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La muerte de un ciudadano es la muerte de toda la ciudadanía

La muerte de un ciudadano es la muerte de toda la ciudadanía

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Reflexiones desde la Biología-Cultural a propósito de la muerte de un joven mapuche el 2009 por disparos de la policía.
Reflexiones desde la Biología-Cultural a propósito de la muerte de un joven mapuche el 2009 por disparos de la policía.

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Published by: Ignacio Muñoz Cristi on Sep 11, 2009
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09/11/2009

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La muerte de un ciudadano es la muertede la ciudadanía toda: José Mendoza Collio
Ignacio Muñoz Cristi
Un joven mapuche de 24 años, de nombre José Facundo Mendoza Collio, resultómuerto el pasado 12 de agosto como consecuencia de un disparo efectuado por uncarabinero. De acuerdo a las informaciones disponibles, el hecho ocurrió luego queintegrantes de la comunidad Requén Pillán ocuparan el predio San Sebastián,ubicado a pocos kilómetros de Collipulli. Se verificó el suceso en el contexto de undesalojo por parte de carabineros de las familias que ocupaban el predio, acciónque habría sido autorizada por el tribunal de Angol que estimó ilegal tal ocupación.La Corte Marcial resolvió el 20 de agosto confirmar el procesamiento y negar lalibertad provisional al cabo de Carabineros, Miguel Jara Muñoz, autor del disparoque terminó con la vida del joven comunero mapuche. El funcionario del Grupo deOperaciones Especiales (GOPE) permanecerá bajo custodia en la PrimeraComisaría de Angol.Según lo consignado en los Informes, Mendoza Collío recibió el disparo por laespalda, y peritajes posteriores revelaron que no tenía restos de pólvora ni en sucuerpo ni en su ropa, lo que señalaría que el joven no disparó con arma algunacontra el carabinero, cuya defensa alega defensa propia.La estrategia de criminalizar un conflicto, eminentemente político en sus orígenes,cobra una nueva vida al interior del pueblo mapuche entre quienes se movilizanpor la reivindicación de sus tierras y derechos. Recordemos que tres personas, AlexLemun el 2002, José Domingo Collihuinca el 2006 y Matías Catrileo el 2008 hanmuerto en similares condiciones.Podríamos ciertamente, en este contexto, describir los conflictos históricos delterritorio que hoy es Chile a la llegada de los españoles, o retrotraernos al que hasido distinguido por diversos historiadores como un oscuro episodio nacional delimpieza étnica mal llamado “la pacificación de la Araucanía”.Pero no hay necesidad de ir tan atrás para ver lo que este presente nos muestra alos ojos de nuestra invitación reflexiva. ¿Qué nos muestra? Violencia, por cierto,indiferencia también, discriminación, abuso de fuerza, todo ello en una carencia demirada sistémica-sistémica y de una honesta disposición para generar, realizar y conservar conversaciones reflexivas.En esta dirección queremos invitar a compender que las consecuencias en elhabitar de una parte de la ciudadanía repercuten sí o si en el país completo, entodos sus ciudadanos. Claramente podemos distinguir que la estrategia que apela aluso de la fuerza es una dinámica cultural que afecta a todos los chilenos y laschilenas. A José, su familia y su comunidad. A las familias que habitan en los
 
territorios reclamados u ocupados. A las familias de quienes habitan en lasdiferentes localidades donde este conflicto existe. A carabineros, la policía y susfamilias. A los tribunales. A las autoridades políticas, Gobierno y Congreso. A lasorganizaciones de derechos humanos. A los pueblos originarios. A las empresas. A las escuelas, institutos y universidades. A las municipalidades. A los gremios. A lossindicatos. A las fuerzas armadas. A las organizaciones sociales. A las ONGs. A losorganismos internacionales. A nuestros campos y bosques. A la biosfera quehabitamos.Es claro observar que nuestro actual Estado de Derecho a través de su normativa vigente impide la realización de manifestaciones si las agrupaciones no cuentancon la autorización expresa de la autoridad administrativa respectiva. Sin embargo,también es cierto que diversos organismos de Derechos Humanos en todo elmundo reivindican que la libertad de protestar sin permiso previo es justamenteuna garantía consagrada en los convenios internacionales. Es así como desde lasola existencia de esta normativa es posible observar que se ha impedido demanera frecuente la realización de marchas pacíficas en distintos momentos, lascuales al intentar realizarse generan diferentes conflictos que repercuten en laconvivencia y el habitar de la ciudadanía. Es posible observar en tales casos que nose ve una disposición a sentarse a conversar. Lo hemos visto en el ámbito de laeducación, de la salud, respecto de temas económicos, laborales, de vivienda en unalarga lista de desencuentros.Todos los ciudadanos de este país, a veces más, a veces menos, generamos,realizamos y conservamos una cultura de lucha, del apropiarnos de la verdad, de noescuchar, de no conversar reflexivamente, es decir de no estar dispuestos a soltarpor un momento, nuestras certidumbres y ver si lo que pensamos es comopensamos que es. Nuestro escudo patrio lo refleja dramáticamente:
“Por la razón ola fuerza”.
Ese lema no invita a la co-inspiración, invita a la lucha, invita a ganar, aconvencer a como de lugar y por cualquier medio. Y no es algo que Chile le diga alos otros países solamente, se lo dice el propio Estado a sus ciudadanos y tambiénlo dicen sus ciudadanos entre si.La aparente paradoja es que todos tenemos experiencias que nos muestran que laconfrontacn no resuelve nuestros problemas, salvo, y esto s bien enapariencia, cuando la aniquilación del oponente es total. Cíclicamente en la historianacional hemos caído en esa tentación generando grandes dolores y conservadon en este presente, como la situacn incial planteada aqnos revela,sufrimientos en multiples direcciones. Baste pensar en lo ocurrido en 1973, en unChile quebrantado por la mutua odiosidad. A veces me pregunto ¿Ganamos la guerra del pacifico? Ciertamente habrá quieneslegítimamente digan, “Sí, por supuesto”. Pero la enemistad sigue ahí, latente y latiendo, a tal punto que parece que bastaría que la balanza de fuerzas cambiarauna vez más para que el conflicto se reactivara en su grado total. En la normativade Seguridad Nacional aquellos países con los que se estuvo en guerra alguna vezquedan clasificados para siempre como enemigos potenciales. ¿Qué pasaría si esta
 
 vez Chile perdiera la guerra del pacifico versión 2.0? Las guerras son enajenacionescompletas y no resuelven el trasfondo generador de las confrontaciones.Los problemas, las discrepancias, solo se resuelven y disuelven conversandoreflexivamente desde el deseo de encontrarse, de verse y aceptarse mutuamentecomo otros legítimos. Todos sabemos esto. Sabemos que no podemos conservaruna relación en el bien-estar con nuestra pareja o nuestros hijos o nuestros amigoso nuestros compañeros de trabajo, si nos movemos encarando las dificultadesdesde la dominación, el control o la desconfianza. Ni siquiera podemos conservarrelaciones de bien-estar en la permanente negociación, en el “
yo te doy si tu medas” 
¿Qué preferimos? ¿Tener que negociar con la pareja o colaborar y co-inspiraren la realización de un proyecto que es a ambos común? A los seres humanos no nos gusta obedecer, nos gusta actuar desde el que las cosasnos hagan sentido, desde nuestra autonomía. Nos gusta más encontrarnos fluyendoen relaciones con otros que desean lo mismo que nosotros cada quien desde si, quetener que estar negociando. Pero para eso se requiere un proyecto común quepermita que cada uno colabore desde si co-inspirando junto a los otros. Y unproyecto común no es una mera declaración de valores o de una misión o una visión, es una trama dinámica, una red de conversaciones que hay que ir tejiendo asabiendas de los deseos que la configuran, entendiendo las condiciones que serequieren para su realización y entendiendo las consecuencias que eso tiene ennuestra cotidianidad, así como teniendo a la mano las acciones oportunas quepermitan concretizar ese proyecto común.En Chile nos hace falta un proyecto común. Uno donde quepamos todos y dondepodamos habitar en el bien-estar. Pero para eso requerimos algo que tampocoparecemos tener hoy a la luz de estas situaciones: no tenemos ganas. Sí, ganas deconversar reflexivamente, haciéndonos cargo de las consecuencias de esereflexionar, y ganas de abrir permanentemente espacios para la colaboración y parala co-inspiración, así como para su conservación.Hoy en a el tan mentado Proyecto País de Chile no pasa de ser merasdeclaraciones, no son prácticas, no son senitres, no son deseos. Tal parece que nosmovemos como moralistas que parecemos disfrutar esa comodidad normativa. Nospreocupa más ampararnos en el cumplimiento de las normas que relacionarnosdesde nuestra conciencia ética cotidiana sintiendo que nos importan lasconsecuencias que nuestros actos u omisiones tienen en quienes nos rodean y aúnen nosotros mismos.En la actualidad vivimos un espacio de contradicciones históricamente conservadasdonde por un lado muchos países han declarado el vivir democrático como susistema de gobierno elegido, pero a la vez no se ha dado en la praxis del vivir y convivir democrático la realización de una coexistencia congruente y responsableen el bien-estar de existir en un dominio donde los asuntos del Estado son todospúblicos y legítimos desde el respeto mutuo en la convivencia social y el respeto a la biosfera en la convivencia del vivir planetario. Es decir, no se ha dado una

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