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ASTURIAS OCTUBRE1934

ASTURIAS OCTUBRE1934

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Fundación Federico Engels..
Marxismo Hoy nº 13
 
.......... 
Enero 2005
 
ASTURIAS: OCTUBRE1934
 
La Comuna Asturiana de 1934La insurrección proletaria y la República
 
Índice
 
Presentación
La Comuna Asturiana de 1934, La insurrección proletaria y la República )Juan Ignacio Ramos)
 
La Comuna Asturiana en imágenes
Sobre la derrota de Octubre y sus enseñanzas (León Trotsky)
Las lecciones de la insurrección de octubre (Andreu Nin)
Derrotas desmoralizadoras y derrotas fecundas (Andreu Nin)
 
Octubre, segunda etapa (Federación Nacional de Juventudes Socialistas)
BibliografíaPresentaciónEste año se cumple el 70 Aniversario de la insurrección obrera en Asturias: la ComunaAsturiana, bautizada así por sus paralelismos con la Comuna de París, la primera revoluciónobrera que registra la historia y que, al igual que su homónima en Asturias, supuso el intentofracasado de establecer el poder de los trabajadores.En estas fechas una gran cantidad de artículos, trabajos académicos y algunos libros han vistola luz para conmemorar el acontecimiento. En su mayoría se trata de un tipo de material yaconocido, que busca la equidistancia entre los protagonistas del hecho revolucionario y losverdugos que aplastaron el movimiento insurreccional.Así de "objetiva" se nos presenta la historia por parte de los profesionales de la "cosa". Peroeste tipo de enfoqué, un enfoqué al servicio de las ideas de la clase dominante, no buscaestablecer las auténticas causas que llevaron a miles de trabajadores asturianos, y también deotras regiones y nacionalidades del Estado Español, a protagonizar un levantamiento armadocontra el gobierno reaccionario que en ese momento gobernaba la república española. Muchomenos extraer las lecciones de la insurrección y su derrota para comprender las tareas actualesde los revolucionarios. Este enfoque dominante en la historiografía oficial quiere apuntalar laleyenda de que los acontecimientos que se sucedieron en los años treinta, con el ascenso delfascismo como telón de fondo, y confluyeron en la revolución y la guerra civil de 1936/39constituyen una "tragedia" para los españoles, una lucha "fraticida" entre hermanos dondetodos perdieron por igual. Una forma, en definitiva, de revisión histórica fraguada durante latransición para imponer el olvido sobre el levantamiento fascista del 18 de julio y los cuarentaaños subsiguientes de dictadura franquista. Y para lograr tal objetivo es necesario igualar enresponsabilidades a los representantes de un régimen de represión, fusilamientos, cárcel yexplotación, con aquellos que lucharon por liberarse de ese oprobio.Hay muchos historiadores, "especialistas", y políticos decididos a imponer este silencio sobrela memoria histórica. En la derecha son legión, pero en la llamada izquierda "moderna",socialdemócrata, tampoco escasean. Recientemente hemos visto un ejemplo de esto en lavergonzosa actitud del ministro de Defensa José Bono, respaldado por el gobierno del PSOE,
 
de hacer desfilar el Día de la Hispanidad a un fascista de la División Azul y a un viejorepublicano de la División Leclerq que participó en la liberación de París de la ocupación nazi.De esta manera, en palabras del ministro, se sella la "reconciliación" entre españoles de "ambos bandos". Para justificar este modo de hacer las cosas, esta indignidad despreciable de equiparar a victimas y verdugos, el ministro no pierde oportunidad para resaltar en cuanta tribuna puedelo bueno que era su padre, un antiguo jefe de la Falange en Albacete. Así se nos quieredemostrar que el gobierno de los puños y las pistolas que cubrió de represión y sangre elterritorio ibérico durante cuatro décadas no era tan malo, pues albergaba a gentes de tantocorazón como el padre del ministro. Y así, poco a poco, se va reconstruyendo la historia, pariendo una visión de los acontecimientos que absuelve a la clase dominante de sus crímenesy oculta los hechos a las jóvenes generaciones.Frente a esta desfiguración del pasado, nuestra intención como marxistas es precisamente lacontraria: demostrar que la lucha de clases es el motor del desarrollo histórico y que los hechosno suceden como consecuencia de la imprevisión del espíritu humano.La conmemoración de la insurrección proletaria de Asturias de 1934 es una obligación para losrevolucionarios de todo el mundo. Aquel capitulo heroico de la historia del proletariadoespañol ha pasado a la memoria colectiva del movimiento obrero y sus enseñanzas deben ser estudiadas meticulosamente por las nuevas generaciones de marxistas. La intención de estenuevo número de Marxismo Hoy es contribuir a esta tarea, desde la óptica del materialismohistórico y con la vocación de que las lecciones de Octubre del 34 fortalezcan la lucha por unaalternativa marxista revolucionaria.
La Comuna Asturiana de 1934. La insurrección proletaria y la República
 
 
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Fundación Federico Engels..
Marxismo Hoy nº 13
 
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Enero 2005
 
ASTURIAS: OCTUBRE1934
 
La Comuna Asturiana de 1934La insurrección proletaria y la República
 
La Comuna Asturiana de 1934La insurrección proletaria y la República
 
 Juan Ignacio Ramos
 
En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en larepública democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, es un mal que se transmitehereditariamente al proletariado triunfante en su lucha por la dominación de clase.
 
El proletariado victorioso, lo mismo que hizo en la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamentelos lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas ylibres, pueda deshacerse de todo este trasto viejo del Estado.
 
Federico Engels, en el vigésimo aniversario de la Comuna de París,Londres, 18 de marzo de 1891.
 
 
 
La historia de los años treinta en el Estado español es la crónica de la revolución proletaria y lacontrarrevolución burguesa. Todos los acontecimientos que se sucedieron desde los años veinte y quecristalizaron en la guerra civil —la forma más aguda que puede adoptar la lucha de clases— ponían demanifiesto los intereses irreconciliables de capitalistas y terratenientes, de la casta militar y eclesiásticacon los de millones de campesinos y proletarios. Todos los regímenes políticos que se sucedieron,estaban condicionados por este hecho.
 
La burguesía buscó desesperadamente, en todo este período histórico, formas de dominación quele permitiesen contener la marea revolucionaria que se les venía encima. Lo intentaron primero con ladictadura de Primo de Rivera y, posteriormente, sacrificando la odiada monarquía de Alfonso XIII por laRepública; pero a lo que nunca renunciaron, y ahí radicaba el problema esencial, fue a mantener lamano firme sobre sus propiedades, sobre la tierra, las fábricas y la banca, a imponer a los trabajadoresy los campesinos famélicos su régimen de explotación, sus jornales de miseria y hambre, sus jornadasde sol a sol. Apoyándose en la Iglesia católica y la casta militar, la oligarquía española no pretendíarenunciar a ninguno de sus privilegios y era consciente, sobradamente consciente, que ello le llevaba aun enfrentamiento decisivo con el movimiento obrero.
 
La clase dominante española toleró las formas democráticas como un mal menor, siempre ycuando el poder económico, y por tanto el político, siguiesen estando firmemente bajo su control. En lamedida que el traje del parlamentarismo democrático burgués fue incapaz de servir a este objetivo, laburguesía no vaciló en desprenderse de él y adoptar los métodos del golpe militar, la guerra civil y elfascismo. Toda la palabrería acerca de la democracia, libertades cívicas, elecciones, sufragiouniversal, fue arrojada al basurero y reemplazada por otras más afines: cruzada anticomunista, orden,propiedad, patria, censura, cárceles, fusilamientos...
 
La experiencia histórica de la revolución española demostró que ningún régimen político puedesustraerse de las relaciones sociales de producción que lo condicionan y determinan su naturaleza. LaRepública proclamada el 14 de abril de 1931 no trastocó los límites de la propiedad capitalista. Comoreflejo del ascenso de la lucha de clases y de las enfermedades que corroían al capitalismo español, laRepública despertó las esperanzas de una vida mejor para millones de personas oprimidas durantegeneraciones. Las ilusiones en la democracia y en un cambio fundamental en sus condiciones deexistencia, florecieron en todos los rincones del país. Pero estas ilusiones no tardaron mucho enmarchitarse. Para los oprimidos del campo y la ciudad, la República no trajo grandes cambios en suscondiciones de vida, mientras mantenía lo esencial del dominio terrateniente y capitalista de lasociedad.
 
El primer gobierno de conjunción republicano-socialista dio paso, tras las elecciones de noviembrede 1933, a otro de los radicales de Lerroux cuya política, en realidad, la dictaban los diputados de laCEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas).
 
El agrupamiento derechista de la burguesía española liderado por Gil Robles, consciente de lairremediable escalada del movimiento obrero y la incapacidad de la República para contenerla,desbrozó el camino para imponer un régimen de corte fascista que aplastase a las organizacionesobreras y la capacidad combativa del proletariado. Toda la obra contrarrevolucionaria cedista tanto enel terreno legislativo como en la realidad de la lucha de clases, encontraba su sintonía con el triunfo deHitler en Alemania y Dolffus en Austria. La amenaza de un triunfo similar en el Estado español era tanreal como reales eran los discursos de Gil Robles y otros destacados líderes de la CEDA a favor de unrégimen de ese tipo.
 
La insurrección obrera del 5 de octubre de 1934 vino a cortar esta perspectiva de consolidar unEstado fascista mediante la utilización de los mecanismos del parlamento burgués. Fue la insurrecciónarmada en Asturias y el frente único de la izquierda a través de las Alianzas Obreras, lo que desbaratótodos los planes de la CEDA. Sin este ensayo previo, difícilmente puede entenderse la resistencia alfascismo con las armas en la mano durante los tres años de guerra civil y revolución social, unadiferencia cualitativa con lo acontecido en Italia, Alemania o Austria.
 
El fin del régimen monárquico
 
La historia de España hasta 1931 había estado caracterizada por siglos de continua, lenta e

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