INTRODUCCIÓN
Se ha observado frecuentemente que uno de los requisitos fundamentales en la exposición de la Palabra de Dios esla necesidad de preservar el “equilibrio de la verdad”. Estamos plenamente de acuerdo con ello.Hay dos cosas que están por encima de toda discusión: Dios es soberano, el hombre es responsable. En este librohemos procurado exponer lo uno, así como en otras obras hemos puesto mucha importancia en lo otro. Reconocemossin dudar que existe un verdadero peligro tanto en enfatizar demasiado lo primero como en ignorar lo segundo; de ello,la historia nos ofrece numerosos ejemplos. Hacer énfasis
en la soberanía de Dios, sin sostener al mismo tiempo laresponsabilidad de sus criaturas, tiende al fatalismo; dar a la responsabilidad del hombre tal importancia que se pierdade vista la soberanía de Dios, es exaltar a la criatura y deshonrar al Creador.A fin de cuentas, casi todos los errores doctrinales provienen, realmente, de la perversión de la verdad, de la verdadmal trazada, de la verdad defendida y enseñada sin la debida armonía. El rostro mas hermoso de la tierra, poseedor delos rasgos mas atractivos, pronto se convertiría en algo feo y deforme si una de sus partes continuara creciendomientras las demás permaneciesen atrofiadas. La belleza es, primordialmente, cuestión de armonía. Lo mismo ocurrecon la Palabra de Dios: su perfección y santidad se perciben mejor cuando su sabiduría infinita es expuesta en susverdaderas proporciones. En este intento es en el que tantos hombres fallaron en el pasado. Algunos quedaron tanhondamente impresionados por algún aspecto aislado de la Verdad de Dios, que concentraron sobre él toda su atención;en menosprecio de casi todos los demás. Cuando una porción de la Palabra de Dios ha sido constituida en “doctrinafavorita", se ha convertido muchas veces en emblema distintivo de algún partido o grupo. Pero el deber de todo siervodel Señor es anunciar “todo el consejo de Dios” (Hech.20:27).Cierto es que en los tiempos degenerados en que nos ha tocado vivir, cuando por donde quiera se exalta al hombrey la expresión “superhombre” ha llegado a ser común, existe una auténtica necesidad de resaltar incuestionablemente elhecho glorioso de la supremacía de Dios. Tanto más cuanto que está siendo negada de manera muy clara. Sin embargo,aun para esta defensa de la verdad se necesita gran sabiduría, pues existe el peligro de que nuestro celo “no sea deacuerdo con un conocimiento pleno”. Las palabras “alimento a tiempo” han de ser tenidas siempre en cuenta por elsiervo de Dios. Lo que para una congregación puede ser necesidad de primer orden, para otra puede que no lo sea. Allídonde uno ha sido precedido por predicadores arminianos, deberá exponerse la verdad olvidada de la soberanía deDios; aunque con precaución y cuidadosamente, para que los “niños” no reciban demasiado “manjar sólido”. Convienetener en cuenta el ejemplo de Cristo en Juan 16:12; “Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero ahora no las podéissobrellevar.” Por otra parte, si soy llamado a ocupar un púlpito reconocido como calvinista
, podrá ser beneficioso hacer énfasis en la verdad de la responsabilidad del hombre (en sus muchos aspectos). Lo que el predicador necesita dar no eslo que la congregación gusta mas de oír, sino lo que mas necesita, es decir, aquellos aspectos de la verdad que le sonmenos familiares, o que menos se demuestran en su andar.Poner en práctica, de hecho, lo que hemos observado, hará probablemente al predicador víctima de la acusación deser voluble. Pero, ¿que importa esto, si tiene la aprobación de su Señor? No ha sido llamado a ser “consecuente”consigo mismo, no con precepto alguno redactado por el hombre; su obligación es ser consecuente con la SagradaEscritura. Y en la Escritura cada una de las partes o aspectos de la verdad queda balanceada por otro aspecto de lamisma. Todas las cosas tienen sus dos caras, incluso el carácter de Dios; El es “Luz” (1Juan 1:5) lo mismo que “amor”(1Juan 4:8), y somos llamados, pues, a mirar “La bondad y la severidad de Dios” (Rom.11:22). ¡Predicar continuamente sobre la primera, ignorando la segunda, equivale a trazar una caricatura del carácter Divino!.Cuando el Hijo de Dios se hizo carne y vino a la tierra en “forma de siervo” (Fil.2:7, aún en el pesebre era “Cristoel Señor” (Luc.2:11). La Escritura dice: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros” (Gál.6:2), pero el mismo capítuloinsiste en que “cada cual llevará su propia carga” (Gál.6:5). se nos manda que no nos afanemos “por el día de mañana”(Mat.6:34), pero “si alguien no tiene cuidado de los suyos, y especialmente de los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo” (1Tim.5:8). Ninguna oveja del rebaño de Cristo perecerá (Juan 10:28,29), pero al mismo tiempo seexhorta al cristiano a que haga firme su llamamiento y elección(2Ped.1:10). Y así podríamos multiplicar las