Luis Carlos Galán, el padre
Por: Juan Manuel Galán
Galán vive en el cariño de la gente y vivirá si las nuevas generacionesasumimos el reto de enarbolar sus banderas de renovación.Hace algunas semanas recibimos unas cajas que estabancuidadosamente guardadas desde nuestra partida después delasesinato de mi padre. Mi mamá nos pidió a mis hermanos y a mí abrirlas para descubrir su contenido. Se trataba del más valioso delos tesoros para nosotros: una parte importante de la biblioteca de mipadre. Descubrimos colecciones de clásicos de la literatura, catálogosde los grandes museos de arte en el mundo y memorias de losgrandes líderes políticos del siglo XX.Para mí, ninguno de esos libros puede compararse en valor con unoque tiene dos características irrepetibles: el tema, mis primeros añosde vida y el autor, mi padre. Más allá del contenido, lo importante esque revela la naturaleza y el talante de la paternidad de Luis CarlosGalán. Se tomó varias horas para escribir a mano cada página en unnivel de detalle sorprendente.En forma disciplinada, hizo un estricto seguimiento mes a mes, añotras año, de mi evolución física y de los rasgos de mi personalidad. Ellibro termina con un listado minucioso de objetos que destruí durantenuestra permanencia en Roma, cuando mi padre ocupó la Embajada,las reparaciones respectivas y su costo económico. En la conclusiónfinal decía que guardaba la esperanza de que algún día yo le pagaríael equivalente de su valor para “no poner en peligro el patrimoniofamiliar”.A mediados de los años 80, vivía mi padre uno de los períodos demayor zozobra por el ambiente de inseguridad y las amenazas, a talpunto que decidió salir del país. Viajó al Reino Unido con el apoyo deMalcolm Deas, quien lo recibió en Oxford y lo alojó en su estudio.Tenía una alarma instalada por la policía en caso de emergencia. Undía tuvieron que llegar la policía, los bomberos y el cuerpo de rescatede la ciudad, pero no por un atentado. La causa fue una olla de arrozque intentó preparar para la llegada de mi mamá.En otra de las cajas que destapamos encontré varias postalesenviadas durante los seis meses de exilio forzoso. Entre ellas estabauna tarea para su clase de inglés con el título: “My Son Juan Manuel”, “Mi hijo Juan Manuel”. En una cuartilla describía mis gustos y mipersonalidad con la agudeza y el sentido del humor que siempredistinguieron las crónicas que redactó cuando ejerció el periodismo.
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