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Zhukov-Menoriasyreflexiones1

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05/11/2014

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MEMORIAS YREFLEXIONES 1
 
Gueorgui Zhukov 
 
A Guisa De Prefacio
 
Capítulo I - Infancia Y Juventud
 
Capítulo II - Servicio De Soldado
 
Capítulo III - Participacion En La Guerra Civil
 
Capítulo IV - Al Mando Del Regimiento Y La Brigada
 
Capítulo V - En La Inspeccion De Caballeria Del Eroc. La 4 Division Del I Ejercito De Caballeria
 
Capítulo VI - El 3 Y El 6 Cuerpos De Caballeria De La Region Militar De Bielorrusia
 
Capítulo VII - La Guerra No Declarada En Jaljin-Gol
 
Capítulo VIII - Al Mando De La Región Militar Especial De Kiev
 
Capítulo IX - En Visperas De La Gran Guerra Patria
 
Capítulo X - Comienzo De La Guerra
 
Capítulo XI - El Gran Cuartel General Del Mando Supremo
 
Capítulo XII - La Liquidacion Del Saliente Enemigo De Elnia
 
Capítulo XIII - La Lucha Por Leningrado
 
Notas
 
A GUISA DE PREFACIO
 
Varios años trabajé en el libro Memorias y reflexiones. Quería seleccionar del copioso material de lavida, de la infinidad de acontecimientos y encuentros lo más esencial e importante, lo que pudiera revelarcomo merece la grandeza de los hechos y proezas de nuestro pueblo.
 
Pero, aunque han transcurrido ya muchos años de los acontecimientos que describo, tal vez hoy no sepueda decir todavía a ciencia cierta qué es concretamente lo vivido y visto que lleva la impronta de laeternidad.
 
Que me perdonen mis compañeros de armas si no he sabido rendir a todos el tributo debido. Aún haytiempo, y muchos escribirán y hablarán de ellos. Yo quedaré agradecido a todo el que envíe sus observacionesy opiniones que se podrían tener en cuenta al trabajar posteriormente en el libro.
 
Varios compañeros me ayudaron a preparar esta edición. Quisiera expresar mi gratitud a los generales yoficiales de la Dirección científico-militar del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Soviéticas y delInstituto de historia militar, al coronel Nikita Teréschenko y al coronel Piotr Dobrovolski, jefes dedepartamento del Ministerio de Defensa de la URSS, así como a Anna Mírkina y VÍctor Erojin, redactores dela Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti, y a todos los que prepararon mi manuscrito para la imprenta.
 
Quiero expresar mi reconocimiento particular a Vadim Kómolov por su gran ayuda en la creación deeste libro.
 
G. ZHUKOV 10 de febrero de 1969
.
 
 
CAPÍTULO I - INFANCIA Y JUVENTUD
 
En el crepúsculo de la vida es muy difícil recordar todo lo que hubo. Los años, el trabajo y losacontecimientos borraron de mi memoria muchos detalles, sobre todo los que se refieren a la infancia y lauventud. Recuerdo sólo lo que es imposible olvidar.
 
La casa en la aldea de Strelkovka, de la provincia de Kaluga, donde nací el 19 de noviembre (según elantiguo calendario) de 1896, se encontraba en el centro del pueblo. Era una casa muy vieja y con una esquinamedio enterrada. Con el transcurrir del tiempo los muros y el techo de la casa se cubrieron de liquen y hierba.La casa tenía sólo un cuarto de dos ventanas.
 
Mis padres no sabían quién ni cuándo había construido nuestra casa. Los viejos vecinos de la aldeacontaban que en su tiempo la casa perteneció a Annushka Zhúkova, una viuda sin hijos. Para aliviar susoledad, la viuda tomó del orfanato a un niño de dos años, que fue mi padre. Nadie podía decir quiénes fueronsus verdaderos progenitores y más tarde mi padre tampoco intentó conocer su origen. Se supo solamente queuna mujer dejó al niño a la edad de tres meses en el umbral de un asilo de huérfanos con la siguiente nota: "Mihijo se llama Konstantín". No se sabía qué obligó a la pobre mujer a dejar a su hijo en el zaguán del orfanato.Dudo mucho de que lo hiciera por carecer de sentimientos maternales, seguramente se encontraba en unasituación difícil y desesperada.
 
Tras la muerte de la madre adoptiva, apenas cumplidos ocho años, mi padre se hizo aprendiz dezapatero en el gran pueblo de Ugodski Zavod. Luego contaba que su aprendizaje se limitaba principalmente alas faenas domésticas. Tenía que cuidar los niños del amo y pastorear el ganado. Después de "aprender eloficio" de este modo durante tres años, mi padre fue a buscar otro sitio. Llegó a pie hasta Moscú, donde acabócolocándose a trabajar en la zapatería de Weiss, quien tenía también su propia tienda de calzado de últimamoda.
 
No conozco pormenores, pero, según lo que contaba mi padre, después de los sucesos del año 1905, él,lo mismo que otros muchos obreros, fue despedido del trabajo y deportado de Moscú por participar en lasmanifestaciones. Desde entonces y hasta el día de su muerte, acaecida en 1921, mi padre vivió sin salir de laaldea, dedicándose a la zapatería y a las faenas del campo.
 
Mi madre, Ustinia Artémievna, nació y creció en la vecina aldea de Chórnaya Griaz, en una familiamuy pobre.
 
Cuando mis padres se casaron, mi madre tenía treinta y cinco años y mi padre, cincuenta. Eran segundasnupcias para ambos. Los dos habían enviudado al poco tiempo de contraer el primer matrimonio.
 
Mi madre era una persona físicamente muy fuerte. Levantaba con facilidad sacos de cinco puds (un pudequivale a 16,3 kilos) de grano y los llevaba a una distancia considerable. Decían que había heredado la fuerzafísica de su padre: mi abuelo Artiom, metiéndose debajo del caballo, lo levantaba o agarrándolo de la cola losentaba de un tirón.
 
La necesidad y el poco dinero que ganaba mi padre como zapatero, obligaban a mi madre a trabajar detrajinante. En primavera, verano y otoño temprano trabajaba en el campo y en otoño tardío iba a la ciudad deMaloyaroslávets, cabeza de distrito, por comestibles y los llevaba a los comerciantes de Ugodski Zavod.Cobraba por cada viaje de un rublo a un rublo veinte kopeks. ¿Cuánto era eso? Si restamos los gastos para elpienso de los caballos, para pernoctar en la ciudad, la comida, el arreglo de calzado, etc., quedaba muy poco.Creo que los pordioseros en aquellos tiempos recogían más dinero.
 
Pero no había más remedio, así vivían entonces los pobres y mi madre trabajaba con resignación.Muchas mujeres de nuestro pueblo hacían lo mismo para no morirse de hambre. Por caminos encenagados ysufriendo del frío transportaban cargas de Maloyaroslávets, Sérpujov y otros lugares, dejando sus hijos alcuidado de las abuelas y los abuelos, que apenas podían mover las piernas.
 
La mayoría de los campesinos de nuestras aldeas vivían en la miseria. Tenían poca tierra y la que teníandaba mala cosecha. Las faenas del campo las hacían principalmente las mujeres, los viejos y los niños. Loshombres iban a Moscú, Petersburgo y otras ciudades buscando algún trabajo temporero. Ganaban poco, eranmuy raros los casos en que el campesino volvía a la aldea con una suma respetable en el bolsillo.
 
Naturalmente, en los pueblos había campesinos ricos: los kulaks. Esos sí que vivían bien: teníangrandes y soleadas casas con cómodo mobiliario, muchas aves y ganado en el corral y grandes reservas deharina y trigo en el granero. Sus hijos vestían bien, comían hasta hartarse y estudiaban en las mejoresescuelas. Para estos campesinos trabajaba la mayoría de los pobres de nuestras aldeas, con frecuencia por unornal mísero: unos por el pan, otros, por el forraje y otros, por la simiente.
 
Nosotros, los hijos de los pobres, veíamos lo difícil que las pasaban nuestras madres y sentíamos detodo corazón sus lágrimas. Pero ¡qué alegría cuando nos traían de Maloyaroslávets una rosca de pan o unmelindre! Si conseguían reunir algún dinero para la Navidad o las Pascuas y hacer un pastel relleno, nuestroúbilo no tenía límite.
 
 
Cuando cumplí cinco años y mi hermana Masha tenía seis, mi madre dio a luz otro niño, a quienpusieron el nombre de Alexéi. Era muy flaco y todos tenían miedo de que no sobreviviera. Mi madre lloraba yrepetía:
 
- ¿Cómo puede ser fuerte la criatura? Si no como más que pan yagua.
 
Varios meses después del parto mi madre decidió ir a la ciudad para ganar algún dinero. Los vecinostrataron de disuadida, le aconsejaban cuidar al pequeño, que era muy débil todavía y necesitaba leche materna.Pero el hambre que amenazaba a toda la familia obligó a mi madre a marcharse y Alexéi quedó a nuestrocuidado. Vivió poco, menos de un año. En otoño le dimos sepultura en el cementerio de Ugodski Zavod. Mihermana y yo, y no hablemos ya de mis padres, lloramos mucho su muerte y visitábamos con frecuencia sutumba.
 
Aquel año nos ocurrió otra desgracia: se derrumbó el tejado de la casa por ser muy vieja.
 
- Hay que irse de aquí -dijo el padre-, si no, nos aplastará a todos. Mientras haga calor, viviremos en elcobertizo y luego veremos. Puede que alguien nos alquile el baño o el cobertizo.
 
Recuerdo cómo lloraba mi madre cuando nos decía:- No hay otra salida, hijos, llevad todos los trastos al cobertizo.
 
El padre hizo un horno pequeño para cocinar y nos instalamos en el cobertizo como pudimos.
 
Los amigos del padre vinieron a vernos en nuestro nuevo domicilio y le gastaron bromas:
 
- Konstantín, dicen que te has peleado con tu duende y éste te echó de casa.
 
- No, no es verdad -respondió el padre-. Si me hubiera peleado con el duende, nos habría aplastado conel techo.- ¿Qué piensas hacer? -preguntó Nazárych, vecino y amigo del padre.
 
- No sé ni qué pensar...
 
- No hay nada que hacer -terció mi madre-, cogeremos la vaca por los cuernos y la llevaremos almercado. La venderemos y compraremos una armazón de madera. El verano pasará en un abrir y cerrar deojos y en invierno nadie construye casas...
 
- Ustinia tiene razón -apoyaron los hombres.
 
- Sí, es verdad, pero la vaca no bastará -dijo el padre -, y además de la vaca sólo tenemos un pencoviejo.
 
Nadie replicó, pero para todos estaba claro que por delante nos esperaba lo peor.
 
Al cabo de algún tiempo el padre logró comprar a precio módico y además a plazos una pequeñaarmazón de madera. Los vecinos nos ayudaron a traerla y en noviembre ya teníamos la casa. El tejado era depaja.
 
- Está bien, viviremos en esta casa y cuando seamos ricos construiremos otra mejor -dijo la madre.
 
Por fuera la casa era la peor de todas: el zaguán estaba hecho de maderos viejos, las ventanasencristaladas con pedazos de vidrio. Pero quedamos muy contentos, porque teníamos donde vivir en elinvierno, y en lo que a la estrechez se refiere, existe un proverbio ruso que dice: "Apretados, pero contentos".
 
En otoño de 1902 cumplí seis años. El invierno, que aquel año llegó muy temprano, resultó ser muyduro para nuestra familia. Fue un año de mala cosecha y el trigo nos alcanzó sólo hasta mediados dediciembre. El dinero que ganaban mi padre y mi madre bastaba para comprar pan, sal y pagar las deudas.Gracias a los vecinos, de vez en cuando teníamos sopa o papilla. En las aldeas esta ayuda mutua no era unaexcepción, sino más bien una tradición de amistad y solidaridad de la gente rusa que vivía en una granmiseria.
 
Cuando llegó la primavera las cosas mejoraron un poco, ya que en los ríos Ogublianka y Protvá habíaabundante pesca. El Ogublianka era un riachuelo de poco caudal y lleno de cieno. Más arriba de la aldea deKóstinka, cerca del pueblo de Bolótskoe, donde el río nacía de numerosos arroyos, tenía sitios de granprofundidad y allí había peces grandes. En el Ogublianka, sobre todo junto a nuestro pueblo y la vecina aldeade Ogub, había muchos gobios, percas y tencas, que pescábamos principalmente con cestas. Cuando teníasuerte, compartía el pescado con los vecinos por habernos obsequiado con sopa y papilla.
 
A nosotros, los chicos, nos gustaba ir a pescar al río Protvá, cerca de las colinas de Mijaliovi. El caminopasaba por un soto de tilos frondosos y magníficos abedulares, donde crecían fresas y fresones y al final delverano había muchas setas. En este soto los vecinos de todos los pueblos aledaños sacaban el líber para haceralmadreñas, que entre nosotros llamábamos "zapatos domingueros a cuadros".
 
Actualmente no existen el soto ni los abedulares: los talaron los invasores alemanes y después de laGran Guerra Patria el koljós roturó las tierras para sembrar.
 
Un verano el padre me dijo:
 
- Ya eres mayor, pronto cumplirás siete años, tienes que ponerte a trabajar. A tu edad yo trabajabatanto como los mayores. Coge el rastrillo, mañana nos iremos a segar heno, Masha y tú lo tenderéis, losecaréis y lo pondréis en almiares.
 
Me gustaba mucho la siega, adonde los mayores me llevaban con frecuencia. Pero esta vez fuiconsciente de que no iba a divertirme, como sucedía antes. Me sentía orgulloso de que participaría en el

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