Document Information
152 Reads | 0 Comments
Description
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de
deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo,
y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.”
Job 19:25-27.
La mano de Dios se ha recargado pesadamente sobre nosotros en esta
semana. Un anciano diácono, que fue miembro de esta iglesia por más de
cincuenta años, ha sido quitado de en medio de nosotros; y una hermana,
la amada esposa de otro de nuestros líderes, y miembro por casi un
mismo número de años, se ha quedado dormida. No ocurre con frecuencia
que una iglesia sea llamada a lamentar la partida de dos miembros
tan venerables; no hemos de prestar oídos sordos a esta doble admonición
para que nos preparemos para venir al encuentro de nuestro Dios.
Que ambos fueran preservados durante tanto tiempo, y fueran sostenidos
tan misericordiosamente por tantos años, no sólo era una razón de
gratitud para ellos, sino también para nosotros.
14 Pages