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IGNACIO CASANOVA, S.J.
SAN IGNACIO DE LOYOLA
1
 
PRIMERA PARTEVIDA EN EL MUNDO(1491-1521)Capitulo PrimeroINFANCIA
 
 Loyola
(1491-1497)
 
Decimos San Ignacio de Loyola, porque nació en la casa solariega de
 
este nombre, aunque en ella vivió muy poco tiempo. Casa de piedra desillería, construida en un principio como castillo guerrero, había sido, porreal orden, derribada cuarenta años antes de nacer Ignacio; y luego reedi-ficada, pero de modo que no pudiese servir para la defensa militar.Pertenece a la villa de Azpeitia, y está situada a un kilómetro de distanciade ella, en medio de un hermoso valle, sereno y lleno de quietud. La familiade Loyola era de las principales de la tierra, emparentada con otras de lasque se decían de parientes mayores. Nombre con que se significaban losgrandes propietarios, que solían tener súbditos, a manera de señoresfeudales, y, como ellos, prendían y vejaban duramente a los que les erancontrarios. Ocho villas de Guipúzcoa, bajo la protección real, se coaligaron-contra esos parientes mayores, y el año de 1456 se alzó contra ellos, des-truyendo todas las casas fuertes que tenían y desterrando a sus dueños. Lacasa de Loyola era una de ellas. Había sido edificada a principios del sigloxv, y era señor de ella, al ser derribada en 1456, el abuelo paterno de SanIgnacio, D. Juan Pérez de Loyola, el cual, por haber cruelmente vejado a la/ Villa de Azpeitia por aquel hecho, fue desterrado cuatro años a Jimena,villa fronteriza de tierra de moros, por mandato del Rey Enrique IV. Vueltode su destierro, obtuvo real licencia para reedificar la mitad superior de lacasa arruinada, pero debía hacerse de ladrillos y no de piedra. Esto explicala rareza, que hoy nos maravilla, de ver
 
una casa fuerte de piedra hasta elprimer piso y de allí para arriba de ladrillos.El año 1467 casó D. Beltrán Yañez de Loyola, señor de aquella casa,con doña María Sáez de Licona y Balda, de una linajuda familia de aquellatierra. Bendijo Dios este matrimonio con trece hijos, el menor de los cualesfue San Ignacio, venido al mundo el año 1491, a los veinticuatro años decasados sus padres, y probablemente el mismo día de la Natividad delSeñor, 25 de diciembre (
1
), San Francisco de Borja y el padre Nadal,cuando visitaron años después la casa de Loyola, viviendo aún San Ignacio,
 
lo primero que hicieron fue venerar la habitación en donde había tenido lu-gar tan glorioso nacimiento, y el primero de dichos personajes quiso deciren el oratorio de la casa su primera misa, en memoria del nacimiento de
s
uPadre y Fundador.
1) Las pruebas de este aserto pueden verse en ¡a obra
San Ignacio en Azpeitia,
delP. Juan Pérez Arregui, cap. II.
 
Fue el niño bautizado en la iglesia parroquial de Azpeitia en la
 
pila que aun hoy día se conserva, decorada con la imagen del Santo yesta inscripción: Emenchen batiatuba naiz (Aquí mismo fuibautizado), Diéronle el nombre de Iñigo. Después, en tiemposvenideros, se firmaba indistintamente Iñigo o Ignacio, porque estaforma era la más usada fuera de su tierra.
 
De la primera infancia de San Ignacio sabemos tan sóloque fue criado en una casa cercana a Loyola que llaman Eguibar,
 
cerca del río Urola enfrente de la ermita de Olaz; en donde debió deaprender a amar a la Madre de Dios. Luego le enseñaron también a
 
leer y escribir.La influencia maternal no pudo ser ni, larga ni muy
 
intensa. El secretario de San Ignacio, P. Polanco, escribía añosdespués que la primera formación de Ignacio "fue más conforme al
 
espíritu del mundo que al de Dios, según el modo y costumbre.deaquellos tiempos" (
2
). En su casa oiría hablar sobre todo de guerras y
 
venganzas, porque su familia era enteramente militar. Su padrehabía- guerreado con el Rey Enrique IV, con los Reyes Católicos y
 
con el de Navarra Juan II; de sus siete hermanos, cuatro fuerontambién soldados y dos murieron en la campaña de Nápoles. De todosmodos, poco pudo participar del espíritu de Loyola, porque le crióuna nodriza de fuera de la casa, y a los cinco o seis años salió ya deella casi definitivamente.
 
(2) Chronicon Societatis Jesu, vol. 1, pág. 10.
 
IGNACIO CASANOVA, S.J.
SAN IGNACIO DE LOYOLA
1
 
CAPÍTULO
II
CARRERA
CIVIL
 Arévalo
(1497-1517)Don Juan Velázquez de Cuéllar era contador mayor. de los ReyesCatólicos, algo pariente de los Loyola, y sobre todo íntimo amigo del
 
padre de San Ignacio. Hombre honrado y de conciencia, que por su cargotenía mucha entrada en la corte de los Reyes. Había muchas veces pedido aD. Beltrán que Je enviase uno de sus hijos para educarle, en prueba debuena amistad, y luego colocarlo en algún puesto de honra y provecho. D.Beltrán determinó confiarle el menor de sus hijos, que, como hemos dicho,era Ignacio. Salió, pues, el niño para Arévalo en donde D, Juan tenía sucasa, aunque, por razón de su oficio,-debía muchas veces seguir la regia
 
"comitiva. Hasta la muerte de su protector, ocurrida en 1517
;
permanecióIgnacio a su lado.¿Qué hizo Ignacio durante esos veinte años de vida cortesana? No tenemos
 
acerca de ello más noticias que las que él mismo nos proporciona; ysiempre repite que llevó vida de pecador. Al P. González de Cámara lecontaba muy por menudo sus prevaricaciones, aunque él no las escribió.El P, Polanco escribe: "Durante todo este tiempo de lo que estaba máslejos era de la vida espiritual. Como suele la juventud cortesana ymilitar, fue asaz libre en el amor de las mujeres, en el juego y en las riñaspor puntos de honra (
3
). De un modo semejante hablan los Padres Laínez y
 
 
Rivadeneira (
4
). Este último especialmente santas estratagemas usadas
 
por Ignacio en París para convertir a un mal religioso, que vivía en,pasos, dice que éstas habían sido las ignorancias de su juventud.
 
 
No fueron sólo Arévalo y la Corte de los testigos de las flaquezas deIgnacio, sino también Azpeitia , a donde es natural fuese algunas veces. El
 
año 1515 abrióse en esta villa un proceso contra Ignacio y su hermanoPedro López que era sacerdote, por delitos cometidos allí el día de carnaval,
calificados de “ enormes , por los hombres cometidos por él e Pedro Lópe
 su hermano, de noche e de propósito, e sobre habla e consejo habido sobreasechanza e alevosamente" (
5
). ¡Pobre Ignacio! Pero, tomando de labios de
 
la Iglesia unas palabras divinamente paradojales, preparémonos a cantarbien pronto el
O felix culpa!
Veremos cómo todo el proceso de la santidadignaciana, vivida y sistematizada en los
Ejercicios,
empieza por unnobilísimo sentimiento de vergüenza, que sólo puede sentir un alma muy
 
elevada, pero que cayó muy abajo de aquella su dignidad y alteza.Apresurémonos a notar también que nunca fue Ignacio un vulgarmaterialista
Epicuri de grege,
sino que en sus aventuras amorosas había uncaballeresco romanticismo de imposibles ensueños.
(4
)
 Monumento, ígnaíiana.
Ser. 4*, vol. 1, págs. 101 y 379.(
5
) Las piezas del proceso se publicaron en
 Monumento Histórica
S. J.
 
Ser. 4*, vol. 1, págs. 580-597. Las pruebas de que tal proceso era
 
verdaderamente contra nuestro Ignacio pueden verse en el P. Pérez Arregui:
 
San Ignacio en Aspeitia,
cap. II, pág. 44-68.Por unas palabras, que bien pronto nos dirá cándidamente élmismo, veremos que la dama de sus ideales no era de vulgar nobleza,
 
no era condesa ni duquesa, sino de más elevada condición. Muchohan cavilado los autores para averiguar quién podría ser esa señora de
 
sangre real que tenía cautivada el alma de San Ignacio. Arévalo
 
parece dar alguna luz. La Reina Doña Juana, Infanta de Portugal y se-gunda esposa de Enrique IV de Castilla, habiendo enviudado, se retiró
 
a Arévalo en un palacio que hizo construir al lado del convento de SanFrancisco. La Reina tenía una hija jovencita, que era la Princesa DoñaCatalina, en quien podrían cumplirse todas aquellas misteriosascondiciones. No todo fueron glorias y ensueños en Arévalo. Allí hizo
 
Ignacio sus primeras armas, y allí recibió también la primera lecciónpráctica de lo que pueden dar de sí las cosas del mundo a los que lesirven.Al morir el Rey Católico, en enero de 1516, dejó a su segundaesposa, doña Germana de Foix, un legado de 30.000 ducados anualescargados sobre el reino de Nápoles. Carlos V. alivió a Nápoles de esta
 
carga, gravando con ella a la villa de Arévalo y algunas otras, que
 
administraba D. Juan Velázquez en nombre .de la corona. Así debíanaquellas villas desmembrarse del real patrimonio y pasar a serpropiedad de doña Germana, D. Juan creyó que esto era mutilar lacorona, de la cual era contador, y determinóse a hacer resistenciamaterial a la orden del César, y para ello encerróse con su gente dentro
 
de los muros de Arévalo y allí resistió algunos meses hasta ser
 
rendido. Con esta derrota perdiólo todo: la amistad del Emperador, lade doña Germana, sus bienes, y poco después la vida. A Ignacio nadapudo dejarle, sino la lección del desengaño; pero la buena viuda doñaMaría de Velasco, parienta también de Loyola, le dio 500 escudos ydos caballos, y con este caudal salió Ignacio de la casa de su primer
 
señor.Ignacio conservó toda su vida grato recuerdo de aquella señora, aquien algunas veces escribía, aun después de la fundación de laCompañía. Su compañero de juventud, Alfonso de Montalvo, atribuíala fundación de un Colegio de la Compañía en Arévalo, años adelante
 
efectuada, a los ruegos e intercesión de San Ignacio que quiso pagar conello la gratitud que debía a aquella población.
 
IGNACIO CASANOVA, S.J.
SAN IGNACIO DE LOYOLA
1
 
CAPÍTULO
III
 CARRERA MILITAR
 
Pamplona
(1517-1521)Intitulamos
Pamplona
este capítulo, no porque creamos que SanIgnacio vivió siempre en esta ciudad en el período que historiamos, sinocomo a lugar principal y característico.
 
Empieza aquí la autobiografía con estas palabras: "Hasta los veintiséisaños de edad fue hombre dado a las vanidades del mundo". Basta con queestén presentes a los ojos de Dios y de la propia conciencia esos veintiséisaños; Ignacio nada encuentra en ellos que contar. Añade que
 
"principalmente se deleitaba en el ejercicio de las armas con un grande yvano deseo de ganar honra". Esta es principalmente la materia del presente
 
capítulo, en el cual veremos las grandes cualidades naturales de que le habíadotado el Señor.En saliendo Ignacio de la casa de D. Juan Velázquez, determinó dejar
 
también la vida de la Corte y emprender la carrera de las armas, másacomodada a su espíritu, y probada ya en la resistencia de Arévalo. Buenaocasión le presentaba -para ello otro de sus parientes, el Duque -de Nájera,D. Antonio Manrique de Lara. El año 1516 había éste sido constituidoVirrey de Navarra, y estaría sin duda metido en empresas militares, tantopor las cuestiones políticas de aquel Reino como por la situación interna deCastilla.Ignacio, con los dos caballos que le había dado doña María deVelasco y los 500 escudos en el bolsillo, se creía
capaz de ir a cualquierparte. Preséntase, pues en casa del Duque y Virrey para militar a susórdenes. Fue no solamente bien recibido luego, sino que entró bien
 
pronto en la categoría de hombre de confianza, según lo demuestran loshechos. De -tres de ellos tenemos cierta noticia, y vamos a narrarlos contoda brevedad.
 
Allá por el mes de septiembre de 1520 llegaba a Nájera la marejada
 
de las Comunidades, de que bien pronto hablaremos, y el día 14 se alzóla ciudad contra su Duque. Este, .que se hallaba en Pamplona, se pone encamino con su gente y se presenta ante la ciudad sublevada, la tomaviolentamente y la entrega al saqueo de la soldadesca. El P. Polanco dice
 
que "Ignacio, aunque luchó entre los primeros en la toma de la ciudad, yhubiese podido tener buena parte en los despojos, no lo quiso, teniéndolopor cosa abyecta y poco digna"'(
6
). El segundo hecho es más político quemilitar. El año 1521 fue constituido Corregidor de Guipúzcoa un taj
 
Acuña, habiendo sido este nombramiento mal recibido por muchas villas,que veían en ello violados sus fueros. Dividióse la provincia en dosbandos: unos, cuyo centro era San Sebastián, afectos al nuevoCorregidor; otros, congregados en Hernani, y entre ellos la villa de
 
Azpeitia, le eran contrarios.
 
(
)
Chronicon Societalis Jesit,
 yol. 1, pág. 13.
 
Tomaron las armas uno y otro bando y había ya empezado a correrla sangre amenazando grandes discordias. Determinó el Duque de Nájerallevar el asunto por vías de concordia, y envió por primera y segunda vez
 
personas de su confianza, para convencer a entrambas partes a quedejasen el negocio en sus manos. Una de estas personas fue Ignacio, el
 
cual, además de la confianza del Duque, traía la representación del país,por ser tanta la influencia de que gozaban en él las casa de Loyola y de
 
Oñaz. Las negociaciones fueron conducidas con tanta habilidad yprudencia, que el 21 de enero el Duque podía ya escribir al Emperadorque estaba la tierra pacificada, depuesto de su cargo Acuña y dejadas a suarbitrio todas las cosas. Sobre la intervención de San Ignacio escribe el P.
 
Polanco estas palabras: "fue muy eximia su prudencia en este caso,porque, con sus gestiones, restableció la concordia entre las partes congran satisfacción-de ellas" (
7
).
 
 
El tercer hecho de Ignacio es el de Pamplona, pero éste pideexplicación de algunos antecedentes y una visión del estado de las cosas
 
en la península.
 
Había simultáneamente dos guerras populares. En Castilla, la de las
 
Comunidades, o sea de las ciudades contra los poderes del Estado,arbitrarios en gran parte y puestos en manos extranjeras por la equivocada
 
política de los primeros tiempos del Emperador. El estaba ausente, enfras-cado en ambiciones cesaristas, y el Gobierno, en manos, primero, delCardenal Adriano sólo, al cual se le asociaron después D. Fadrique y D.Iñigo de Velasco, Almirante y Condestable de Castilla, respectivamente.
 
Alzáronse las principales ciudades castellanas con un fuerte ejército, quefue derrotado por los imperiales en Villalar, siendo ejecutados los jefesPadilla, Bravo y Maldonado, el día 24 de abril de 1521.
 
Simultáneamente estalló en Valencia la guerra de las " Germanías,guerra principalmente social, porque era del pueblo contra la tiranía de losseñores; pero que por las circunstancias se ligaba también con la política,y complicaba, extraordinariamente la situación interna del país. En tresaños, desde 1519 a 1522, murieron catorce mil hombres, y fueronahorcados también todos los directores de aquel movimiento. Aunquedominados entrambos alzamientos populares y ahogados en sangre, el joven Emperador abrió algo los ojos y comprendió que la base de todoGobierno
estable es la justicia que ampare los derechos de todos, y dé alpueblo la sensación de que es bien gobernado.
 
Un mismo, espíritu toma diferentes formas, según el lugar y laspersonas en que impera; el viento de las comunidades entró en Navarra,como hemos dicho, pero allí tomó un aíre especial. Hagamos algo de historia.Dejados aparte precedentes anteriores, diremos tan sólo que el Rey deNavarra, Juan de Albret, había firmado un Tratado de alianza con Fernandoel Católico a 30 de abril de 1449.
 
Durante veinte años tuvo que sostenerfuerte lucha diplomática para guardar su independencia contra las poderosasaspiraciones de protectorado que venían, tanto de la parte de Castillacomo de la de Francia.
7)Chronicon Societatis Jesu, vol. 1, pág. 10 y 11.
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