3mediante la búsqueda de sus
“antepasados históricos directos”
que se suponían poseedoresde una
esencia nacional
que trasciende en el tiempo. Surge, entonces, el nacionalismo quetrata de justificar y afianzar al estado-nación mediante estudios históricos y arqueológicos,cuestion que para la clase dominante de los paises latinoamericanos era de primerísimaimportancia puesto que en estos países la
unidad étnica
es una falacia y más bien la luchade clases se prolonga más allá de su proclamada Independencia.De todas formas, la arqueología como disciplina científica, no nació en estos países hastalas últimas décadas del siglo XIX (Politis 1995: 198-199) y, en el caso concreto del Perú enlos inicios del siglo XX (Pozzi-Escott 2002). Paradójicamente, dicha arqueología se iniciócon la presencia en estos países latinoamericanos, como es el caso del Perú, deinvestigadores extranjeros, como el alemán Max Uhle (Politis 1995: 200). Con ellos, elparadigma dominante de ese entonces, el evolucionismo cultural (y sus concepciones decómo las de “sociedades avanzadas” y “sociedades atrasadas”), fue deslizado e instauradoen la interpretación de las sociedades prehispánicas.Posteriormente, la influencia de los Estados Unidos se hizo notar hacia el comienzo delsiglo XX, tanto como sus intereses económicos y políticos en Latinoamerica ibanaumentando (Patterson 1986). Por ello, el paradigma evolucionista social con el cual seinicia la arqueología académica será sustituido por el historicista cultural
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, un paradigmaque en ese marco de colonialismo económico (sobre todo a partir de la victoria de los
Aliados
en la II Guerra Mundial y la consiguiente hegemonia de los U.S.A enLatinoamerica) y, consecuentemente el ideológico, sirvió de mejor manera para lospropositos imperialistas
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.Sin embargo, en los años previos a que el historicismo cultural adquiriese relevancia enUSA, en países como Perú y México también se desarrolló un movimiento social y políticocontrario al colonialismo económico e ideológico denominado
"Indigenismo”
. Estaideología homogeneizante y cohesionante (re)producida en el Perú por la clase burguesa y,consecuentemente, por el Estado para defender sus intereses, aparecería tan temprano comoen 1867 de la mano de Juan Bustamante (Aguirre-Morales 2001). Dicha ideologíaidealizaba el pasado prehispánico (principalmente al Imperio Inkaiko) y fue llevada aldiscurso arqueológico por Luis E. Valcárcel a comienzos de siglo XX (ver Patterson 1994:531). Este Indigenismo fue mejor utilizado por la clase dirigente representada en elpresidente Augusto B. Leguía (1919-1930) y sirvió para crear un nacionalismo que buscabaafianzar al Estado a través de la idealización del pasado prehispánico. Con ese objetivoJulio C. Tello, se convertiría en el
arqueólogo oficial
de esta politica histórica.
Así pues, entre los antecedentes de los planteamientos de la ASL estuvieron por un lado,una ideología nacionalista y anticolonialista, como el
Indigenismo
y, por el otro unaideologia claramente relacionada al capital internacional norteamericano. En ambos casos,
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Uno de los objetivos principales de l@s historicistas culturales norteamerican@s fue el de construir
“secuencias culturales”
, como la que se desarrolló a partir del
“Proyecto Virú”
de 1946 (Willey 1952)
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La tradición de investigación de arqueología realizada por norteamerican@s en el Perú, concretamente elparadigma histórico cultural, se consolidaría con la conferencia denominada
“Reappraisal of Peruvian Archaeology”
(Schaedel y Shimada 1982).
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