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Mackie J.L. 1955 El Mal y La Omnipotencia Limpio

Mackie J.L. 1955 El Mal y La Omnipotencia Limpio

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Mackie J.L. 1955 El Mal y La Omnipotencia
Mackie J.L. 1955 El Mal y La Omnipotencia

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09/01/2014

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 J. L. Mackie, "Evil and Omnipotence,"
 Mind 
, New Series, Vol. 64, No. 254. (Apr., 1955), pp. 200-212.
1
 
El mal y la omnipotencia
Por: J. L. Mackie University of Sydney Los argumentos tradicionales a favor de la existencia de Dios ya han sido minuciosamente criticados por los filósofos. Pero el teólogo puede, si así lo desea, aceptar esta crítica. Puede admitir que no es posible ninguna prueba racional de la existencia de Dios, y a pesar de ello resguardar lo central de su posición sosteniendo que la existencia de Dios se conoce de alguna otra manera, no-racional. Sin embargo, creo que se puede presentar una crítica más elocuente partiendo del tradicional problema del mal. Ello permite mostrar no que las creencias religiosas carecen de sustento racional, sino que son positivamente irracionales, que varias partes de la doctrina teológica esencial son inconsistentes entre sí, por lo que el teólogo sólo puede mantener su  posición al precio de rechazar la razón de manera mucho más extrema que en el caso anterior. Deberá estar preparado para creer no solo algo que no puede ser demostrado, sino algo que puede ser
refutado
 partiendo de otras de las creencias que él mismo mantiene. El problema del mal, en el sentido en que utilizaré esa expresión, solo es un  problema para quien cree que existe un Dios que es a la vez omnipotente y bueno. Y es un problema lógico, el problema de esclarecer y reconciliar cierto número de creencias: no es un problema científico que pueda resolverse a partir de futuras observaciones, o un problema práctico que pueda resolverse mediante una decisión o una acción. Estas aclaraciones son obvias; las menciono únicamente porque a veces son ignoradas por los teólogos, quienes en ocasiones evaden la formulación del problema del mal mediante observaciones como: “Bueno, ¿puede
usted 
 resolver el problema”; o “Se trata de un misterio que nos será revelado más adelante”; o “El mal es algo que debe ser enfrentado y superado, no algo sobre lo que debamos discutir”. En su forma más simple, el problema del mal es el siguiente: Dios es omnipotente; Dios es enteramente bueno; y sin embargo, existe el mal. Parece haber alguna contradicción entre esas tres proposiciones, de modo que si dos de ellas fueran verdaderas, la tercera sería falsa. Pero, al mismo tiempo, las tres son parte esencial de la mayoría de las posturas teológicas: tal parece que el teólogo debe adherir a ellas, pero no puede adherir de manera coherente a todas ellas. (El problema no se les presenta únicamente a los teístas, pero aquí discutiremos la forma en que aparece para el teísmo corriente.)
1
 Los números entre llaves indican la paginación del original (en inglés).
 
Sin embargo, la contradicción no surge inmediatamente; para revelarla necesitamos algunas premisas adicionales, o quizá algunas [201] reglas cuasi-lógicas que conecten los términos ‘bien (bueno)’, ‘mal (malo)’ y ‘omnipotente (omnipotencia)’. Estos  principios adicionales son: que el bien se opone al mal de tal manera que algo bueno siempre elimina el mal en la medida en que es capaz de hacerlo y que no existen límites en cuanto a las cosas de las que es capaz un ser omnipotente. De ellos se sigue que algo  bueno y omnipotente elimina el mal completamente, y de ahí que las proposiciones de que existe algo bueno y omnipotente y de que existe el mal resultan incompatibles entre sí.
A. Soluciones adecuadas
Una vez planteado el problema, resulta claro que puede ser resuelto, en el sentido de que el problema no surgirá si renunciamos al menos a una de las proposiciones que lo constituyen. Si alguien está preparado para decir que Dios no es enteramente bueno, o no del todo omnipotente, o que el mal no existe, o que el bien no se opone al tipo de mal existente, o que existen límites para lo que un ser omnipotente puede hacer, el problema del mal no se le presentará (como tal) a esa persona. Hay, por lo tanto, varias soluciones adecuadas al problema del mal, y algunas de ellas han sido adoptadas, o casi adoptadas, por varios pensadores. Por ejemplo, algunos han estado dispuestos a negar la omnipotencia divina, y un grupo más numeroso ha aceptado mantener el término ‘omnipotencia’, pero restringiendo drásticamente su significado, señalando varias cosas que un ser omnipotente no puede hacer. Algunos han afirmado que el mal es una ilusión, quizá porque sostenían que todo el mundo de cosas mudables y temporales es una ilusión, y que aquello a lo que llamamos mal  pertenece únicamente a este mundo; o quizá porque sostenían que, a pesar de que las cosas temporales son tal y como las vemos, aquellas cosas a las que llamamos malas no lo son en realidad. Algunos han dicho que lo que llamamos mal es solamente la  privación del bien, y que no existe el mal en un sentido positivo, (en el sentido de) un mal que se opone al bien. Algunos han estado de acuerdo con Pope en que el desorden es armonía incomprendida, y que un mal parcial es un bien universal
2
. El que alguna de estas cosas sea verdadera es, por supuesto, un asunto aparte. Pero todas ellas ofrecen una solución adecuada el problema del mal, en el sentido de que si aceptamos alguna de estas opciones, el problema no se presenta (aunque, claro está, ello nos deje con otros  problemas a los que enfrentarnos).
2
 
 All nature is but art, unknown to thee;/ All chance, direction, which thou canst not see;/ All discord, harmony not understood;/ All partial evil, universal good;/ And spite of pride, in erring reason’s spite,/ One truth is clear, Whatever is, is right 
. (Pope, Alexander,
 Essay on Man
. Epistle i. Line 289 - http://www.bartleby.com/100/230.21.html.) – [Toda la naturaleza no es más que un arte que tú ignoras; / todo azar, intención que tú no logras ver; / toda discordia, armonía incomprendida; / todo mal parcial,  bien universal: / Y a pesar del orgullo y de la razón que yerra, / una verdad es clara: todo lo que es, es  bueno.]
 
Pero es bastante común que estas soluciones adecuadas sean adoptadas solo  parcialmente. Podemos albergar la razonable sospecha de que los pensadores que restringen el poder de Dios sin abandonar el término ‘omnipotencia’ también creen, en otros contextos, que el poder divino es realmente ilimitado. Quienes [202] dicen que el mal es una ilusión pueden quizás pensar, inconsistentemente, que esa ilusión es en sí misma un mal. Y aquellos que dicen que “mal” es simplemente la privación de bien  pueden quizá pensar, también de manera inconsistente, que la privación de bien es un mal. (Esta falacia es semejante a algunas formas de la “falacia naturalista” en ética, en la cual algunos suponen, por ejemplo, que “bien” es simplemente aquello que contribuye al progreso evolutivo, y que el progreso evolutivo es en sí mismo un bien.) Si lo que el primer verso del pareado de Pope quiere decir es que el “desorden” es solo armonía incomprendida, entonces -en atención a la consistencia- el “mal parcial” del segundo verso debería interpretarse como “aquello que, [considerado] de manera aislada,
 parece
 malo”, aunque sería más natural leerlo como “aquello que, [considerado] de manera aislada,
es realmente
 malo”. De hecho, el segundo verso del pareado oscila entre dos posiciones: una según la cual el “mal parcial” no es realmente un mal, dado que solo la cualidad universal es real; y otra según la cual el “mal parcial” es realmente un mal, aunque uno pequeño. Debemos reconocer, por lo tanto, que además de las soluciones adecuadas hay soluciones inconsistentes, insatisfactorias, en las que una de las proposiciones que constituyen el problema es solo tibiamente rechazada. En estos casos, una de las  proposiciones constitutivas es rechazada de manera explícita, pero esa misma  proposición se vuelve a afirmar o se presupone de manera subrepticia en otras partes del sistema.
B. Soluciones falaces
Además de las soluciones tibias, que a pesar de su rechazo explícito afirman implícitamente alguna de las proposiciones constitutivas, existen soluciones definitivamente falaces que mantienen explícitamente todas las proposiciones, pero que en el curso del argumento que se propone dilucidar el problema del mal implícitamente rechazan al menos una de ellas. De hecho, muchas de estas así llamadas soluciones pretenden eliminar la contradicción sin abandonar ninguna de las proposiciones constitutivas. No pueden sino ser falaces, como podemos ver por el mismo planteo del problema, pero no es tan fácil identificar en dónde reside en cada caso la falacia. Sugeriré que en todos los casos la falacia tiene la forma general que propuse más arriba: para resolver el problema se abandona una (o más) de sus proposiciones constitutivas, pero de tal manera que  parezca que no se la ha rechazado, y que por lo tanto pueda ser afirmada sin calificaciones en otros contextos. En ocasiones se presenta una complicación adicional: la supuesta solución oscila entre, digamos, dos de las proposiciones constitutivas, de a ratos afirmando la primera mientras rechaza subrepticiamente la otra [203], y de a ratos

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