Estas situaciones,que se colocan en una posici
ó
n equidistante entre las que caracterizan alas sociedades postindustriales y las propias de las zonas m
á
s atrasadas del Tercer Mundo,abarcan, en verdad, el mayor potencial de acumulaci
ó
n demogr
á
fica, econ
ó
mica y tecnol
ó
gica deAm
é
rica Latina. Expresan un universo social que, aunque injusto, econ
ó
micamente estancado ypol
í
ticamente agobiado por la herencia de autoritarismos de diverso signo, ni carece de latradici
ó
n de un estado liberal de derecho, ni de grandes movimientos pol
í
ticos de masas, ni est
á
viviendo o acaba de vivir recientemente procesos de modernizaci
ó
n que acent
ú
an lasdesigualdades sociales y liberan nuevas
é
lites para la direcci
ó
n revolucionaria de marginalesurbanos y rurales encadenados a situaciones de extrema miseria.En las sociedades que tomaremos como referencia no se trata de
fundar
un Estado desde lasruinas de una situaci
ó
n patrimonialista que se muestra incapaz de controlar los efectos de lamodernizaci
ó
n —como en algunos escenarios de Am
é
rica Central y del Caribe— sino desuperar, mediante la estabilizaci
ó
n de gobiernos democr
á
ticos, una doble crisis: por un lado, lade los populismos ligados con un momento social de la industrializaci
ó
n dif
í
cilmente repetible, ypor otro,la de los autoritarismos militares que buscaron, mediante la imposici
ó
n violenta de unatecnolog
í
a represiva, ajustar esas sociedades a las nuevas condiciones del mercado mundial. Sudesaf
í
o, en condiciones econ
ó
micas de enorme restricci
ó
n, y frente a una melancol
í
a colectivapor el populismo y a la l
ó
gica acumulaci
ó
n reivindicativa provocada por el autoritarismo, es el deconstituir no solo un gobierno sino tambi
é
n, en el mismo movimiento, un sistema, lo queobviamente implica operar con dos l
ó
gicas de acci
ó
n pol
í
tica diferentes. Todo ello, por a
ñ
adidura,en el interior de un cuadro sociopol
í
tico muy complejo en el que variados actores cuentan conrecursos de poder como para poner en marcha mecanismos permanentes de veto rec
í
proco.2. La doble tareaTratar de constituir a la vez un gobierno y un sistema parece imponer, como requisito, unagran centralizaci
ó
n del poder. En ese sentido, tal situaci
ó
n se acercar
í
a a la propia de losprocesos de fundaci
ó
n revolucionaria de Estados, recientemente aludidos. Ello es as
í
porque enambos casos se trata de poner en funcionamiento un espacio de
reglas constitutivas,
o sea, unadimensi
ó
n en la que se definen los l
í
mites de la legitimidad; las nuevas reglas de juego con queel sistema va a operar. La pol
í
tica adquiere, en esos momentos, un sentido preferentementeautorreferencial: las luchas pol
í
ticas son, en primer lugar, luchas para definir la pol
í
tica.Pero las similitudes se agotan aqu
í
. En la consolidaci
ó
n de las situaciones “revolucionarias”,el juego pol
í
tico se ir
á
centralizando cada vez m
á
s hasta llegar a una situacion en la cual las
reglas normativas
propias del grupo que ocupa el centro del proceso de toma de decisiones seidentifican con las
reglas constitutivas,
igualando al sistema con el gobierno y eliminando de ra
í
ztoda disidencia.
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