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Aprender a Orar - Francisco Cerro

Aprender a Orar - Francisco Cerro

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Aprender a Orar, por Francisco Cerro, obispo de Cáceres
Aprender a Orar, por Francisco Cerro, obispo de Cáceres

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Published by: Albertolopezespinosa on Nov 24, 2013
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APRENDER A ORAR ( P. Francisco Cerro )
 
APRENDER A ORAR, ORANDO
 Cuenta un pianista a sus amigos, que cuando deja de tocar un día el piano, él siente que ha  perdido facultades, cuando son dos días, dice que hasta su mujer se da cuenta y cuando son tres días lo nota hasta el público. Esta sencilla anécdota, aplicada a la oración diaria me dice que cuando dejamos de hacer poco a poco la oración nuestro corazón, nuestra interioridad pierde facultades, vamos notando el enfriamiento. Para una persona que no hace oración, Cristo acaba siendo nada, la historia de su alma se anula, tiene el peligro de que su fe se vaya haciendo cada vez más rutinaria, su esperanza se vaya esfumando y su amor cada vez más pobre. Esta introducción, te quiere ayudar a orar. Enseñarte como lo más sencillo de la oración,
 para que cuando te pongas a “remojo”, casi sin darte cuenta, descubras que tu oración te va
transformando. A orar se aprende orando. Jesús habló mucho de la necesidad de orar, con palabras y sobre todo con su ejemplo, pero a la hora de decir cómo tenemos que orar no enseñó un método, sino lo esencial de la oración, que debe ser confiada (Abba), con pocas palabras, solitaria y que detrás de nuestra oración tiene que estar la entrega de la vida. Las claves de la oración cristiana nos las ha dejado en el Evangelio. (Lee despacio Lc 11, 1). La oración cristiana es tirarse de cabeza al Agua Viva, confiando en que el Señor, como el sol, ca
si sin darte cuenta, va transformando con “Su Sol” tu corazón duro en uno semejante al
Suyo. ¿Quieres vivir la aventura más hermosa que soñaste en esta tierra y que no acabará jamás? ¿Quieres descubrir lo que encierra la verdadera Sabiduría? ¿Quieres orar
y descubrir que es una “gozada”, aún en medio de la sequedad?
 Yo te invito a orar, a pie descalzo, confiando. Mete en tu mochila una dosis de esperanza.  No te desanimes cuando lleguen las primeras dificultades, pues para llegar a la cima tenemos que
andar y caminar. El camino de la oración se hace a “golpe” de perseverancia, de aprender a aburrirse permaneciendo y amando al Señor sin “ser tu nada”. Te aconsejo que busques a una
 persona que te ayude y acompañe en el camino de la oración y.... se me olvidaba.  No está la cosa ni....
 – 
 en pensar mucho,
 – 
 en imaginaciones calenturientas,
 – 
 en sentir; Está en:
 – 
 permanecer amando,
 – 
 ofrecerse en confianza,
 – 
 pensar amando,
 – 
 atento a lo interior,
 – 
 trato de amistad.
 
Para Orar 
 
1)
Caer en la cuenta de una Presencia que lo llena todo.
 Dios es amor (1 Jn 4, 8), el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quieren vivir en tu corazón,
“hacer en ti morada”.
 Ahora que quieres comenzar a orar, debes de caer en la cuenta, donde estés, que estás envuelto en esa Presencia de amor y de amistad. Si estás en la capilla, una mirada al Sagrario te ayudará a descubrir la presencia-cercana del Señor. Si estás en tu habitación quizás te puede ayudar la imagen de un icono de Jesús y de la Virgen. También puedes pensar que si vives en gracia eres templo de la Trinidad, en tu corazón se unen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Si estás en la naturaleza que descubras todo lo creado como un regalo, donde se vislumbra
que el Señor pasó “dejando prendido de su hermosura”.
 Esta es la primera clave, muy importante y sencilla para orar. Si la oración es trato de amistad, no podemos hablar con un amigo sino lo tenemos presente. Recuerda aquel campesino que le decía al cura de Ars, impresionado por el tiempo que pasaba en la Iglesia,
“yo le miro y él me mira” ¡Que amistad tan sencilla!
 
2)
Invocar al Espíritu Santo 
 Después de dedicar unos minutos a descubrir su Presencia, debemos
de invocar al Espíritu Santo como Señor y dador de vida
 
Sin el Espíritu Santo no es posible la oración, pues sin él no podemos decir: “Jesús es el Señor”, es decir, no podemos hacer acto de fe, de esperanza y de caridad. Es el Espíritu Santo
el que va graband
o en nuestros corazones “los sentimientos de Cristo”. En la oración el
Espíritu Santo es la luz del alma, el calor del corazón, el dulce huésped, el padre de los pobres, que acude siempre en nuestra debilidad. Sería muy conveniente que aprendieses una invocación al Espíritu Santo, para que venga y habite en nuestros corazones y nos ilumine el sencillo, pero a veces arduo camino da la oración.
 
 
Secuencia al Espíritu Santo
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo,  brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas infunde calor de vida en el hielo doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos  por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
3)
Meditación 
 Quizás te cuesta mucho meditar. Al principio no es fácil pues estamos muy dispersos, tentados por miles de reclamos para nuestra imaginación.
Meditar es “saborear” todo el Amor que él Señ
or nos tiene. Es mirarle a El como te mira y  poco a poco ir adquiriendo un deseo irrenunciable de dejarse amar, amando al Señor con todo
el corazón, con todas las fuerzas, con todo el ser. Meditar es hacer lo que hacía María que “le
daba vueltas a las cosa
s en su corazón”.
 

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