propiciar una revisión de los valores quehan orientado a la civilización humana yhan hecho posible este estado de cosas.
«El mundo es hoy más único que nun-ca, pero nunca estuvo tan dramáticamentefragmentado. La proximidad que la in-mediatez propiciada por los medios de co-municación parece dar, es sólo un espejis-mo». La humanidad se enfrenta asi alverdadero desafío fundamental: «integrar el universo mayoritariamente técnico yeconómico de los países ricos, con la luchapor la supervivencia, el bienestar y la iden-tidad cultural, por parte de los países em-pobrecidos». Ese desafío debe permitir, a juicio de Touraine, recomponer la idea demodernidad.
La imagen de la modernidad podría ser representada hoy por «una economía flui-da, un poder sin centro,..., una sociedadsin actores». «Las nuevas coordenadas se-rían, de un lado, la tutela de centros degestión económica, política y militar, y deotro lado, el universo privado de la nece-sidad». Lo privado ha adquirido importan-cia creciente, convirtiéndose en el refugiodelimitado por el ámbito del propio inte-rés.
Para poder hablar de una reinterpre-tación de la modernidad, hay que buscar un principio de integración que restablezcala cohesión entre individuo y colectividad,vida y consumo, y de todo ello con la ra-cionalidad instrumental. «Se trata, por tan-to, de superar el énfasis hecho en lamodernidad como mera racionalizacióny buscar un nuevo equilibrio entre ésta yla defensa de la identidad del sujeto y desu libertad personal, frente al poder absoluto de la sociedad».
Tras períodos históricos en los que losmodelos políticos se presentaban a sí mis-mos como agentes del progreso y siglosen los que las civilizaciones descansabansobre fundamentos religiosos, hoy Tou-raine describe un mundo frágil en el queno hay fuerza superior ni instancia de ar-bitraje que haga posible la interdependen-cia entre racionalización y subjetivación.
«Crítica de la modernidad» plantea elpeligro de una disociación completa entreel sistema y los actores. «¿Cómo reinven-tar la vida social y en particular la vida po-lítica, cuya descomposición actual,..., es elproducto de esa disociación de los instru-mentos y del sentido, de los medios y delos fines? ¿Cómo superar el vacío crecienteentre vida pública y vida privada, evitandoque se produzca un definitivo repliegue dela mayoría al espacio privado, lo que de-
jaría un hueco donde se encontraba el es-pacio público, social y político en el quenacieron las democracias modernas?».
LA SOCIEDAD PROGRAMADA
Alain Touraine define de esta maneraa la sociedad postindustrial, basándose enel hecho de que es la producción y difusiónmasiva de conocimientos, cuidados mé-dicos y de información, la que define a estasociedad, y son por tanto la educación, lasalud y los medios de comunicación demasas —denominados bienes cultura-les—, los que caracterizan a esta civiliza-ción, como la producción de bienes ma-teriales —metalurgia, textil, química,eléctrica,...—, lo hizo a la civilización in-dustrial.
En esta sociedad, y en particular en elámbito de la salud, la educación y la in-formación, adquiere creciente importanciala defensa de una cierta concepción de lalibertad de cada sujeto, de la capacidad dedar sentido a la vida.
Así se observa, por ejemplo, en los de-bates más actuales en el mundo de la sa-lud, con su énfasis en la persona del en-fermo, que adquiere rango de sujeto —conderecho a estar informado y a elegir entrelos cuidados que le puedan ser de aplica-ción—, no mero objeto de atención de laslógicas profesionales, financieras, admi-nistrativas o corporativas, de los hospita-les y sistemas de salud.
Asimismo son de extrema actualidaden el mundo educativo, los debates acercadel sentido de una formación funcional-mente orientada al empleo, frente a unaaproximación más integral a la personaque se educa y sus demandas globales.
De modo similar se constata una cadavez mayor preocupación por los derechosdel consumidor, receptor de cantidades deinformación sin precedentes a través delos medios de comunicación de masas,que en tantas ocasiones no respetan cri-terios mínimos de calidad y adecuación delos contenidos de sus programaciones alos diferentes públicos-objetivo a los quese dirigen. Surgen asi autoregulaciones decarácter ético, consensuadas entre los pro-pios agentes de comunicación, o impues-tas por otras instancias, pero que aun semuestran claramente insuficientes.
En la sociedad actual se ha producido,según Touraine, «un gran vuelco de la ac-ción colectiva hacia los temas personaleso morales». En efecto, hoy en día interesamás preguntarse por las finalidades de
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