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Las raíces cristianas de Europa

Las raíces cristianas de Europa

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LAS RAÍCES CRISTIANAS DE EUROPA
Memoria de un fecundo pasado y reto de futuro esperanzador


PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE EUROPA
LAS RAÍCES CRISTIANAS DE EUROPA
Memoria de un fecundo pasado y reto de futuro esperanzador


PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE EUROPA

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 PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE EUROPA
LAS RAÍCES CRISTIANAS DE EUROPA
 
Memoria de un fecundo pasado y reto de futuro esperanzador
En 1982 el Papa Juan Pablo II, visitaba nuestras tierras españolas como evangelizador y peregrino para confirmarnos en la fe. En la última etapa de aquel viaje, en Santiago de Compostela, dirigía a los pueblos de Europa un valiente mensaje sobre las raíces cristinas de nuestro continente: “Yo, Juan Pablo, hijo de la nación polaca que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones, cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos; yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades.” Os invitamos a recorrer los grandes hitos de nuestra historia europea y cristiana, a ahondar en nuestras raíces, a mirar el presente y el futuro de los pueblos europeos con la esperanza de saber que Jesucristo, el Señor de la historia, tiene abierto el futuro de nuestro continente.
EVANGELIZACIÓN DE LA IGLESIA ANTIGUA
“Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación” (Marcos 16,15). El mandato misionero del Señor resucitado a los apóstoles les lanzó como sus valientes testigos desde  Jerusalén hasta los confines de la tierra: el primero Santiago el Mayor, martirizado el año 44 en Jerusalén: “Éste fue, entre los apóstoles, el primero que fecundó la Iglesia con su sangre. Su sepulcro, venerado en Galicia, ilumina al mundo entero” ; san Andrés, el hermano de Pedro, martirizado en Acaya el año 60, y patrón de la Iglesia griega que “conduce en la caridad a las Iglesias de oriente, para llevarlas hasta la fuente por caminos de unidad” ; y, sobre todo, san Pedro y san Pablo, los príncipes de los apóstoles: Pedro, la Roca de la Iglesia , el Pastor del rebaño del Señor en Jerusalén, en Antioquia y, por fin, en Roma; y Pablo, el Apóstol de los gentiles; los dos, mártires de Cristo en Roma el año 67, “muriendo en la cruz uno y otro bajo la espada” , cuyos sepulcros consagran la Ciudad Eterna. Pablo, que quiere llevar a Cristo a los confines del mundo, tuvo la intención ir a España (cf. Romanos 15,24). La tradición de su visita a nuestras tierras es recogida con ardientes palabras por Pablo VI: “A cada uno de vosotros quiere abrirse nuestro corazón. Que la fe católica, aquella que en Pablo tuvo un heraldo, un paladín, un mártir, viva siempre en España; que las obras, derivadas de esta fe, sean el mejor testimonio de vuestro catolicismo, de cara siempre a todo lo bueno, a la caridad, a la justicia” . Así, en los primeros siglos de la Iglesia las tierras europeas son fecundadas por la predicación y la sangre de los apóstoles y los mártires. Hagamos también memoria de algunos mártires hispanos: el diácono romano Lorenzo, natural de Huesca; Vicente, diácono de Zaragoza; Eulalia de Mérida; Justa y Rufina de Sevilla; los niños Justo y Pastor de Alcalá. “La sangre de los mártires es semilla de cristianos” , dirá Tertuliano.
 
Alcanzada la paz constantiniana, se va a dar un diálogo fecundo entre la fe cristiana y la cultura grecorromana, realizado por los santos Padres de la Iglesia y formulado por los primeros Concilios ecuménicos. Junto a las formulaciones dogmáticas del misterio del Dios Uno y Trino, y de la persona divina de Jesucristo en sus dos naturalezas divina y humana, nacen el concepto de persona, la dignidad del ser humano, su libertad, la igualdad de todos los hombres, como fruto fecundo del encuentro de la sabiduría griega y el derecho romano con la luz del Evangelio. Lo mejor de Grecia y de Roma fue fecundado por la fe de la Iglesia y de modo armonioso surgieron los pilares de la civilización de Occidente. Son figuras señeras en el Oriente cristiano Atanasio, “preclaro defensor de la divinidad de  Jesucristo” , los íntimos amigos Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno, que “buscaron humildemente la verdad de Dios y la vivieron fielmente en el amor” , y Juan Crisóstomo, “pastor de almas a tiempo completo” , como lo describe Benedicto XVI. En Occidente destacan los grandes Padres de la Iglesia Latina : Ambrosio de Milán, “doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica” ; Agustín, quizá el primer pensador europeo, que así describe su conversión: “Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Me llamaste y me clamaste, y quebrantaste mi sordera” ;  Jerónimo, quien tuvo como nadie “una estima tierna y viva por las sagrada Escritura” ; y Gregorio Magno, modelo de pastor que “hizo llegar hasta el pueblo las corrientes del Evangelio, y después de muerto, aún sigue enseñando” . El ímpetu evangelizador llevaría la Buena Noticia hasta los últimos rincones del Imperio Romano. Las Galias son evangelizadas por Martín de Tours, soldado, monje y obispo, y uno de los santos más populares y conocidos de Europa, que “pobre y humilde, entró en el cielo cargado de riquezas” . Y Patricio, evangelizador de Irlanda, que sobrecogido exclama: "Muchos pueblos renacieron a Dios por mí” .
EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS BÁRBAROS
Con la caída del Imperio Romano la Iglesia no sólo renueva su impulso misionero con la evangelización de los bárbaros, sino también con la humanización de los pueblos europeos, trasmitiéndoles la cultura y civilización clásica. La figura señera es, sin duda, san Benito de Nursia, llamado
Patriarca de Occidente
y declarado Padre y Patrón de Europa por el Papa Pablo VI . El Papa actual II dice de él: “Al presentar a san Benito como
astro luminoso
, Gregorio [Magno] quería indicar en esta tremenda situación, precisamente aquí, en esta ciudad de Roma, la salida de la
noche oscura de la historia
(Cf. Juan Pablo II,
Insegnamenti
, II/1, 1979, p. 1158). De hecho, la obra del santo, y de manera particular su Regla, ofrecieron una auténtica levadura espiritual, que cambió con el pasar de los siglos, mucho más allá de los confines de su patria y de su época, el rostro de Europa, suscitando tras la caída de la unidad política creada por el Imperio Romano una nueva unidad espiritual y cultural, la de la fe cristiana compartida por los pueblos del continente. De este modo nació la realidad que nosotros llamamos
Europa
” . Los hijos de san Benito, enviados por los Papas a todos los rincones de nuestro continente, les llevan el Evangelio y la civilización. La inculturación alcanza uno de sus hitos más completos, como expresa acertadamente Pablo VI, al afirmar que san Benito y los benedictinos llevan a Europa las tres formas perfectas de
culto
: el cultivo de la tierra, la cultura antigua y el culto divino .
 
Entre los evangelizadores benedictinos destacan tres grandes obispos: Agustín de Cantorbery, evangelizador de Inglaterra; Bonifacio que implanta el Evangelio en Alemania con su predicación y martirio; y Óscar, evangelizador de los pueblos escandinavos. En la España Visigótica la Iglesia lleva a cabo el difícil encuentro de la civilización romana con los arrianos visigodos. Los Concilios de Toledo, entre los siglos IV y VII, serán el instrumento adecuado para la organización pastoral de la Iglesia y de la nueva sociedad civil. El más señalado fue el III Concilio de Toledo, celebrado en el año 589 y presidido por san Leandro, en el que el rey Recadero abjura de la herejía arriana, se convierte al catolicismo y se llega a la unidad católica de España. La figura clave de esta época, tanto para España como para todo el saber de la Edad Media , es Isidoro de Sevilla, el último Santo Padre de la Iglesia y padre también de la cultura europea de la Edad Media. De él dice Benedicto XVI: “Los intereses culturales y espirituales de Isidoro, tal y como emergen de sus mismas obras, comprenden un conocimiento enciclopédico de la cultura clásica pagana y un conocimiento profundo de la cultura cristiana. Isidoro es considerado como el último de los padres cristianos de la antigüedad. Pocos años después de su muerte, en el año 636, un Concilio de Toledo le definió como
ilustre maestro de nuestra época, y gloria de la Iglesia católica
” . Ahora bien, Europa no es sólo Occidente. Los países eslavos conocieron a Cristo al final del primer milenio por medio de la predicación y testimonio de los santos hermanos Cirilo, monje, y Metodio, obispo, evangelizadores de los pueblos eslavos y, por ello, declarados,  junto con san Benito, copatronos de Europa por el Papa Juan Pablo II. Así nos los presenta el Papa venido de Oriente: “Europa, considerada geográficamente y en su conjunto, es de algún modo el fruto de la acción de dos corrientes de tradición cristiana, a las que hay que añadir dos formas de cultura diversas, pero al mismo tiempo profundamente complementarias. San Benito, con su influencia, abarcó en un primer momento la Europa Occidental y Central. Pero, a través de los centros benedictinos, llegó también a otras partes de la tierra. Se sitúa, pues, en el centro mismo de la corriente que parte de Roma, de la Sede de los Sucesores de San Pedro. Por su parte, los Santos hermanos [Cirilo y Metodio] de Tesalónica ponen de relieve no sólo la aportación de la antigua cultura griega, sino la irradiación de la Iglesia de Constantinopla y de la tradición oriental, tan profundamente enraizada en la espiritualidad y en la cultura de tantos pueblos y naciones de la parte oriental del continente europeo. Nos encontramos en una época en que, después de siglos de división de la Iglesia entre Oriente y Occidente, entre Roma y Constantinopla, y a partir del Concilio Vaticano II, se han dado pasos decisivos hacia la comunión plena. Por esta razón, parece que la proclamación de los Santos Cirilo y Metodio como Copatronos de Europa junto con San Benito, responde plenamente a los signos de nuestro tiempo” . Por desgracia, junto a los grandes hitos de la difusión del Evangelio, al comienzo del segundo milenio la Iglesia va a sufrir la ruptura de la catolicidad. Las Iglesias de Oriente rompen la comunión con el sucesor de san Pedro y se produce el Cisma de Oriente, gran drama de la división de la única Iglesia de Cristo.
EVANGELIZACIÓN MEDIEVAL
Desde la caída del Imperio Europa no era más que una serie de pueblos sin conciencia de identidad común. En torno al Papado, a la llamada Reforma gregoriana, especialmente a la

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