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Val Til, C. Porqué creo en Dios

Val Til, C. Porqué creo en Dios

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09/09/2012

 
PORQUE CREO EN DIOS
Por CORNELIO VAN TIL
Usted ha notado, estoy seguro, que cient
í
ficos y fil
ó
sofos en d
í
as recientes hanhablado mucho sobre religi
ó
n y sobre Dios. Cient
í
ficos como el Dr. Santiago Jeansy el se
ñ
or Arturo Eddington han admitido que puede haber algo de contenido enlas aseveraciones de hombres que dicen haber tenido una experiencia de Dios. Elfil
ó
sofo, doctor C. E. M. Joad, escribe que lo "imponente del mal" lo ha compelidoa reconsiderar el argumento sobre la existencia de Dios.¿En ocasiones se ha preguntado tambi
é
n si la muerte lo termina todo? ¿Recuerdausted, quiz
á
s, c
ó
mo S
ó
crates, el gran fil
ó
sofo griego, luch
ó
con ese problema eld
í
a antes de beber la copa de cicuta? ¿Se pregunta si habr
á
algo en lo absolutoen la idea de un juicio despu
é
s de la muerte? ¿Estoy yo absolutamente seguro, sepregunta, que no hay Dios? ¿C
ó
mo s
é
yo que no hay Dios?Para abreviar, como persona inteligente y con sentido de responsabilidad, de vezen cuando ha cuestionado el motivo de su pensamiento y de sus acciones. Haconsiderado, o por lo menos ha estado interesado sobre lo que los fil
ó
sofos llamansu “teor
í
a de la realidad”. Usted est
á
bastante interesado, por consiguiente, en o
í
rlas razones para mi creencia en Dios.Empecemos comparando notas de nuestro pasado. El debate acerca de laherencia y el ambiente es prominente en nuestros d
í
as. Quiz
á
s usted piensa quela
ú
nica raz
ó
n real que tengo para creer en Dios es el hecho de que fui instruidoas
í
en mis d
í
as de infancia. Por supuesto, yo no pienso que es as
í
. No niego queyo fuera instruido para creer en Dios cuando era ni
ñ
o, pero afirmo que desdegrande he o
í
do una exposici
ó
n bastante completa de los argumentos en contra dela creencia en Dios. Y es despu
é
s de haber o
í
do tales argumentos que estoy m
á
sinclinado a creer en Dios. De hecho, siento que el todo de la historia y lacivilizaci
ó
n me ser
í
a ininteligible si no fuera por mi creencia en Dios. Tan verdaderoes esto, que propongo defender que a menos que no tenga a Dios como respaldoo base de todo lo existente, usted no podr
í
a encontrar significado en nada. Nisiquiera puedo defender la creencia en
É
l, sin ya haberlo dado por sentado. Ysemejantemente contiendo que usted no puede argumentar contra la creencia en
É
l antes de que lo d
é
tambi
é
n por sentado. Argumentar sobre la existencia de
 
Dios, sostengo, es como argumentar en contra del aire. Usted puede afirmar queel aire existe, y yo que no existe.Pero mientras debatimos el punto, los dos estamos respirando aire todo el tiempo.Para usar otra ilustraci
ó
n, Dios es como el emplazamiento en que debenestablecerse las mismas armas que se supone lo deshagan de Su existencia. Sinembargo, si despu
é
s de o
í
r brevemente mi historia todav
í
a piensa que es todo unasunto de herencia y ambiente, no discrepar
é
de manera violenta.Mi punto en su totalidad ser
á
que hay armon
í
a perfecta entre mi creencia de ni
ñ
o ymi creencia de adulto, simplemente porque Dios es el ambiente por el que mi vidatemprana fue dirigida y mi vida de adulto se me hizo inteligible.Frecuentemente se nos dice que mucho en nuestra vida depende del "accidentedel nacimiento". Yo nac
í
en Holanda—en una peque
ñ
a casa de tejado de paja conun peque
ñ
o granero para las vacas de contiguo. Usted pudo haber nacido en unacaba
ñ
a o en la mansi
ó
n de un gobernador. Perm
í
tame asumir que naci
ó
en la salade partos de un hospital moderno en los suburbios de Washington, D.C.¿Es esto realmente importante para nuestro prop
ó
sito? S
í
, por cuanto los dosnacimos en medio de una "civilizaci
ó
n cristiana". Nosotros podemos limitar nuestradiscusi
ó
n, por consiguiente, al "Dios del cristianismo". Yo creo en ese Dios. Ustedno cree, o por lo menos usted no est
á
seguro de que cree. Este l
í
mite servir
á
depunto de partida para nuestra discusi
ó
n.No tiene ning
ú
n sentido hablar sobre la existencia de Dios, sin saber qu
é
clase deDios es que puede o no puede existir.Tanto entonces nosotros hemos ganado. Sabemos, por lo menos en lo general,qu
é
clase de Dios es el que nosotros vamos a hacer el tema de nuestraconversaci
ó
n. Si ahora venimos a un acuerdo preliminar similar acerca delest
á
ndar o test que hemos de utilizar para probar o refutar la existencia de Dios,podemos proceder. Usted, por supuesto, no espera que yo traiga a Dios aqu
í
, alsal
ó
n, para que pueda verlo. Si yo pudiera hacer tal,
É
l no ser
í
a el Dios delcristianismo.Todo lo que usted espera que yo haga es hacer razonable el usted creer en
É
l.Quisiera responder r
á
pidamente diciendo que es justo lo que intento hacer. Pero alpensarlo, dudo por un momento.Si usted realmente no cree en Dios, entonces, naturalmente, no cree que es Sucriatura. Por otro lado, yo, qui
é
n creo en Dios, naturalmente creo queindependientemente de lo que usted piense, usted realmente es Su criatura. Yciertamente es razonable para la criatura de Dios creer en Dios.
 
As
í
que yo s
ó
lo puedo intentar mostrar que aun cuando no le parezca razonable austed, es razonable el creer en Dios para usted.Pero perm
í
tame volver al tema de la crianza. Puedo recordar que cuando ni
ñ
o jugaba en una caja de tierra construida en una esquina del granero del heno. Delgranero del heno yo pasaba por el granero de las vacas a la casa. Tambi
é
nconstruido en el granero del heno, pero con puertas que abr
í
an al granero de lasvacas, hab
í
a un cuarto de cama para el jornalero. ¡Mucho deseaba que me dieranpermiso para dormir en esa cama por una noche! El permiso me fue dadofinalmente por una noche. Freud todav
í
a era absolutamente desconocido para m
í
,pero hab
í
a o
í
do hablar de los fantasmas y "los heraldos de la muerte". Esa nocheo
í
a que las vacas tintineaban sus cadenas. Yo sab
í
a que hab
í
a vacas y que ellastintineaban mucho con sus cadenas, pero despu
é
s de un rato comenc
é
a dudarque eran s
ó
lo las vacas las que hac
í
an todos los ruidos que o
í
a. ¿No hab
í
aalguien caminando detr
á
s, en el pasillo de las vacas, acerc
á
ndose a mi cama? Yahab
í
a sido ense
ñ
ado a elevar mis plegarias nocturnales. Algunas de las palabraseran, "Se
ñ
or, convi
é
rteme, para que yo pueda convertirme". Ignorante de laparadoja, yo or
é
esa oraci
ó
n esa noche cual nunca hab
í
a orado antes.Yo no recuerdo hablar a mis padres sobre mi aflicci
ó
n. Ellos eran incapaces deproporcionar el remedio moderno. Psychology ni siquiera se encontraba en sumesa-biblioteca–ni tampoco The Ladies Home Journal. Aunque s
é
lo que elloshabr
í
an dicho. ¡No hab
í
a ning
ú
n fantasma por supuesto, y ciertamente no debotener miedo, puesto que con cuerpo y alma yo pertenec
í
a a mi Salvador quienmuri
ó
por m
í
en la cruz y resucit
ó
para que Su pueblo pueda ser salvo del infiernoy puedan ir al cielo! Yo debo orar seriamente y a menudo que el Esp
í
ritu Santopueda darme coraz
ó
n nuevo para que yo pueda amar a Dios de veras en lugar delpecado y a m
í
mismo.¿C
ó
mo s
é
yo qu
é
clase de cosa me habr
í
an dicho ellos? Pozo que era la clase decosa sobre la cual ellos de vez en cuando hablaban. O m
á
s bien,
é
sa era la clasede cosa que constituy
ó
la atm
ó
sfera de nuestra vida diaria. La nuestra no era enning
ú
n sentido una familia pietista. No hubo grande conmoci
ó
n emocional enninguna ocasi
ó
n que recuerde. Hab
í
a mucha dificultad sobre hacer heno en elverano y sobre el cuidado de las vacas y las ovejas en el invierno, pero en todoese contexto hab
í
a una atm
ó
sfera profundamente acondicionadora.Aunque no hab
í
a ninguna llovizna tropical de reavivamiento, sin embargo, lahumedad relativa siempre era muy alta. En cada comida la familia entera estabapresente. Hab
í
a una oraci
ó
n al comienzo y otra al final, y un cap
í
tulo de la Biblia

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