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momento. Pensé que quizás aquel sentimiento de impotencia, de abandono, detristeza infinita se desvanecería lentamente, pero por el contrario cada vez es masfuerte. No puedo seguir siendo la persona que fui. Pobre hijo mío, lo que has tenidoque soportar, lo que has tenido que sufrir, y sin quejarte jamás. Que no habría dadopor haber muerto yo en tu lugar. Cada noche vuelves a morir entre mis brazos, 730noches que has vuelto a morir a mi lado y yo no quería dejarte ir, pero la atrozfatalidad te llevaba siempre. Cada vez me quedaba impotente hasta el final, gritandocomo hace dos años, gritando sin poderme contener y desconcertado, como enaquel momento, entre los pacientes graves y los médicos y enfermeras apáticos,brutales y crueles, que solo me dejaron estar a tu lado cuanto estabas muriendo.Tú, chico maravilloso, has muerto como un rey, orgulloso, grande y aun así tantierno, a pesar de todos los tormentos, de todos los tubos en las venas y arterias; apesar de la intubación y del terrible decúbito. Rechazaste la bajeza y la maldad detus torturadores tan solo moviendo la cabeza: “Papá, son malos, muy malos”. En losúltimos días me hablabas solamente con los ojos, pero yo comprendí cada una detus palabras.¿Has entendido tú también todo aquello que te dije al final, que tu padre y tumadre te amarán infinitamente que siempre estarás presente haciendo todo junto anosotros? ¿Y que ahora deberás ser muy fuerte y tener un sueño larguísimo?Asentiste y yo estoy seguro de que lo has comprendiste todo, a pesar de tu luchacontra la muerte.Solo una vez, cuando ya habías cerrado los ojos y mis lágrimas caían en tucara y oyéndome llorar, has movido un poco la cabeza contrariado. Querías decirme:“Papá, no tienes porque llorar, siempre estaremos juntos”.No me avergüenzo delante de nadie, hijo mío. Lloro tan a menudo, cuandonadie me ve. No te lo tomes a mal. Sé que no has visto jamás llorar a tu padre. Peroahora soy también tu alumno y estoy tristemente orgulloso de ti por la dignidad conla que nos has precedido a través de la gran puerta de la muerte. Pero ni siquieraese orgullo puede calmar mi desesperación cuando cada noche vuelves a morir entre mis brazos y me dejas sumido en la desesperación.Este dibujo lo pintó mi hijo a la edad dedieciocho años en Roma. Es un tipoparticular de “Autorretrato” en el que sepintó con ochenta años, un año antes de sumuerte.Primero mi Dirk me enseñó acomprender el contexto global del cáncer;después, lentamente he abarcado lamedicina entera.
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Hector Alvarezleft a comment
bertlisaleft a comment
markhos11left a comment
eoeoe69 replied: