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"Nietzsche y la Commune de Paris (1871)" por Nicolás González Varela

"Nietzsche y la Commune de Paris (1871)" por Nicolás González Varela

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“¿Quién garantizará que la moderna Democracia (moderne Demokratie), el todavía más moderno Anarquismo (modernere Anarchismus) y, de manera especial, aquella tendencia (Hang) hacia la ‘Commune’, hacia la forma más primitiva de la sociedad (primitivsten Gesellschafts-Form), por otro lado usual en todos los socialistas de Europa, no significa esencialmente un gigantesco contragolpe (Nachschlag) –y que la Raza de los Señores (Herren-Rasse), la de los Arios (Arier), no está incluso sucumbiendo fisiológicamente?” (Fragmente IV (1877-79). Así, sin cortapisas ni metáforas, se expresa el filólogo-filósofo Nietzsche en su etapa más madura. Un recuerdo queda marcado a fuego en su pensamiento: esa disposición horrenda hacia la Commune de Paris, el espectáculo degenerado de una insurrección armada, la primera en la historia de los trabajadores asalariados en la capital de la mayor potencia europea. Para Nietzsche la Commune no es simplemente un acontecimiento puntual, un accidente, un dérapage fruto de circunstancias fortuitas. La palabra alemana “Hang” utilizada por el filólogo-filósofo tiene la connotación de inclinación, propensión, disposición objetiva e irresistible hacia algo, incluso se la puede entender como una forma de pasión. Nietzsche es suficientemente lúcido para notar que 1871 ya no era 1848, y mucho menos 1793. Y Nietzsche, gran lector de historia y política, lo comprendió casi al mismo nivel de un Marx o Bakunin. Como todos los intelectuales de su época sufrió una conmoción que se reflejó en su propia obra filosófico-política. Subrayar el carácter eminentemente político-pedagógico de los textos de Nietzsche (y su íntima coherencia reaccionaria) no significa reducirlo a una lectura estrecha o forzada. En todo momento su radicalismo aristocrático produce excedencia teórica que van más allá de la agenda política del momento. Nietzsche, contra la hagiografía oficial, no sólo tiene una constante preocupación por la historia y la política coyuntural sino que interpreta la historia universal como un agón, un combate a muerte, “una lucha entre estamentos y clases” (Stände-und Classenkampf).
“¿Quién garantizará que la moderna Democracia (moderne Demokratie), el todavía más moderno Anarquismo (modernere Anarchismus) y, de manera especial, aquella tendencia (Hang) hacia la ‘Commune’, hacia la forma más primitiva de la sociedad (primitivsten Gesellschafts-Form), por otro lado usual en todos los socialistas de Europa, no significa esencialmente un gigantesco contragolpe (Nachschlag) –y que la Raza de los Señores (Herren-Rasse), la de los Arios (Arier), no está incluso sucumbiendo fisiológicamente?” (Fragmente IV (1877-79). Así, sin cortapisas ni metáforas, se expresa el filólogo-filósofo Nietzsche en su etapa más madura. Un recuerdo queda marcado a fuego en su pensamiento: esa disposición horrenda hacia la Commune de Paris, el espectáculo degenerado de una insurrección armada, la primera en la historia de los trabajadores asalariados en la capital de la mayor potencia europea. Para Nietzsche la Commune no es simplemente un acontecimiento puntual, un accidente, un dérapage fruto de circunstancias fortuitas. La palabra alemana “Hang” utilizada por el filólogo-filósofo tiene la connotación de inclinación, propensión, disposición objetiva e irresistible hacia algo, incluso se la puede entender como una forma de pasión. Nietzsche es suficientemente lúcido para notar que 1871 ya no era 1848, y mucho menos 1793. Y Nietzsche, gran lector de historia y política, lo comprendió casi al mismo nivel de un Marx o Bakunin. Como todos los intelectuales de su época sufrió una conmoción que se reflejó en su propia obra filosófico-política. Subrayar el carácter eminentemente político-pedagógico de los textos de Nietzsche (y su íntima coherencia reaccionaria) no significa reducirlo a una lectura estrecha o forzada. En todo momento su radicalismo aristocrático produce excedencia teórica que van más allá de la agenda política del momento. Nietzsche, contra la hagiografía oficial, no sólo tiene una constante preocupación por la historia y la política coyuntural sino que interpreta la historia universal como un agón, un combate a muerte, “una lucha entre estamentos y clases” (Stände-und Classenkampf).

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Nietzsche y la
Commune
de Paris*
 Por Nicolás González Varela(fliegecojonera@gmail.com)
U
na incómoda verdad:
¿es posible pensara Nietzsche, uno de los filósofos másinfluyentes de nuestra cultura, como pensadorpolítico? El interés de Nietzsche comopensador
totus politicus
en la cultura europeaatravesó cuatro fases. La primera comenzó conel filósofo en vida en 1898, inaugurada con loslebres trabajos de Georg Morris CohenBrandes, Henri Lichtenberg, Daniel Halévy,Ettore Zoccoli, Ferdinad Tönnies, la mayoríafilonietzscheanos en plena
 Nietzsche Vogue
,que arrojaron luz sobre el lado político delfilósofo, mostrando su
 Kritik
reaccionaria a lanueva sociedad de masas, a la democracialiberal, al estado de partidos, al crecienteinflujo del socialismo y el anarquismo,clasificando sin dudas a su
élan vital 
como unradicalismo aristocrático-individualista;dentro de esta etapa de discusión sobre las consecuencias políticas de Nietzschedebemos incluir polémicas de época en la que intervinieron desde el biógrafosocialdemócrata Franz Mehring hasta el joven León Trotsky. La segunda fasenace a partir del fin de la Primera Guerra Mundial (1918) hasta el fin de laSegunda Guerra Mundial (1945) y se caracteriza por la hermenéuticaconservadora, nacionalista y nacionalsocialista de Nietzsche, un amplio espectroque va desde interpretes que ven en el Nietzsche político un precursor o pionerodel despertar de Alemania (Richard Oehler, Alfred Baeumler, AlfredRosenberg), quien lo refuta como irremediablemente
décadent 
para laconstrucción del nuevo
 Reich
(Christoph Steding), quien lo toma con extremocuidado como ambivalente (Martin Heidegger) y hasta quien lo desecha porindividualista y hostil a la
Volksgemeinschaft 
nazi (Ernst Krieck). Es lógico: lanueva extrema derecha no se reasume completa y acríticamente en la síntesisnacionalsocialista, pero la
 Konservative Revolution
, en todas sus variantes, sí seinspiró ampliamente en Nietzsche, en especial en el concepto de nihilismo. Unatercera fase se abre a partir de 1945 con la edición crítica de las obras completasde Nietzsche, la edicn del
 Nachlass
(notas y fragmentos inéditos) y delepistolario, tarea emprendida por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, esteperíodo está además signado por el libro del filósofo marxista Georgy Lúkacs(aunque sus críticas a Nietzsche provienen de la cada de 1930)
 Die Zerstörung der Vernunft 
(1954), que ubica a Nietzsche en el
 Zentrum
de lalucha teórica contra el socialismo, y la legitimación-consagración académica deNietzsche en la universidad y disociándolo de toda relación con el pensamientopolítico (el Nietzsche “antipolitical” de Kauffman). En esta etapa aparece elesfuerzo tinico por desvincular a Nietzsche de la interpretaciónnacionalsocialista, obsesivamente centrado en la reinterpretación de la
Will zur Macht 
, la voluntad de poder, que parte del libro
 Nietzsche et la Philosophie
 
(1962)
 
de Gilles Deleuze (1962), que al intentar arrojar el agua sucia de la bera, también tira al niño que hay dentro de ella, negando cualquierposibilidad que Nietzsche haya deseado instrumentalizar la política de algúnmodo. La cuarta etapa nace en los preliminares del ’68, es la canonizaciónestructuralista y posmoderna, cuya acta de nacimiento del
 Nietzschéisme
es lacélebre intervención de Foucault,
 Nietzsche, Marx, Freud 
(1967), aunqueFoucault se esforzaba no tanto por entender a Nietzsche como uno de losmaestros de la crítica de la ideología moderna, sino a intentar extraer unmétodo de indagación de la moral (genealógico) basado en la desconstrucción y la microfísica del poder. En todas estas variaciones y negaciones de ladimensión política nietzscheana (que en algunos casos llega al ridículo) lareflexión sobre la filosofía política, la teoría del estado, el movimiento socialistao sus pensamientos políticos sobre cuestiones socio históricas de su época esescasa o indiferente. La política sería indiferente para el olímpico filólogo-fisofo Nietzsche. Los estudios sobre Nietzsche potico son raros y muespaciados temporalmente; al mismo tiempo son estigmatizados anatematizados por el
 Nietzschéisme
. Entre los más importantes podemosnombrar a Alfred eumler, Walther Kaufmann (en el marco de unareconstrucción general), Georgy Lúkacs, Karl Löwith, Massimo Cacciari, MarcSautet, Luigi Alfieri, Roberto Escobar, Franco Livorsi, Domenico Losurdo y últimamente investigadores anglosajones como Keith Ansell-Pearson.En un artículo anterior tratamos de sumarnos a este intento de lectura crítica,de “situar” en las coordenadas histórico-políticas las primeras obras deNietzsche, hablábamos de
 El Nacimiento de la Tragedia desde el Espíritu de la Música
de 1872 y de textos coetáneos. La tarea era entender al filósofo como
totus politicus
y pensar junto con los textos (manuscritos y correspondencia)que la etapa comprendida entre los años 1869-1879 podía entenderse como elintento y la frustración de llevar a la práctica una plataforma poticareaccionaria, antimodernista y esencialmente anticomunista. Sostenemos quelos textos escritos por Nietzsche desde
 Die Geburt…
hasta las
Consideraciones Intempestivas
podían comprenderse como
wagnerian Streitschriften
, escritosde combate político wagnerianos e inclusos líneas prácticas de aplicación de un verdadero programa ariscrata
reactionnaire
. Aún con evidenciasdocumentales en la mano (contrastables) el
 Nietzschéisme
, bajo la formapatética de expurgar y exorcisar a su autor-fetiche de toda consonancia con elmundo histórico y político, es incapaz de relacionar la vida real con los textos venerables. Entre autor y obra, como en otros casos memorables (deMontesquieu, Hobbes, Locke, Hegel a Marx pasando por Blanchot a Heidegger)se establece una arbitraria y artificial separación. Esta rigurosa y autoritariaconcepción de la no unidad entre escritura y autor, donde el contenido de verdad de una
corpus
filosófico no tiene que reflejarse necesariamente en lamentalidad y en la ética de la vida del filósofo, exacerba y agudiza de tal forma laautonomía “débil” de la filosofía, que cualquier comportamiento o acción en elámbito de lo político, de por sí despreciable y relegada a mera nota biográfica,no puede arrojar ningún cono de sombra sobre su
opus magnum
o ser utilizadocomo
via regia
para nuevas lecturas interpretativas. La escisión no está enNietzsche sino en la ideología esponnea de sus interpretadores comentaristas. Dicho secamente: no puede desacreditarse, al realizar laconexión entre política y filosofía, la
 Kritik
nietzscheana, ni ninguna otra,poniéndola a trasluz con asuntos que resultan, por definición, “externos”, comolo es una decisión resuelta en política. Reduciendo la disonancia cognitiva entre
 
contra evidencias e ideología, la comodidad
dilettante
del intelectual de clasemedia es un modo muy humano de evitar la incómoda verdad. ¿Cuál verdad?Que ciertos nexos y conexiones entre pensamiento y hechos político-históricosson capaces de penetrar en lo profundo de la bella conciencia de eruditos y 
scholars
, penetración que “perturbaría” no sólo las tradiciones establecidas enel Panteón esclerótico, sino en las apoltronadas trincheras académicas que las(re) producen. La vulgarizacn y trivialización (neutralizacn) en losprofesores y literatos hace que cuanto más parcializado y especializado (en elsentido de Adam Smith) sea el conocimiento y más venerable la tradición deestudios de un área, más fácil resulta ignorar los hechos discordantes, más sepotencia la reducción de la disonancia cognitiva, más natural resulta justificar elleer “mal” a un autor. Y esto vale para Hobbes, Hegel, Marx o en este caso paraNietzsche. El silencio patético de los brahmanes académicos, el despistemonumental del
 Nietzschéisme
no es ni el silencio ni la falta de coherencia desus fuentes. Por el contrario. Sus fuentes se adaptan, sí o sí, al
 fórceps
ideológicode su quina interpretativa. Por eso deamos que el
 Nietzschéisme
esprimeramente una filología negativa; en segundo lugar es un revisionismofilosófico (la edulcoración sistemática del Nietzsche real) que permite continuarun combate contra Marx desde un perspectivismo contextual a una pretendidasociedad ideal de
consommation
. Pero ellos nunca lo sabrán. Como decía elpropio Nietzsche: “las llamadas paradojas del autor, que chocan al lector, noestán a menudo, del todo en el libro del autor, sino en la mente del lector”.Nietzsche ya avisaba contra estos lectores bizcos o demasiado apresurados. Perodejemos a los sacerdotes de la hermenéutica de la inocencia y continuemosinterrogando a Nietzsche sobre su incidencia como político.
Unidad política reaccionaria de Nietzsche:
“¿Quién garantizará que lamoderna Democracia (moderne Demokratie), el todaa s moderno Anarquismo (modernere Anarchismus) y, de manera especial, aquella tendencia(Hang) hacia la ‘
Commune
’, hacia la forma más primitiva de la sociedad(primitivsten Gesellschafts-Form), por otro lado usual en todos los socialistas deEuropa, no significa esencialmente un gigantesco
contragolpe
(Nachschlag) – y que la
Raza de los Señores
(Herren-Rasse), la de los Arios (Arier), no estáincluso sucumbiendo fisiológicamente?” (Fragmente IV (1877-79). Así, sincortapisas ni metáforas, se expresa el filólogo-filósofo Nietzsche en su etapa másmadura. Un recuerdo queda marcado a fuego en su pensamiento: esadisposición horrenda hacia la
Commune
de Paris, el espectáculo degenerado deuna insurrección armada, la primera en la historia de los trabajadoresasalariados en la capital de la mayor potencia europea. Para Nietzsche la
Commune
no es simplemente un acontecimiento puntual, un accidente, un
dérapage
fruto de circunstancias fortuitas. La palabra alemana “Hang” utilizadapor el filogo-filósofo tiene la connotación de inclinacn, propensn,disposición objetiva e irresistible hacia algo, incluso se la puede entender comouna forma de pasión. Nietzsche es suficientemente lúcido para notar que 1871 yano era 1848, y mucho menos 1793. Y Nietzsche, gran lector de historia y política,lo comprendió casi al mismo nivel de un Marx o Bakunin. Como todos losintelectuales de su época sufrió una conmoción que se reflejó en su propia obrafilosófico-política. Subrayar el carácter eminentemente político-pedagógico delos textos de Nietzsche (y su íntima coherencia reaccionaria) no significareducirlo a una lectura estrecha o forzada. En todo momento su radicalismoaristocrático produce excedencia teórica que van más allá de la agenda política

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