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Cafeína-Reforma

Cafeína-Reforma

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12/06/2013

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REFORMA/ STAFF
L
as ferias libreras alrede-dor del mundo represen-tan un punto de encuen-tro para los amantes de la lectura, tanto hacedores del libro como apasionados de la lite-ratura. Un espacio donde con
uyen el arte, el mercado y el consumidor, las tendencias y los protagonistas.En la feria, un autor dará a cono-cer su obra y, sobre todo, se encontrará con lectores apasionados y con cole-gas que enriquecerán su labor; un edi-tor se encontrará con clientes y cole-gas que potenciarán sus negocios, co-menta Gabriela Adamo, directora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.El agente literario Guillermo Schavelzon explica que existen dos tipos de ferias que es imprescindible diferenciar: las dirigidas al público y las exclusivamente profesionales.“Las primeras son un acto masi-vo de promoción del libro y la lectu-ra, un evento magní
co que sirve pa-ra acercar a los libros a mucha gente que no entra a una librería en todo el año”, dice Schavelzon.Entre éstas, ejempli
ca,
guran Guadalajara, Palacio de Minería en el DF, Buenos Aires, Bogotá o Chile.“Las profesionales son algo muy diferente, es donde los operadores de contenidos, es decir, editores y agen-tes literarios, nos vemos cara a ca-ra para que unos le digan a otros qué buscan y poder ofrecerlo, al mismo tiempo es la oportunidad que tenemos los agentes para promover a los auto-res que representamos y que necesi-tan presentación personalizada”, dice. “Cuando se trata de combinar ambos objetivos, siempre la parte dirigida al público desborda a la profesional”.De las ferias profesionales, desta-can Frankfurt y Londres.Para Schavelzon, en las dirigidas al público, un autor se encuentra con sus lectores, o con su público, lo que tiene un valor incalculable, mientras que en las ferias profesionales la pre-sencia de un autor no tiene ningún sentido ni le aporta nada.Desde su experiencia como di-rector de la Feria del Libro de Madrid, Teodoro Sacristán explica que los be-ne
cios para un autor y un editor son tan diversos que la feria española es una buena oportunidad para todos.“Convierte al editor en distribui-dor y librero a un tiempo, ya que pue-de exponer su fondo editorial comple-to en un espacio céntrico y enorme, al-go imposible en las librerías. Por otra parte, el librero salva unos meses pre-vios que pueden ser difíciles e incluso agónicos debido a la crisis actual”, ex-presa Sacristán.“Respecto a los autores, la totali-dad de ellos celebran este encuentro con sus lectores, en el que se progra-ma un total de 3 mil 600 actos de
r-mas de libros en los que se intercam-bian opiniones entre autores y lecto-res, y no conozco otro sitio en el que la participación de este tipo de actos, que son muy enriquecedores para autores y lectores, sea tan numerosa”.Como directora de la Feria Inter-nacional del Libro de Bogotá, Diana Rey señala que en el caso del evento colombiano los bene
cios son gran-des, ya que es un lugar para conocer el mercado de todo el continente.“Un editor puede encontrar to-do el mercado disponible en Améri-ca Latina en la feria de Bogotá. Ade-más, como es una feria con doble vo-cación, tiene la posibilidad de grandes ventas al detalle, así como de negocia-ciones con los grupos de bibliotecarios, agentes,
scouts
 y otros editores de to-do el mundo”, comenta Rey.“Para los autores, el bene
cio es la alta asistencia, y la garantía de que tendrán una visibilidad de gran im-pacto. Las
rmas en la feria suelen du-rar horas, y un autor que venga a Bo-gotá es un autor que consigue nuevos miles de lectores”.Sobre si las ferias siguen siendo importantes en estos tiempos de In-ternet, Adamo opina que no existe una competencia.“Los hábitos de lectura van mu-tando, pero la fiesta del encuentro con otros lectores, con autores y con la gran oferta de libros que ofrecemos sigue sin tener competencia. “Nuestro objetivo es que la feria sirva para despertar el apetito de lec-tura o abrir puertas a nuevas lecturas en el millón de personas que nos vi-sitan", concluye.Para Yeana González, de Edicio-nes B México, entre los bene
cios de participar en ellas está entrar a una di-námica de autopromoción; y, al care-cer de medios privados o estatales que fomenten la industria, las ferias sirven para exponer su fondo y a su posible lector a su oferta de lectura.En cuanto a bene
cios económi-cos, González asegura que no los hay.“Es difícil recuperar la inversión en una feria donde llevas autores, don-de pagas un espacio y contratas per-sonal que lo atienda. Apuestas a recu-perar tu inversión como primer obje-tivo”, dice. Para que las ferias libreras sean más redituables y útiles para promo-
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NOVIEMBRE-DICIEMBRE
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portada 
 
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 El reto será crear alrededor de los libros una programación cultural robusta para que se conviertan en espacios de venta, pero también de reflexión”
Ferias libreras
Sus principales atracciones son los libros y los premios consisten en un encuentro con la literatura y los protagonistas. Son las ferias libreras que se extienden por el mundo en busca de lectores.
CITA LECTURA 
UNCON LA
Diana Rey,
Feria de Bogotá
 
NOVIEMBRE-DICIEMBRE
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ver el libro y la lectura, sobre todo en un país como México, González reco-mienda no obstaculizar los canales de venta y adecuar la promoción de este tipo de ferias (cuando son nacionales) en las plataformas correspondien-tes, que cada estado asigne su presu-puesto real y no un presupuesto
ltra-do, invitar a nuevos autores y no a los mismos que están en la cúpula de la política cultural, y fomentar los pro-gramas de lectura infantil.La poeta y editora mexicana Jean-nette Clariond señala que en los even-tos libreros también puede encontrar-se paz, conocimiento y re
exión.¿Qué hay en una feria de libros además de libros?, se pregunta la edi-tora de Vaso Roto.“Tinta, hay que buscar libros bien editados, buenas traducciones, bue-nos títulos, saber qué se está dicien-do en otras partes del mundo”.Clariond destaca los bene
cios de participar en estos encuentros, pe-ro también los inconvenientes que re-presenta para las editoriales.“Los pequeños editores siempre debemos pensarla dos veces, no por-que no nos interese, nos debemos a todos los lectores, sea que estén en Acapulco, Hermosillo o Mérida. Nos signi
ca un gasto, y eso debemos pen-sarlo”, aclara.“Pero hay ferias en México deter-minantes que nos ayudan a darnos a conocer, y quiero hacer hincapié, en este mundo. Nosotros no podemos operar con las reglas del mercado, es-to es, lo global. Hay editoriales que lo hacen. En nuestro caso, ofrecemos los libros en los que pusimos nues-tra fe. ¿Se van a vender bien? No lo sabemos. Pero los vamos a dar a ver. A eso vamos, y para eso trabajamos, y mucho”.Clariond comparte también su experiencia como lectora.“La FIL es una delicia para visi-tar, y esto lo he venido haciendo des-de siempre, no ahora como editora.  Y, Minería, ¿por q? Por la selección. Si haces un viaje sólo por ese motivo, debes sentir que ha valido la pena. El año pasado me encontré en Guada-lajara a un chico, David Martínez, a quien había visto hacía un mes en Chihuahua, en una lectura en Filoso-fía y Letras. ‘¿Qué haces?’, le pregunté. ‘Vinimos en autobús a la FIL’”, narra.“Lo vi recorrer los stands, con una hoja en la mano, recorriendo las na-ves, preguntando por autores; chicos con sed, y, claro, alumnos de un gran maestro que seguro instigó en ellos el amor por el libro”.
LOS DEFECTOS
Más allá de su función como festi-vales culturales, que es así como re-sultan atractivas para el público que acude a los conciertos, a las presen-taciones y conferencias, a ver cuen-tacuentos, etcétera, antes que a bus-car y comprar libros, señala el escritor y editor tapatío José Israel Carranza, las ferias son, cada vez más, ocasio-nes para constatar cómo a la indus-tria editorial le falta imaginación pa-ra sobrevivir a su crisis perpetua y para precaverse ante el rezago que la amenaza.“Son resúmenes de mucho de lo que se hace mal: libros caros, catálo-gos erráticos, distribución de
ciente, desdén por el lector —evidente en las ediciones poco o nada cuidadas—; es-trategias mercadotécnicas fallidas”.Pero, aclara, hay excepciones.“Editores audaces o sencillamen-te inteligentes, por los que sigue va-liendo la pena darse una vuelta a una feria del libro. Pero el hecho de que sean excepciones subraya lo lamenta-ble del estado general de la industria, sujeta como está a inercias que pare-cen irremediables, y eso por no ha-blar del desempeño del Estado y de las instituciones de educación supe-rior en su papel de editores”.Hoy, asegura, un lector con algu-nas mínimas destrezas para la nave-gación por Internet tiene facilísimo encontrar lo que se proponga (y muy frecuentemente gratis).“Ir a las ferias del libro es una cos-tumbre que irá volviéndose cada vez más inservible”.Ferias como la de Guadalajara o la de Frankfurt sirven sobre todo co-mo centros de negocios, y eso las ex-plica, señala Carranza. Que en la pri-mera haya además exposición y ven-ta al público, un festival cultural y una concentración de actividades acadé-micas y políticas de muy diversa ín-dole es cosa aparte, y año con año sigue habiendo públicos multitudi-narios para todo... aunque no nece-sariamente ese público esté formado por lectores. Desde Guadalajara, Carranza se-ñala los bene
cios y los defectos que encuentra en la FIL.“Como editor, una relativa cerca-nía con los lectores, la posibilidad de entablar o rea
rmar relaciones profe-sionales, el contacto con los autores; como escritor, el encuentro o reen-cuentro con los colegas (en el mara-tón de presentaciones que atestan el programa, pero también en la
esta sostenida que envuelve a toda feria); fuera de eso, nada que no pueda con-seguirse en la vida real: las ferias son sencillamente intensi
caciones de lo que ocurre en lo habitual.“Y, como lector, más bien poco: pocas novedades inconseguibles en otro lugar, pocas ofertas, alguna vez la oportunidad de presenciar la partici-pación de algún autor estimable”.Evidentemente, señala Carranza, no todas las ferias tienen los mismos problemas: si para la FIL de Guada-lajara una di
cultad puede ser la des-mesura (razón de sus muchas iner-cias), otro tanto será la precariedad para la feria municipal que se arme con dos o tres carpas y un modesto escenario en la plaza de armas de una ciudad en la que no haya ni una libre-ría. Pero no han de ser tan poco redi-tuables ni tan inútiles, porque si no no seguirían organizándose.
 
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Ferias libreras
    H   o   r   a   c    i   o     S    i   e   r   r   a
 Nuestro objetivo es que la feria sirva para despertar el apetito de lectura o abrir puertas a nuevas lecturas”
Gabriela Adamo,
Feria de Buenos Aires

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