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La consolidaci
ó
nde la democraciaen sociedades conflictivasJuan Carlos Portantiero
1. El problemaEn el cuadro de una situaci
ó
n mundial que algunos observadores tienden a definir como unamutaci
ó
n civilizadora, es decir, como algo m
á
s (y distinto) de una crisis coyuntural que podr
í
aencontrar m
á
s o menos r
á
pidamente una recomposici
ó
n a trav
é
s de alg
ú
n principio reunificador,la situaci
ó
n de Am
é
rica Latina parece ir m
á
s all
á
de un desequilibrio funcional en las relacionesentre econom
í
a y pol
í
tica. Aun cuando naturalmente ese tipode crisis exista y genere efectos deingobernabilidad en la mayor
í
a de las sociedades del continente, los desajustes aparecen comoexpresi
ó
n de inquietudes m
á
s profundas y totales. Podr
í
a decirse que la crisis, al desplazarsehacia un campo de mutaciones sociales y culturales, ataca la estabilidad sostenida sobreconsensos valorativos y se instala en el “mundo vital” de los hombres.A partir de all
í
tiene sentido la pregunta sobre escenarios posibles que dise
ñ
en los rasgos delos cambios por venir, no para intentar modelos ut
ó
picos de una sociedad perfecta, transparente,finalmente cerrada, sino modelos de conflicto y de reglas para procesarlos. En una palabra: paraimaginar un espacio institucional capaz de contener a las tensiones que producen los cambios yque
é
stos realimentan. Por cierto que este ejercicio debe saber de la precariedad de todaproyecci
ó
n pol
í
tica que no tome en cuenta que, alrededor del ahogo que significan los serviciosde la deuda externa, se abren muy concretas posibilidades de redefinici
ó
n dr
á
stica de lasreglasdel juego y por tanto de los escenarios. No quiero hablar ni de la necesidad ni de lainminencia de una situaci
ó
n tal, pero creo que, como oscura presencia de una bomba de tiempocuyo reloj no sabemos controlar, no puede dejar de tener un espacio en nuestras reflexiones, auncuando ese lugar —como es mi caso— no pueda ser teorizado. En s
í
ntesis: si despu
é
s de laorg
í
a de transnacionalizaci
ó
n financiera de los a
ñ
os 70 el sistema de acreedores y deudoresestalla, es indudable que esa explosi
ó
n puede colocar en el desv
á
n del olvido a cualquierescenario imaginado sociol
ó
gicamente.Con estas limitaciones, una primera consideraci
ó
n del problema de la consolidaci
ó
n de lademocracia en sociedades conflictivas deber
í
a llevarnos a la necesidad de discriminar, dentro deese universo complejo que es Latinoam
é
rica, entre situaciones que poseen un amplio rango devariaci
ó
n. La preocupaci
ó
n de estas notas se dirigir
á
hacia un tipo de ellas, en donde se handado situaciones de ingobernabilidad bajo experiencias autoritarias de derecha, pero a la vez noes plausible pensar en la imposici
ó
n de un orden nuevo por v
í
a de la estructuraci
ó
n de unespacio pol
í
tico “revolucionario”.
 
Estas situaciones,que se colocan en una posici
ó
n equidistante entre las que caracterizan alas sociedades postindustriales y las propias de las zonas m
á
s atrasadas del Tercer Mundo,abarcan, en verdad, el mayor potencial de acumulaci
ó
n demogr
á
fica, econ
ó
mica y tecnol
ó
gica deAm
é
rica Latina. Expresan un universo social que, aunque injusto, econ
ó
micamente estancado ypol
í
ticamente agobiado por la herencia de autoritarismos de diverso signo, ni carece de latradici
ó
n de un estado liberal de derecho, ni de grandes movimientos pol
í
ticos de masas, ni est
á
 viviendo o acaba de vivir recientemente procesos de modernizaci
ó
n que acent
ú
an lasdesigualdades sociales y liberan nuevas
é
lites para la direcci
ó
n revolucionaria de marginalesurbanos y rurales encadenados a situaciones de extrema miseria.En las sociedades que tomaremos como referencia no se trata de
fundar 
un Estado desde lasruinas de una situaci
ó
n patrimonialista que se muestra incapaz de controlar los efectos de lamodernizaci
ó
n —como en algunos escenarios de Am
é
rica Central y del Caribesino desuperar, mediante la estabilizaci
ó
n de gobiernos democr
á
ticos, una doble crisis: por un lado, lade los populismos ligados con un momento social de la industrializaci
ó
n dif
í
cilmente repetible, ypor otro,la de los autoritarismos militares que buscaron, mediante la imposici
ó
n violenta de unatecnolog
í
a represiva, ajustar esas sociedades a las nuevas condiciones del mercado mundial. Sudesaf
í
o, en condiciones econ
ó
micas de enorme restricci
ó
n, y frente a una melancol
í
a colectivapor el populismo y a la l
ó
gica acumulaci
ó
n reivindicativa provocada por el autoritarismo, es el deconstituir no solo un gobierno sino tambi
é
n, en el mismo movimiento, un sistema, lo queobviamente implica operar con dos l
ó
gicas de acci
ó
n pol
í
tica diferentes. Todo ello, por a
ñ
adidura,en el interior de un cuadro sociopol
í
tico muy complejo en el que variados actores cuentan conrecursos de poder como para poner en marcha mecanismos permanentes de veto rec
í
proco.2. La doble tareaTratar de constituir a la vez un gobierno y un sistema parece imponer, como requisito, unagran centralizaci
ó
n del poder. En ese sentido, tal situaci
ó
n se acercar
í
a a la propia de losprocesos de fundaci
ó
n revolucionaria de Estados, recientemente aludidos. Ello es as
í
porque enambos casos se trata de poner en funcionamiento un espacio de
reglas constitutivas,
o sea, unadimensi
ó
n en la que se definen los l
í
mites de la legitimidad; las nuevas reglas de juego con queel sistema va a operar. La pol
í
tica adquiere, en esos momentos, un sentido preferentementeautorreferencial: las luchas pol
í
ticas son, en primer lugar, luchas para definir la pol
í
tica.Pero las similitudes se agotan aqu
í
. En la consolidaci
ó
n de las situaciones “revolucionarias”,el juego pol
í
tico se ir
á
centralizando cada vez m
á
s hasta llegar a una situacion en la cual las
reglas normativas 
propias del grupo que ocupa el centro del proceso de toma de decisiones seidentifican con las
reglas constitutivas,
igualando al sistema con el gobierno y eliminando de ra
í
ztoda disidencia.
 
La definici
ó
n de la pol
í
tica que se impone a las situaciones democr
á
ticas, en contraposici
ó
ncon las revolucionarias, obliga en cambio a un juego plural que descarta la posibilidad deidentificacion de los dos tipos de reglas:
el gobierno no puede igualarse al sistema 
.Este es el terreno de dificultad y de desaf
í
o en que se coloca desde luego el proceso deconsolidaci
ó
n de la democracia tras la transici
ó
n entre la dictadura autoritaria y el retorno a lasformas republicanas. Pero el desaf
í
o, a la vez, no puede ser soslayado porque marca la
ú
nicamanera realista de constituir un orden pol
í
tico estable para una sociedad compleja y conflictiva.3. Confrontar y acordar.El grupo que controla el poder pol
í
tico tras una experiencia autoritaria de derecha en unasociedad que no acepta el autoritarismo de izquierda, debe hacerse cargo de una tarea m
ú
ltiple:1) gobernar, esto es, diferenciarse de sus adversarios; 2) acordar, con la oposici
ó
n y con losprincipales actores sociales, la constituci
ó
n de un sistema; 3) proteger (a s
í
mismo y albalbuceante sistema) del autoritarismo inercial que viene de atr
á
s. Los tres objetivos implican elcumplimiento de papeles contradictorios, agrupados alrededor de dos tareas centrales:confrontar y concertar. La primera alude a los fines de todo gobierno como parcialidad; lasegunda a la presencia de una instancia de emergencia nacional en la que deben pactarse lasbases de la legitimidad del Estado; las reglas constitutivas de un sistema, de una “gram
á
ticapol
í
tica”. Ello no puede sino surgir de una elaboraci
ó
n contractual y no es un proceso ex nihilo,sino que recoge elementos de continuidad con la tradici
ó
n ideal y los tipos de acci
ó
n colectivaanteriores al momento preautoritario.Para el grupo que ocupa el gobierno en el primer estadio del proceso de consolidaci
ó
n, ladificultad reside en que debe tomar simult
á
neamente el punto de vista del sistema, como sugarante m
á
s comprometido, y el punto de vista de una parcialidad, buscando diferenciarse de laoposici
ó
n e intentando constituir montos crecientes de poder pol
í
tico propio.¿Cu
á
ndo, con qui
é
nes y sobre cu
á
les temas concretos concierta o confronta? Imposibilitadode imponer autoritariamente una fusi
ó
n entre su programa y el sistema, el gobierno vive en elriesgo de enfrentarse en
“issues” 
sobre los cuales ser
í
a necesario acordar y de pactar cuando ent
é
rminosde su individualidad pol
í
tica deber
í
a diferenciarse. Con el agravante del enorme precio que todala sociedad puede pagar por sus errores de c
á
lculo en la medida en que, por la precariedadinstitucional en que la etapa se desenvuelve, su fracaso tiene la posibilidad de ser el fracaso delsistema.4. Facciosidad y “empate”.
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