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Paul Ricoeur:la memoria y la promesa
Jesús Martín-Barbero
Reseña(en:
 
Piedepágina
No. 4, Bogotá, 2005)
 
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Lo que más hondamente rompe a una sociedad son laspromesas de reconocimiento incumplidas, pues de ellasse alimenta la percepción colectiva de humillación,desconocimiento y desprecio que subyacen a laimpotencia. Eso y no otra cosa es lo que significa queuna sociedad
se sienta
 
desmoralizada.
De ahí querecobrar la moral implique rehacer el tejido delreconocimiento en su compleja trama (…) Ricoeur seapoya en el Aristóteles, que afirmaba “una sociedad nopuede sobrevivir en base al miedo del peligro o al interésutilitario, sólo sobrevive en base a la pertenencia”, paracomprender cómo en esta insegura y utilitarista sociedadnuestra aún quedan otras energías que provienen de loque, en “el enigma del intercambio social”, proviene dela
capacidad de don
, y que él denomina
lo festivo
(…)»
 
 
Paul Ricoeur: la memoria y la promesa
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El hombre libre es el que piensa en la muerte, pero susabiduría está en la meditación sobre la vida.
 B. Spinoza
Ricoeur: hombre de palabra, de pensamiento y de pa-sión, y también de una fe pensada y pensante.
J. Derrida
Fundador de la Universidad parisina de Nanterre, que fue elepicentro del levantamiento estudiantil en mayo del 68,Paul Ricoeur aceptó la decanatura de Facultad de Letrasese año precisamente. Acompañó al movimiento estudiantilhasta que dos años después fuera agredido por un grupo deexaltados estudiantes en forma tan humillante –descargán-dole un cubo de basura en la cabeza– que decidió abando-nar Nanterre y marchar a Lovaina, donde iniciaría su pri-mer seminario en octubre de 1970, y donde sería profesor los tres años siguientes, alternando sus cursos con los quedictaba en la Universidad de Chicago. Una de las suertesmayores de mi vida fue haber estado en Lovaina ese año yhaber podido ser alumno de ese seminario titulado
Semánti-ca de la acción.
A partir de ese momento el pensamiento deRicoeur entró a hacer parte decisiva no sólo de mi bagajeintelectual sino de mis referentes éticos; pues en su modo de
hacer filosofía
encontré una muy peculiar manera de articular la atención a los eventos de la vida social con un pensa-miento dedicado a dotarlos de horizonte y profundidad. Y,
 
 
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de ese modo, los niveles más altos de abstracción no sonnunca la marca de un alejamiento, sino la indispensabledistancia para ahondar y comprender más. En reciprocidadcon esa experiencia personal mi homenaje a Paul Ricoeur no será una esquela conmemorativa de la vastedad y pro-fundidad de su obra sino algo bien distinto, un ejercicio de“invención semántica” que aprovecha las potencialidadesque él le veía a la “metáfora viva”:
traerlo a Colombia
parailuminar, analítica e imaginativamente, algunas de las di-mensiones más opacas y contradictorias de nuestra vidasocial.Si en Colombia hay una cuestión de fondo que este paístiene aún pendiente –irresuelta tanto en el pensamientocomo en la acción– es la muy especial relación entre políti-ca y violencia en la trama de sus memorias y de su historia.Esa cuestión ha constituido también –a su manera– uno delos ejes que atraviesa el pensamiento de Ricoeur por entero,desde
 Historia y verdad 
(1955) hasta su casi última obra,
 Lamemoria la historia, el olvido
(2000). En uno de sus textosiniciales –data de 1949– puede leerse la extraña llamada aque la filosofía asuma “el espesor de la violencia” y el estu-dio de sus “modos de eficacia”; modos entre los que sehallan nada menos que la verdad, el derecho y la justicia,cuando éstas “se toman las mayúsculas como se toman lasarmas”. Denso espesor de la violencia que se despliega en lahistoria de lo que Ricoeur denominó las
estructuras de loterrible,
esas “fuerzas” del instinto y la explotación inscritasen la política desde su fundación. Y cuarenta años después,en
 La crítica y la convicción
(1995), seguirá proponiendo partir de la “insociable sociabilidad” que, en palabras de Kant,constituye la conflictividad estructural de lo social.Escapando así a una filosofía
especular 
–lugar de la espe-culación
–,
y a la trampa que hoy nos lleva del unanimismode las encuestas a un denuncismo minado por su propia

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