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Nitoglia I

Nitoglia I

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LA TESIS DE CASSICÌACUM. El Papado Material. Para un debate sereno.
Por d. Curzio Nitoglia
«En este pasaje del Evangelio de Marcos (VI, 47-56) está certeramente escrito que la nave (o sea la Iglesia) estaba en medio del mar, mientras que Jesús estaba a solas en la tierra firme: porque a veces la Iglesia está tan oprimida y atormentada por las persecuciones del mundo, y queda tan sucia y contaminada que en estas circunstancias parecería, si fuese posible, que su Redentor la hubiese abandonado completamente.».
San Beda -
In Marcum 
, cap. VI, lib. II, cap. XXVIII, tomo 4.
 
Introducción
 Un eminente teólogo dominico, el padre Michel Louis Guérard des Lauriers, frente a la tragedia del Concilio Vaticano II y del
 Novus Ordo Missae,
ha elaborado una “
Tesis
” llamada “
de Cassicìacum
”, según la cual por lo menos desde la promulgación de
 Dignitatis humane
(7 de diciembre de 1965) la Sede de Pedro está
 formalmente vacante
. O sea, Pablo VI era Papa sólo materialmente o en potencia, pero no formalmente o en acto. La distinción entre materia/forma, potencia/acto no es de su invención (como lo quisieron hacer creer muchos de sus detractores); sino que fue elaborada por Aristóteles, perfeccionada por Santo Tomás de  Aquino con el
ser como acto último de cada forma o esencia,
canonizada por el Magisterio desde el siglo XIII y especialmente por el Concilio de Trento en lo que respecta a los Sacramentos (materia, forma  y ministro)[1]. Sin embargo,
si se la aplica al Papado
,
esa distinción puede funcionar hasta la muerte del “Papa material”, pero no más allá.
 En este artículo trato de explicarlo a los lectores, a quienes estén más desorientados por la doctrina del Concilio Vaticano II, y del post-concilio, y por las incertidumbres de la resistencia “tradicionalista” contra las novedades modernistas, y quienes se vuelven hacia la tesis del Papado Material, que parece tener un fundamento lógico, para resolver el problema de la Autoridad en la Iglesia. Haciendo esto piensan estar defendiéndola y terminan aniquilándola. Ciertamente ante la debacle del ámbito eclesial surge espontáneamente la pregunta: «¿Cómo puede ser  verdadero “Cristo en la tierra”, aquél que besa el Corán, que va a la sinagoga a proclamar a los judíos “padres del cristianismo”, que rejunta todas las religiones falsas con la verdadera en Asís...?» Pero pasar de esa pregunta, a teorizar la “Tesis teológica” de la Vacancia del Papado (y no solo del Papa, sino de los cardenales, de los obispos, de los párrocos) durante cincuenta años consecutivos, y a organizar el correspondiente “Movimiento Religioso” con una disciplina moral y litúrgica extremadamente detallada, que aplica la “Tesis” a los casos prácticos y que llega a negar los sacramentos a quien no esté de acuerdo con esa “Tesis”, considerada una “especificación de un acto de fe”, ese paso es demasiado largo. Y cuando el paso es “más lago que una pierna”, no conduce a algo bueno sino a un resbalón ruidoso. No quiero denigrar a los 'sedevacantistas', quienes fueron marginados y acusados desde hace mucho en el ambiente “tradicionalista”, aún cuando acompañaran muchas críticas del tradicionalismo con sus teorías y su forma de ser llevada al límite. Ellos tienen de su lado algunos elementos positivos: (estudio serio de la Iglesia y del Papado a la luz de la lógica, de la eclesiología, del problema de la anti-Iglesia, del integrismo romano que fue ampliamente olvidado en el ámbito “tradicionalista”, en el antimodernismo clásico, etc.). Sin embargo, me permito recomendarles –habiendo sido yo mismo 'sedevacantista' por  veinte años[2]– que eviten los excesos porque no ayudan a conducir las almas al Paraíso (
suprema lex  Ecclesiae: salus animarum
”), por ejemplo el sostener que de manera cierta todos los sacramentos de sacerdotes ‘no sedevacantistas’ sean inválidos o gravemente pecaminosos y que por eso no hay que acercárseles o por ejemplo, la tendencia a las críticas personales, que desemboca en chismes de todo tipo (ahora se ataca con acusaciones personales infundadas a Mons. Williamson). Cada exceso es un defecto. El Padres Guérard des Laurier, (a quien todavía estimo profundamente como hombre, sacerdote  y teólogo, aún si no comparto más su Tesis teológica[4]) era ajeno a tales bajezas, aún dotado, como estaba, de una fuerte vis polémica, porque la “lucha por la verdad” no hay que confundirla con el chisme, la calumnia, el engreimiento y la malevolencia.
El Papado Material y la Iglesia Virtual
 Es de fe que la Iglesia durará hasta el fin del mundo (“Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, Mt., 28,20). Y es de fe definida que Cristo ha dado a su Iglesia una Jerarquía (Papa y Obispos), que durará hasta el fin de la Iglesia (
Conc. Trid 
., DB 966). Los protestantes, en cambio, reconocen solo el
 
sacerdocio general de todos los fieles y niegan la Jerarquía, o sea el Papado y el Episcopado. Ellos fueron condenados como heréticos por el Tridentino. El Concilio Vaticano Primero define, y es de Fe:
“Cristo quiso que en su Iglesia, hasta el fin del mundo, hubiesen Pastores y Maestros”
(DB 1821), que son los Obispos sucesores de los Apóstoles y sometidos al Primero o Príncipe de los Apóstoles, que es Pedro y sus sucesores en la Sede Romana (DB 1828). Quita al “primero” y todo se cae. Además es de fe que “Cristo estableció a Pedro
 primero entre los Apóstoles
 y Cabeza visible de toda la Iglesia”
Conc. Vat. I 
, DB 1823). Entonces la Iglesia ha de apoyarse en Pedro, en los apóstoles y en sus sucesores (Papa y Obispos) hasta el fin del mundo: se sigue lógicamente que deberá haber al menos dos obispos según la interpretación más restrictiva del Concilio Vaticano I, y un Papa, el
 Primero entre los Apóstoles
 (según el Orden y la Jurisdicción). Ahora bien, los ‘sedevacantistas mitigados’ que siguen la ‘Tesis de Cassiciacum’, admiten que deban haber siempre en la historia de la Iglesia al menos dos Obispos válidamente consagrados, con Fe íntegra y Jurisdicción (
 Magisterium, Imperium et Sacerdotium
), pero
niegan que deba haber un  Papa en acto, para ellos es suficiente un Papa en potencia
. Esta distinción no me parece aceptable. De hecho... ¿Cómo podría apoyarse la Iglesia en un Papa que no es todavía el Papa en acto, sino que es un  bautizado electo por los Cardenales, que no ha aceptado aún la elección canónica, por lo cual todavía no es el Papa? La Iglesia (como cualquier ente) no puede apoyarse y fundarse en la potencialidad y en el devenir, sino sólo en el acto y en el ser. De otro modo sería una Iglesia Potencial, virtual, e
in fieri 
.  Además, no puede ser que falten, junto al Papa en acto, también el Colegio Cardenalicio capaz de suplir al Papa difunto gobernando con autoridad (una suerte de colegio “vicario” del Vicario de Cristo, porque un Colegio Cardenalicio material, que puede elegir válidamente al Papa, pero no gobernar en acto a la Iglesia, no salva la apostolicidad formal). Ni tampoco que falte el Episcopado universal con jurisdicción en acto, con cada Obispo en su Diócesis [5], que mantenga así la unidad y la existencia de la Iglesia a la espera de la elección de un nuevo Papa. Si fuese así, nos encontraríamos ante un estado de ‘Iglesia  vacante’, más que solo de ‘Sede Papal vacante’.
Unidad y Apostolicidad de la Iglesia
 La Unidad es una característica esencial de la Iglesia y se concreta en su única Cabeza Visible, el Romano Pontífice, a quien nos remonta el principio de la sucesión apostólica (o Apostolicidad formal, la simple apostolicidad material no es suficiente para caracterizar a la Iglesia de Cristo). Entonces sin Pedro, o sin Papa, no subsiste la Iglesia, que está en comunión con Cristo mediante el Príncipe de los Apóstoles [6]. Por eso, lo que sucede fuera de la única cadena ininterrumpida de Pedro y de sus sucesores está fuera de la Unidad y de la Apostolicidad formal de la Iglesia [7] y evidencia las ramas secas que se apartaron del tronco vital de la Iglesia de Cristo. La apostolicidad es, en la crisis que vive el ámbito eclesial, la nota más útil e importante para entender qué sucede y remediar el mal. Sin Apóstoles no subsiste la Iglesia de Cristo, ya que Jesús mismo la fundó sobre ellos. Pero
sin el Príncipe de los Apóstoles
, sin Pedro, que es la piedra secundaria y subordinada a Cristo,
los Apóstoles quedan separados de Cristo
. Es, entonces, absolutamente necesaria la presencia del Papa (y no solo de los Obispos) en acto y en ser (y no en potencia o
in fieri 
). De hecho, si la Iglesia estuviese en potencia o en devenir, quiere decir que en acto todavía no existe, y Cristo no estaría con ella, como lo prometió, todos los días desde el Calvario hasta el fin del mundo: sino que estaría por intervalos, algunas veces en acto o en ser, y otras veces solo en potencia o
in fieri 
. Pero no, Cristo ha fundado su Iglesia sobre una única cadena ininterrumpida de Papas en acto de ser, y no en un devenir perpetuo o intermitente: Pedro y los Apóstoles eran Papa y Obispos en acto y formalmente, no en potencia, no
in fieri 
, no sólo materialmente. La Iglesia se apoya sobre el ser, sobre el acto, y sobre la forma; no sobre el “
devenir” 
, sobre la potencia, y sobre la materialidad; una “iglesia” así se parecería más a la “Iglesia cósmica” del “Cristo cósmico” en perpetua evolución de Teilhard de Chardin. Por eso la Iglesia o el “
 Papado material” 
 (o “
en devenir” 
) –que desde hace cuatro Papados no pasó al acto y ha interrumpido la unidad y la sucesión apostólica formal de Pedro– es una Papado concebido por la mente de un hombre, quizá por la mente de un grandísimo teólogo (pero que no es ni Cristo en la Tierra ni el Magisterio Eclesiástico), pero no por la Iglesia amada de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
‘Sede vacante’ sí, ‘Iglesia vacante’ no
 
a) ‘Vacante Sede Apostolica’ tras muerte de un Papa, sí
 
 
Los canonistas y teólogos definen, y por lo tanto distinguen, el período de
Vacancia de la Sede Apostólica
que va desde la muerte de un Papa hasta la elección del siguiente) y la
ausencia de Autoridad o de  Jerarquía en la Iglesia
(que es “Sedevacantismo” mitigado o absoluto). Durante el Cónclave los Cardenales no pueden emitir nuevas leyes, pero no deben permitir que los derechos de la Sede Apostólica sean disminuidos, vigilándolos y manteniéndolos vigentes. (cfr. San Pio X,
Vacante Sede Apostolica,
25 dic 1904; Pio XI,
Quae divinitus,
26 mar 1925; Pio XII,
Vacantis  Apostolicae Sedis,
8 dic 1945). Entonces, si bien ha muerto el Papa, los Cardenales tienen todavía cierto poder en la Iglesia Universal, como Obispos mantienen la Jurisdicción en sus Diócesis y los Párrocos en sus parroquias. En cambio, en el caso práctico del “Sedevacantismo” nos encontrarnos en una vacancia total (o solo formal) del
 poder de Jurisdicción
 del Papa, Cardenales y Obispos esparcidos por el mundo a partir de 1958/1965, y también en un estado de privación del
 poder de Orden
 (desde 1970). O sea que la Iglesia jerárquica ya no existiría más (según su poder de Jurisdicción), habría desaparecido totalmente o al menos formalmente según la “Tesis de Cassicìacum”, ya que según esta tesis la Autoridad Pontificia desde Pablo VI hasta hoy sería sólo material o potencial; y además de eso el Sacerdocio habría desaparecido a partir de 1970 – ya que el Sedevacantismo lo considera inválido si se confiere con el nuevo Sacramentario de Pablo VI del 1970. En cambio, Jesús prometió a la Iglesia la indefectibilidad [8], diciendo: “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo” (
 Mt.,
XXVIII, 20) y “las puertas del Infierno no prevalecerán contra mi Iglesia” (
 Mt.,
XVI, 19). Por eso Su Iglesia durará hasta el fin del mundo, conservando
1°)
la Jerarquía
,
 ya que la Iglesia es  jerárquica y monárquica por Voluntad divina y así quedará hasta el fin de los tiempos;
2°)
el
 Sacerdocio,
 ya que sin Sacerdocio y sin Sacrificio no hay Religión.  A propósito de esto, San Ambrosio de Milán (
 Liber de Salomone,
 cap. 4) compara la Iglesia a una nave que “es agitada continuamente por las olas y tempestades del mar, pero que jamás podrá naufragar porque su palo mayor es la Cruz de Cristo, su timonel es Dios Padre, el custodio de la proa es el Espíritu Santo, y los remeros son los Apóstoles” [9]. San Beda (
 In Marcum,
cap. VI, lib. II, cap. XXVIII, tomo 4) comenta: «En este pasaje del Evangelio de Marcos (VI, 47-56) está certeramente escrito que la nave (o sea la Iglesia) estaba en medio del mar, mientras que Jesús estaba a solas en la tierra firme: porque a veces la Iglesia está tan oprimida y atormentada por las persecuciones del mundo, y queda tan sucia y contaminada que en estas circunstancias parecería, si fuese posible, que su Redentor la hubiese abandonado completamente.» El Colegio de los Cardenales es todavía árbitro en acto, a pesar de la muerte del Papa, para los
casos urgentes
, o sea de
 foro interno
 y de
conciencia
, que resuelva por mayoría de votos. Además cada día debe reunirse una “Congregación general” de todos los Cardenales en Cónclave Y por demás, los Cardenales quedan encerrados bajo llave y “puestos en molestas condiciones de vida para abreviar lo más posible la Vacancia de la Sede Apostólica” [10], cuya dilatación por medio siglo es contraria a la naturaleza de la Iglesia. En cambio, según el “Sedevacantismo”, esa sería la situación de la Iglesia desde 1965. Muerto el Papa cesan los oficios de todos los Cardenales, salvo
a)
 el del “Cardenal Penitenciario Mayor” que sigue ejerciendo las funciones más importantes, o sea los casos de fuero interno y conciencia (cfr. Pio XI,
Quae divinitus,
26 marzo 1925); b) del del “Cardenal Camarlengo” [12], que, lejos de disminuir sus funciones o cesar, maximiza sus funciones de administración de los bienes temporales de la Sede  Apostólica; c) las “Sacras Congregaciones” [13] y los “Tribunales Eclesiásticos” [14] que siguen funcionando limitadamente con sus facultades ordinarias, salvo las no-urgentes que pueden ser postergadas hasta después de la elección del Papa. San Pío X también quiso, sabiamente, que la certeza y validez de la elección del Papa quedase fuera de toda discusión y por eso eliminó cualquier sanción invalidante de la elección del Pontífice que hubiese sido establecida por algún Papa precedente (por ejemplo, el Papa Julio II en 1505 había sancionado la simonía como invalidante de la elección pontificia) [15]. Por lo que respecta a la Simonía, ella consiste en el intercambio, gravemente ilícito, de bienes espirituales por bienes materiales (por ejemplo, un Cardenal compra la elección pontifica por 10 millones). Ahora  bien, Santo Tomás equipara la simonía con el ateísmo o la irreligiosidad: el simoníaco no cree en Dios

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