Verdades Bíblicas,
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Prefacio
Me convertí en cristiano a principios de 1991 en una célula de hogaren Tesalónica, Grecia. La célula enfatizaba muy fuertemente a la Biblia comola Palabra de Dios infalible e inequívoca y tenía una opinión igualmenteequilibrada del Espíritu Santo. Ahí escuché por primera vez que para sersalvo era suficiente con creer que Jesucristo es el Señor y que Dios lolevantó de los muertos (Romanos 10:9). Ahí escuché sobre la salvación porgracia, sobre convertirse en hijo de Dios, sobre pedirle a Dios libremente,como mi padre, y recibir de Él. Aprendí que la ley ya no estaba vigente, Diosya la había cumplido toda. Era en verdad una célula maravillosa y el tiempoque estuve ahí fue muy hermoso. Nací de nuevo y créeme que ¡en verdadme sentí así, nacido de nuevo! Luego, en una de las repisas del líder de lacélula y querido amigo Dimitris
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quien pasaba, con amor, todo el tiemponecesario para contestar las docenas de preguntas que yo tenía- vi un
pequeño libro que hablaba sobre “el diezmo”. Me preguntaba qué era e
so.
La palabra “diezmo” era desconocida para mí y no la había visto en ninguna
lectura del Nuevo Testamento (para ese momento absorbía la Palabra comouna esponja, leyendo varios capítulos al día). Le pedí el libro prestado y loempecé a leer. Estaba sorprendido de que estaba lleno de citas de la Ley delAntiguo Testamento, apoyando que el diezmo aún estaba vigente y quecomo cristiano debería dar el 10% de mi ingreso (apenas y me alcanzabapara pagar mi renta y mi comida) a las organizaciones de la iglesia. Me sentí muy culpable después de leer el libro y esa era la primera vez que me sentía