Capítulo 1
Hice pasar mi cabeza a través del enchufe y entonces empecé a ver cosas que sólo unperturbado hubiera imaginado en nuestro patético y esquemático mundo. Los tópicos y lostabúes desaparecían; pude ver por vez primera en mi miserable vida el verdadero significado dela palabra libertad, un significado realmente alejado del que tenía en mi otra realidad, esto mehizo ver el gran abismo que separa ambas definiciones.Un abismo al que deberían lanzarse todos aquellos que se consideran lideres de un mundolibre, un mundo enmascarado, una lavandería cerebral para quienes no se atreven adesprecintar el órgano mas importante de su cuerpo, el que permite a cada individuo ser distintoa los demás.En el momento en que mi cabeza se bifurcó para pasar a través de la barrera que separabaambos mundos, pasaron por mi mente los que yo había creído los mejores momentos de mivida, unos recuerdos que mas adelante recalificaría de pésimos y falsos, ya que en este ladonadie finge por el mero hecho de no querer ser rechazado, cada individuo es él mismo, sinobstáculos sociales, barreras de pensamiento ni discriminación alguna.A lo lejos vi a uno de los seres que habita este mundo lanzarse al abismo desde lo más alto deun edificio. Pesé a que se estaba suicidando no perdía la majestuosidad característica deaquellos que han alcanzado grandes logros en su vida. Y es que en esta tierra fértil en que lasplantas brotan sanas, fuertes y sabrosas, el suicidio no esta considerado un hecho vergonzoso yhumillante que solo llevan a cabo los perdedores sino que se alaba a quien tiene el corajesuficiente como para retirarse a tiempo después de haber alcanzado cierto nivel de felicidadpara no tener que morir en condiciones decadentes en una fría cama de hospital, lejos deaquello que había considerado fruto de su esfuerzo y que tanta satisfacción le producía.Inexplicablemente me llenó de satisfacción y orgullo, la forma en que miles de animales sehabían reunido alrededor de aquel edificio y que aplaudían a ese hámster al que considerabanun héroe mientras en sus ojos aparecía un brillo peculiar que reflejaba respeto y tristeza, puesaunque lo idolatraban, sentían, como nosotros, cierta lástima porque no volverían a verlo.Entonces, y para mi sorpresa, le brotaron unas alas inmateriales de los costados, a mi parecer alas fantasmas, unas alas que le permitieron levantar el vuelo cuando estaba apenas a unpalmo del suelo. Aquello me sorprendió enormemente, sentimiento que no compartían loscompañeros que lo contemplaban desde abajo.Mi curiosidad me impidió cerrar los ojos, aunque así lo deseaba, me quede allí, conmovido por aquella escena, entonces ese animal con aspecto de semidiós, hizo un seguido de piruetas, alparecer, corrientes en estos casos y los aplausos aumentaron cuando pasó a través de unedificio y salió de él con un ramo de flores para entregárselo en mano a aquella que amabaprofundamente en su corazón y le había hecho morir de felicidad.Las flores me parecieron desconocidas y el momento conmovedor, entonces volvió a subir,mucho mas alto que antes, y de entre el público brotó un rayo hacia él. No pude evitar echar ungrito, aunque sin razón. Esa extraña luz no impactó en el hámster, sino que abrió una bellapuerta de cristal líquido en el aire permitiéndole un acceso rápido hacia una nueva vida. Lapuerta se desvaneció detrás de él y el pueblo se mantuvo en silencio durante varios minutos.Cuando terminó el silencio y volvieron los murmullos, un anciano simio bien vestido y con unbastón metálico en su mano izquierda se me acercó lentamente y me habló. Me impresionó quetan duras palabras pudiesen salir de un mono.- Forastero, acabas de presenciar, uno de los más antiguos eventos de nuestro pueblo, el partir de un Pixelian Boy hacia la Guerra Psicológica, una guerra dura para la que hay que ser firmesy tener buen corazón. Solo en momentos en que nos invade la felicidad se puede afrontar semejante desafió.
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