La energía magnética de Trotsky Para poder vencer, era necesario que el ejército fuera dirigido por un hombre con voluntad de hierro, y que este hombreno solamente tenga la confianza plena del partido, sino también la capacidad de subyugar al enemigo que estáobligado a servirnos por medio de esta voluntad de hierro. Pero el camarada Trotsky no sólo logró subordinar bajo suenergía a los oficiales superiores del grado más elevado. Hizo más: logró ganar la confianza de los mejores elementosentre los expertos militares y convertirlos, de enemigos de la revolución soviética en partidarios profundamenteconvencidos. Fui testigo de semejante victoria de Trotsky en la época de las negociaciones de Brest-Litovsk. Losoficiales que nos habían acompañado a Brest-Litovsk guardaban una actitud más que reservada con respecto anosotros. Desempeñaban su papel de expertos con la mayor arrogancia, convencidos de asistir a una comedia que noserviría más que para abrir una transacción comercial después de un largo tiempo, arreglada entre los bolcheviques y elgobierno alemán. Pero la forma en que Trotsky llevó la lucha contra el imperialismo alemán, en nombre de losprincipios de la revolución rusa, forzó a todos los humanos presentes en la sala a admitir la victoria espiritual y moral deeste eminente representante del proletariado ruso. La desconfianza de los expertos militares con respecto a nosotros sedesvaneció a medida en que se desarrollaba el gran drama de Brest-Litovsk. Recuerdo la noche en que el almirante Altvater10 -luego fallecido- uno de los oficiales superiores del antiguo régimen,que comenzaba a ayudar a la Rusia soviética, no por razones de miedo, sino de conciencia, entró en mi habitación y medijo: "Vine aquí porque ustedes me obligaron. No les he creído. Pero ahora voy a ayudarlos y haré mi trabajo comonunca antes porque tengo la profunda convicción de servir a mi patria". Es una de las mayores victorias de Trotsky, quienfue capaz de hacer compartir a otros su convicción de que el gobierno soviético lucha realmente por el bienestar delpueblo ruso, incluso por quienes han venido de campos hostiles y por la fuerza. Demás está decir que esta granvictoria en el frente interno, esta victoria moral sobre el enemigo, no es sólo el resultado de la energía de hierro de Trotskyque le ha valido el respeto universal; no sólo es el resultado de la profunda fuerza moral, del alto grado de autoridad, aúnentre los medios militares, que este escritor socialista y tribuno del pueblo, ubicado por la voluntad de la revolución a lacabeza del ejército, ha sido capaz de conquistar. Exigía también la abnegación de decenas de miles de nuestroscamaradas en el ejército, una disciplina de hierro en nuestras propias filas, un esfuerzo y una tensión permanentes paraalcanzar nuestros objetivos; también exigía ese milagro que esta masa de seres humanos que, apenas ayer, huían delos campos de batalla, retomara hoy las armas, en condiciones más que difíciles, para la defensa de su país. Es unhecho innegable que estos factores políticos y psicológicos de masas juegan un rol importante. Pero la expresión másvigorosa, la más concentrada y la más impresionante de esta influencia se encuentra en la personalidad de Trotsky.Aquí, la revolución rusa ha actuado por intermedio del cerebro, del sistema nervioso y del corazón del mayor de susrepresentantes. Cuando comenzó nuestra primera prueba militar, con Checoslovaquia, el partido, y con él su dirigente,Trotsky, demostró cómo el principio de la campaña política -como ya lo había enseñado Lassalle- podía ser aplicado a laguerra, al combate con "argumentos de acero". Hemos concentrado sobre la guerra todas nuestras fuerzas morales ymateriales. Todo el partido había comprendido que era necesario. Pero también esta necesidad encontró su expresiónmás elevada en la personalidad de acero de Trotsky. Después de nuestra victoria sobre Denikin en marzo de 1920,Trotsky dijo a la conferencia del partido: "Hemos destruido toda Rusia para vencer a los Blancos". Encontramosnuevamente en estas palabras la concentración sin igual de la voluntad necesaria para la victoria. Nos hacía falta unhombre que fuera la encarnación del grito de guerra, un hombre que se convierta en el toque de alarma, la voluntad queexige a cada uno y a todos la subordinación total a la gran necesidad sangrienta. L. D. personifica la revolución Únicamente un hombre trabajando como Trotsky, cuidándose tan poco como Trotsky, que puede hablar a los soldadoscomo sólo Trotsky puede hacerlo, solamente un hombre así podía ser el abanderado del pueblo trabajador en armas. Hasido todo esto, en una sola persona. Ha reflexionado sobre los consejos estratégicos dados por los expertos militares ylos ha combinado con una evaluación correcta de la relación entre las fuerzas sociales; ha sabido unir en un movimientoúnico los avances de catorce frentes, de diez mil comunistas que informaban el cuartel general sobre lo que era enrealidad el ejército y sobre la forma en que uno podía aprovecharse de él; comprendía cómo había que combinar todo estoen un único plan estratégico y un plan de organización única. Y, en el curso de este espectacular trabajo, comprendíamejor que nadie como tenía que aplicar su conocimiento de la significación del factor moral en la guerra. Esta combinación entre el organizador, estratega militar y hombre político es lo mejor caracterizado por el hecho que,durante todo el tiempo de su duro trabajo, Trotsky apreció la importancia de Demian Bedny o del artista Moor11 para laguerra. Nuestro ejército era un ejército de campesinos, y la dictadura del proletariado, en lo que concierne al ejército,es decir, la dirección de este ejército de campesinos por los obreros y los representantes de la clase obrera, se realizabaen la personalidad de Trotsky, y de los camaradas que cooperaban con él. Trotsky fue capaz con la ayuda de todo elaparato del partido, de transmitir a este ejército de campesinos agotados por la guerra, la profunda convicción decombatir por sus propios intereses.
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