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3. Bautismo Espiritu Santo Tres

3. Bautismo Espiritu Santo Tres

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03/14/2014

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III. La doctrina bíblica sobre el hablar en lenguas
Hemos anotado ya que, según la doctrina neopentecostal, el "bautismo en el Espíritu" lleva aparejada lacomunicación de los dones del Espíritu Santo, especialmente los de naturaleza extraordinaria ymaravillosa, como el hablar en lenguas extrañas (glosolalia) y el de sanidades. Debemos añadir ahoraque en los medios pentecostales y neopentecostales, al hablar en lenguas se le asigna un papel deextraordinaria importancia en relación con el "bautismo del Espíritu", papel que encontramos claramentedelineado en el Statement of Fundamental Truths —Declaración de Verdades Fundamentales— de lasllamadas Asambleas de Dios, que con toda probabilidad es la iglesia pentecostal más numerosa delmundo. Dice así: "Del Bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo da testimonio la señal física inicialde hablar en otras lenguas..." (Art. 8).¿Están de acuerdo con esta Declaración todos los neopentecostales? Anteriormente hemos aportadoevidencia de que un número de neopentecostales decididamente sostienen la postura indicada másarriba, es decir, que el hablar en lenguas es el signo externo necesario e imprescindible de que se harecibido el "bautismo en el Espíritu" (What About Tongue-Speaking?—"Acerca del hablar en lenguas—,pp. 46-48). un autor neopentecostal moderno, Howard M. Ervin, también sostiene la Declaración: "Biensea explícita o implícita, es lícita la conclusión de la evidencia bíblica que la glosolalia es 'la demostraciónextema e indudable' del bautismo en el Espíritu o recibir la plenitud del Espíritu Santo" (These are notdrunken, as Ye Suppose—Estos no están ebrios, como suponéis—, p. 105).Otros neopentecostales, en cambio, mantienen que el hablar en lenguas no es señal indispensable dehaber recibido el "bautismo del Espíritu", y que puede haberse recibido el mismo sin haber hablado enlenguas. Por ejemplo, Laurence Christenson admite que muchas personas que han recibido el "bautismocon el Espíritu Santo" no han hablado en lenguas (Speaking in tongues—Hablar en lenguas—, p. 55). Apesar de esta afirmación, un poco más tarde dice el mismo autor (pp. 55-56): "Consumar la propiaexperiencia del bautismo con el Espíritu Santo hablando en lenguas le da una objetividad que tiene undefinitivo valor para el propio caminar en el Esritu". Kevin y Dorotea Ranaghan, en su libroPentecostales católicos, se colocan en el mismo plano. Tras admitir que es erróneo decir que a menosque una persona hable lenguas extrañas no ha recibido el Espíritu Santo (p. 220), estos autores afirman:"En los Hechos, desde el día de Pentecostés en adelante, el hablar en lenguas es el resultado normal ycorriente del bautismo en el Espíritu" (p. 221). Por este motivo incitan ellos a los lectores a que orensolicitando dicho bautismo y esperen recibirlo con el don de lenguas, añadiendo esta significativaaseveración: "Estamos convencidos de que, en cuanto concierne al movimiento carismático, se esperaque todo el afectado por el mismo ore en lenguas, que en realidad el don de lenguas lo da siempre elSeñor al renovar la vida del Espíritu Santo" (p. 222).Concluimos, pues, que de acuerdo con algunos neopentecostales, el hablar en lenguas desconocidas es laindispensable evidencia de haber recibido el "bautismo en el Espíritu", mientras que otros no exigen esterequisito. Incluso los que así no lo exigen, admiten que el hablar en lenguas es una clase de evidencia del"bautismo" muy deseable y extremadamente valiosa que debe solicitar en oración y esperar todo aquelque desee recibir el "bautismo". Resumiendo, para los neopentecostales el hablar en lenguas es unaevidencia indispensable, o altamente deseable, de que la persona ha recibido el "bautismo en el Espíritu".En el capítulo anterior hemos visto que la doctrina neopentecostal sobre el "bautismo en el Espíritu" noestá respaldada por la Escritura, debiendo, por ello, rechazarla el cristiano. No hay base bíblica para queel cristiano tenga que buscar el "bautismo en el Espíritu" después de convertido a fin de gozar de latotalidad de la presencia del Espíritu Santo y la plenitud de su poder. Siendo esto así, la doctrina de queel hablar en lenguas —una emisión espontánea de sonidos en un lenguaje que el que habla desconoce yle es incomprensiblees el testimonio indispensable o altamente deseable de haber recibido el"bautismo en el Espíritu", ha de ser igualmente rechazada. Lógicamente, si la doctrina neopentecostalsobre el "bautismo en el Espíritu" está equivocada, la evidencia sobre el mismo bautismo tiene queestarlo igualmente.No obstante, como ya hemos dicho, los neo-pentecostales buscan apoyo para su doctrina del "bautismo",y ahora añadiremos también para el hablar en lenguas como evidencia del mismo, principalmente en ellibro de los Hechos de los Apóstoles. De los cinco pasajes de este libro que generalmente aducen losneopentecostales, ya hemos examinado uno, la conversión de Comelio y los suyos en los capítulos 10 y11. Examinemos ahora los restantes pasajes a los que comúnmente apelan los neopentecostales, paraver si respaldan o no su doctrina sobre el "bautismo en el Espíritu" y el hablar en lenguas como evidencia. necesaria o deseable de haberlo experimentado.1) Hechos 2:1-42. Este capítulo nos cuenta el acontecimiento del advenimiento del Espíritu Santoprofetizado por Joel, por Juan el Bautista y Cristo Jesús. Como ya hemos visto, tal derramamiento delEspíritu es el Bautismo en el Espíritu profetizado en los Evangelios y en Hechos 1:5. En esta ocasión los120 discípulos reunidos en Jerusalén recibieron tres grandes señales como evidencia de que elacontecimiento profetizado desde la antigüedad había llegado: el estruendo como de un viento recio, las
 
lenguas de fuego que se asentaron sobre cada uno de los presentes, y el hablar en lenguas todos ellossegún el Espíritu les daba que hablasen (Hechos 2:1-4). El bautismo en el Espíritu que aquí se describeno es una "segunda bendición" que cada cristiano deba buscar, sino un acontecimiento histórico que nopuede repetirse, comparable en importancia a la resurrección de Jesucristo. El hablar en lenguas fue unade las tres señales que indicaron tan fausto acontecimiento.Al final de su discurso en el día de Pentecostés, Pedro le dijo a la multitud que se había reunido:"Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; yrecibiréis el don del Espíritu Santo" (2:38). Estas palabras no fueron dirigidas a los discípulos, que yaeran cristianos, sino a quienes aún no lo eran (casi todos o todos judíos o prosélitos de los judíos según2:5 y 8-11). Evidentemente, las palabras de Pedro no son una invitación a los creyentes para quebusquen el "bautismo en el Espíritu" después de su conversión, sino una conminación a los no creyentespara que se arrepientan y se bauticen en el nombre de Jesucristo para que así reciban el mismo Espírituque había venido a morar en los discípulos de la forma que habían presenciado. Notemos que, según laspalabras de Pedro, el don del Esritu Santo se recibe, no en alguna ocasn subsiguiente alarrepentimiento y el bautismo, sino simultáneamente con ellos. Y lo confirma el hecho de que aquelmismo día, los tres mil que se convirtieron recibieron el Espíritu al arrepentirse y bautizarse. No hayevidencia de que ninguno de los tres mil hablase en lenguas.Lo más significativo para nuestro propósito es notar que, en el caso de los tres mil que se convirtieron —los primeros a quienes se les predicó el Evangelio después de Pentecostés— el don del Espíritu Santo lorecibieron en el momento de su conversión. No se menciona, ni siquiera se da lugar a intuir, quehubieran de cumplir condición alguna después de la conversión (según la doctrina neopentecostal) pararecibir el Espíritu: se convirtieron y lo recibieron. Y estos tres mil son precisamente los que marcan lapauta para el creyente de hoy, los que dan la norma típica para la Iglesia, no los 120 discípulos quehabían recibido la orden de esperar el acontecimiento de Pentecostés (véase The Baptism and fullness oí the Holy Spirit —El Bautismo y la plenitud del Espíritu Santo-—, por John R. W. Scott, pp. 8-9).2) Hechos 8:4-24. Estos versículos narran cómo Felipe les predicó el evangelio a los samaritanos,predicación que fue acompañada por señales milagrosas. La narración salta continuamente de lossamaritanos a Simón el Mago, que había tenido embelesados durante mucho tiempo a los samaritanoscon sus artes mágicas, por lo que todos le oían atentamente. Pero por la predicación, en lugar de prestaratención a Simón el Mago, los samaritanos "creyeron a Felipe" (12). y por ello Felipe los bautizó. Simóntambién creyó y fue bautizado. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron esto, enviaron aPedro y a Juan a Samaría, y viendo ellos que los samaritanos aún no habían recibido el Espíritu, oraronpor ellos para que lo recibiesen, y les impusieron las manos. Entonces los samaritanos recibieron elEspíritu. Cuando Simón vio lo ocurrido quiso comprar el poder de transmitir el Espíritu Santo, pagándolocon dinero, por lo que recibió la severa reprensión de Pedro y la amonestación para que se arrepintiesede tan terrible pecado.Este es sin duda el pasaje más enigmático de los del libro de los Hechos que habitualmente se invocan enrelación con el "bautismo en el Espíritu". Enigmático precisamente por el tiempo que transcurre entre elbautismo de los samaritanos en agua y su recepción del Espíritu Santo. Se han propuesto muchasexplicaciones para este lapso, siendo una de las s usuales interpretar las expresiones queencontramos en los w. 15 y 16, "que recibiesen el Espíritu Santo" y "no había descendido sobre ningunode ellos" en el sentido de que los samaritanos no habían recibido aún las manifestaciones carismáticasdel Espíritu (tales como hablar en lenguas y, tal vez, obrar sanidades), asumiendo que sí habían recibidoel Espíritu como el dador de la salvación. Pero el problema que tiene esta interpretación es que las dosexpresiones tomadas de los vv. 15 y 16 se utilizan en otros pasajes de los Hechos, no para designar larecepción de tales manifestaciones carismáticas del Espíritu, sino para describir la recepción del Espíritupara salvación. Por ejemplo, cuando Pedro le dice a la multitud: "Arrepentios, y bautícese cada uno devosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo",podemos estar seguros que no quiere decir meramente: "recibiréis las manifestaciones carismáticas delEspíritu", sino "recibiréis el Espíritu para salvación" (ver también 10:47 y 19:2). En relación con laconversión de Cornelio leemos: "Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobretodos los que oían el discurso" (10:44 y 11:15). La misma palabra griega traducida por "cayó" en estepasaje es la que se usa en 8:16 traducida por "descendido". Aunque el descenso del Espíritu sobreComelio y su casa fue acompañado por señales carismáticas, la importancia primordial de tal pasaje noes el hecho de que hablaran en lenguas y magnificaran a Dios, sino que haan alcanzado elarrepentimiento. Véase 11:18 donde se nos dice que los hermanos de Jerusalén, después de oír de bocade Pedro lo que había acontecido en casa de Comelio, callaron y glorificaron a Dios, diciendo: "¡Demanera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!"Creo que existen razones de peso para adoptar una solución distinta al problema de los samaritanos, y esque los samaritanos no eran verdaderos creyentes cuando Felipe los bautizó, y por tanto no recibieron elEspíritu para salvación hasta que los apóstoles les impusieron las manos. En primer lugar, no se dice enel v. 12 que los samaritanos creyeron en Cristo Jesús, sino que "creyeron a Felipe", por contraste con suanterior postura de creer a Simón el Mago. La construcción griega traducida por "creyeron a Felipe"
 
normalmente significa el asentimiento intelectual a una afirmación o proposición, y no el entregarse porla fe a una persona. En segundo lugar, el paralelismo entre Simón el Mago y los samaritanos llamapoderosamente la atención. Se dicen exactamente las mismas cosas de ambos: el uno y los otros"creyeron" y "fueron bautizados"; sin embargo, la narración indica bien claramente que la fe de Simónera falsa. Aunque el paralelismo no prueba definitivamente que la fe de los samaritanos no fuese genuinadesde el principio, es, sin embargo, significativo que se diga que los samaritanos creyeron a Felipe, y"también creyó Simón". Finalmente» en el libro de los Hechos y en todo el Nuevo Testamento, laposesión del Espíritu es la marca del cristiano. Sencillamente, no se puede ser cristiano sin tener elEspíritu. Como dice Pablo en Romanos 8:9, "si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de El". Comoya hemos transcrito repetidamente, Pedro afirma en Hechos 2:38: "Arrepentios, y bautícese cada uno...y recibiréis el don del Espíritu Santo". Aquí tenemos a aquellos samaritanos que, aunque se habíanbautizado, no habían recibido el Espíritu.¿No parece lógico pensar que el punto principal de este pasaje es enseñarnos que no puede habersalvación sin el Espíritu Santo? Si lo miramos desde este punto de vista, los detalles que antes nosparecían enigmáticos se ajustan perfectamente en sus lugares respectivos. Pedro y Juan fueron enviadosdesde Jerusan porque la iglesia en aquella ciudad notaba que algo no iba bien en la llamada"conversión" de los samaritanos. Los dos apóstoles fueron a Samaría, no simplemente para establecerlazos de unión entre los hermanos de Samaría y los de Jerusalén, sino principalmente para que lossamaritanos pasaran de una aceptación meramente nominal de la doctrina cristiana a la genuina fe enCristo. El que los samaritanos recibieran el Esritu Santo (hecho que pudo ir acompañado demanifestaciones carismáticas, aunque no se menciona ninguna en el pasaje) constituyó la prueba de quehabían sido salvos. Lo que le ocurrió a Simón es una prueba negativa del mismo punto: no hay salvaciónsin el Espíritu Santo. (Para una defensa más extensa de esta interpretación del pasaje, véase Baptism inthe Holy Spirit —El Bautismo en el Espíritu Santo—, por James D. G. Dunn, pp. 56-68).Aceptando la interpretación de Hechos 8:4-24 que acabamos de exponer, no hubo lapso de tiempoalguno entre la verdadera conversión de los samaritanos y su recepción del Espíritu Santo, y este pasajeno ofrece base alguna para la creencia de que los creyentes han de buscar un "bautismo espiritual"después de la conversión. En cuanto a la cuestión de hablar en lenguas, no puede sacarse conclusiónalguna de este capítulo puesto que ni aun se menciona en él.3) Hechos 9:1-18. Este pasaje se ocupa de la conversión de Saulo. Saulo, caminando hacía Damascopara arrestar allí a los cristianos y traerlos a Jerusalén, tiene en el camino su encuentro con Cristo, quiense le presenta desde el cielo. Al caer Saulo al suelo, Cristo se identifica. Cuando se levanta, Saulo estáciego y tien3 que ser conducido de la mano a Damasco donde, durante tres días, no come ni bebe. Alcabo de los tres días, un discípulo llamado Ananías se acerca a él y le dice: "Hermano Saulo, el SeñorJesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seaslleno del Espíritu Santo". Al instante, Saulo recibe la vista y es bautizado.Nuestros amigos neopentecostales encuentran en esta narración la confirmación de su doctrina. Dicenque Pablo se convirtió instantáneamente en el camino de Damasco, y que tres días más tarde, cuandoAnanías le impuso las manos, recibió su "bautismo espiritual". Puesto que Pablo declara más tarde quehabla más lenguas que los corintios (1.a Corintios 14:18), debe haber empezado a hacerlo en estemomento. Aquí tenemos, dicen los neopentecostales, un caso típico que prueba nuestro punto de vista:primero se produce la conversión; luego, tres días después (el intervalo es corto, pero se consideraválido), el "bautismo en el Espíritu" atestiguado por el hablar en lenguas.Que es errónea esta interpretación de la conversión de Saulo se demuestra claramente al comparar estepasaje con otros dos del libro de los Hechos. En 2:21 Lucas anota las palabras de la profecía de Joel, quePedro cita en su discurso de Pentecostés: "Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo".En 22:16, las palabras de Ananías a Saulo al cabo de los tres días de ceguera y oración se dan comosigue: "Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando sunombre". Uniendo estos dos pasajes vemos que Lucas nos dice, primero, que el paso decisivo para sersalvos es invocar el nombre del Señor, y segundo, que Saulo no había dado aún el paso decisivo cuandoAnanías le animó a que lo hiciera sin esperar más. La consecuencia lógica es que la conversión de Saulono fue un acontecimiento instantáneo, sino una experiencia de tres días de duración. Por tanto, el quePablo recibiera el Espíritu Santo al cabo de esos tres días no ha de entenderse como un "bautismo en elEspíritu" ocurrido con posterioridad a la conversión, sino como parte integrante de su conversión.En vista de lo que precede, el relato de la conversión de Saulo no ofrece base alguna para la enseñanzaneopentecostal sobre el "bautismo en el Espíritu". Ni suministra prueba alguna de que el hablar enlenguas sea evidencia del "bautismo espiritual" puesto que en dicho relato no se menciona el hablar enlenguas. Podemos suponer, si queremos, que Pablo empezó a hablar en lenguas en esta ocasión, pero nopodemos en modo alguno probarlo.4) Hechos 10:1-48. Como ya hemos comentado este pasaje en el capítulo anterior, bastarán aquí unaspalabras. Este capítulo cuenta la conversión de Comelio y su casa. Después de haber recibido la triplevisión, cuyo sentido se hizo perfectamente claro al llegar los mensajeros de Cornelio, Pedro se dirigió a la

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