado, comienzan a encenderse mientras clarea. Parece abrirse haciaLevante una llaga sangrante en el cielo desde la que se propagan con lentitudgamas de colores, del amarillo al rojo vivo, por las alargadas nubecillas que seestiran en aquel lejano resquicio del horizonte. Se sonrojan entre tanto losabultados vientres de esas otras preñadas de agua como gigantescas masas oscurasque se extienden por el resto de este cielo de las tierras del occidente asturiano. Aunque muestran su cara torva, parecen ceder poco a poco ante la presencia del astro Rey recién despertado y dispuesto a asomar su rubia cabellera y a cegarnos.Presenciamos este alborear magnífico con la amigable compañía de un tinetense de Valentín, un carbayo tal vez milenario, deinmenso corpachón, alma vegetal del más preciado de nuestros árboles, maestro de cuantos viven hoy en esta tierra por sulongevidad y pareja experiencia. Si nos maravilla esta rutinaria puesta en escena confabulada entre nuestro planeta y el sol de undía de comienzos del siglo XXI, no podemos menos que preguntarnos, mientras contemplamos la ajada corteza del inmensotronco de este carbayo iluminada con rayos dorados, por la incontable sucesión de amaneceres que presenció desde su serenaquietud, desde aquí, desde esta ladera orientada al Mediodía en medio de prados de escasa pendiente, cerca del pueblo deValentín, entre Gera y Sobrado, a pocos kilómetros de la villa asturiana de Tineo.Solitaria fue la vida de este paradigmático roble, un genuino 'Quercus' 'robur' de la más pura casta, crecido en soledad, sin otrosde su especie ni de ninguna otra que le hicieran sombra y le obligaran a luchar por su espacio elevándose metros y metros. Asíse quedó pequeño de tronco, aunque sus ramas crecieron con vigor. Justo lo contrario ocurrió a los jóvenes robles que loacompañan en su madurez, seguramente hijos suyos y como bien nacidos cediendo a su progenitor el lugar preeminente ante laimprescindible insolación, por lo que crecen tras él ganando altura en busca de la luz precisa para su propia vida. Pero nuestrogran carbayo es de generación antigua y, por tanto, de planta contenida, bajo y masivo en su corpulencia, adiposidad de maderadiríase, como pedestal grandioso de un manojo de carbayos. Resultan éstas más gruesas que los propios troncos de sus acólitos. Nació tal vez este carbayón de mano del hombre en muy lejana fecha. Nos parece casi imposible imaginarlo un día siendoapenas más que una ramita con dos hojillas trémulas en medio de un paisaje seguramente bien distinto. Con el paso de los siglosse hizo espectacular, respetado inexplicablemente por el hacha que con tanta aplicación y entrega hizo desaparecer a tantosotros de su envergadura, y aún mayores, entrando en la Historia como sujeto de algún acontecimiento que lo hizo merecedor deser registrada por escrito su presencia en el mundo de los vivos cuando aún no se había descubierto siquiera el Nuevo Mundo.Y sigue entre nosotros con la fuerza y el vigor de quien está dispuesto a prolongar su existencia más allá de muchas de nuestrasgeneraciones, aferrado como está al suelo con todo ese entramado inmenso de raíces que hay quien dice puede ser dedimensiones similares a las de su copa; y así ha de ser si reparamos en la envergadura de las ramificaciones que desde su troncose abren antes de penetrar en el suelo.Pero este carbayo no vivió siempre en soledad, si consideramos como compañía para un árbol la presencia del hombre, puestuvo a sus pies durante algunos cientos de años a los Rodríguez Valentín, una familia con su vivienda blasonada, establos y panera, y una hermosa capilla a la advocación de San Pedro construida a unos pocos metros del gran carbayo. Entre ambos, entrela ermita y el carbayo, muestran uno de esos conjuntos donde se dan la mano felizmente el elemento natural con la obra delhombre. La construcción sacra es de estilo románico popular. La espadaña, de un vano, está dispuesta de forma que quedaorientada al norte, directamente hacia el carbayo.Desde la misma entrada de la ermita, el carbayo se muestra majestuoso, áureo en la parte del tronco que baña la luz delamanecer, con sus hojas de bordes profundamente lobulados marcadas por el verdor oscuro del verano o tocadas por el mágico pincel del otoño que las transforma en delicados colores anaranjados y dorados. En invierno, las hojas ruedan a merced delviento sobre la hierba y los tejados y se cuelan en remolinos ante las imágenes de santos y vírgenes de la ermita.
U GIGATE DE MADERA
- EL MUNDO | Suplemento natura 4 - El carbayón de Valentínhttp://www.elmundo.es/suplementos/natura/2006/4/1149890423.html1 de 312/08/2009 14:24
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