Sociedad
|Viernes, 18 de septiembre de 2009
OPINION
Ciencia y Tecnología: Juntas, pero norevueltas
Por Jorge L. Seghezzo *
(Como parte de las actividades de la Comisión de Tecnología del Espacio Carta Abierta, días pasados se realizó una reunión con el título mencionado, en el Centro Cultural de la Cooperación.)
Fascinaba ver a un grupo grande de personas, apiñadas en un aula, pequeña no sólo por la cantidad decuerpos, también por tanto anhelo acumulado. La frase que da nombre a la charla es de Sergio Anchorena(economista, epistemólogo, especialista en sistemas autómatas), que reivindicó una visión en la que tratabade rescatar la tecnología de entre la confusión que parece sostener en su encuentro con la ciencia.Fue Emilce Moler, moderadora de la mesa redonda, quien tomó la frase e introdujo el tema. Se sucedieronEduardo Dvorkin, Alberto Kornblihtt y Horacio González. Cada uno desde su característica de especialistareconocido, pero todos aportando ideas sin tratar de imponerlas en razón de su “autoridad”. Dvorkin,reconocido en modelos numéricos complejos en ingeniería; Kornblihtt, biólogo molecular afamado;González, sociólogo, maestro de sociólogos y director de la Biblioteca Nacional.Primero habló Dvorkin. Hizo una precisa disección de la conjunción y la vinculante en la expresión ciencia ytecnología (CyT). Mostró modelos interpretativos. Apuntó a resolver las diferencias entre el conocimiento, suuso social y los negocios. Y a mostrar las aristas símiles y los conflictos. Mostró una línea, que debe sercontinuada, analizando cómo en los países desarrollados se priorizan los temas de CyT –y por tanto sedetermina la relación entre los términos–, a través de subvenciones, préstamos y contratos a empresas, conlo cual se esconde que el motor es el propio Estado.Después, Kornblihtt simultáneamente apuntó a una defensa del quehacer científico y tecnológico frente acríticas del fundamentalismo ecologista y de un “naturalismo” conservador, y a mostrar la natural inclinaciónque tiene el hombre al conocimiento y a la resolución de problemas. O sea, conocer y encontrarinstrumentos o herramientas para atacar dificultades. Eso, más allá de otras precisiones, en el fondoprefigura la ciencia y la tecnología.Ultimo fue González. Tomó el saber filosófico y ejemplificó la acción relacionada con la ciencia y latecnología (europea o norteamericana) de hombres que marcaron nuestra historia desde el siglo XIX. Barriólos tiempos hasta llegar a la década del ’60. Porque extraña “las utopías”. Recordó la época en que Filo yExactas soñaban en unirse para repensar lo que nos separaba y nos unía. Criticó la llamada y falaz“sociedad de la información”, en la que se dice que los adelantos tecnológicos nos democratizan –en eldiscurso–, pero se esconde (como siempre, las palabras muestran y ocultan) la realidad de que estamos enuna sociedad que usa lo tecnológico para manipular información, y definir que estemos muy o pocoinformados, según se quiera, o sea des(in)formados. Reconoció la existencia de elementos inmensamentericos en los conocimientos científico-tecnológicos, pero a condición de no eliminar la necesidad de pensarcómo usarlos. Allí se coló la realidad actual, ya que no es ni casual ni menor que hoy estemos discutiendo sise cambia, y cómo, la ley de radiodifusión de la dictadura. El poder está, usa a los medios, que son parte delpoder, pero siempre quedan fracturas para poder entrar y usar. Pensar. Actuar.Sin dudas, esto no es una crónica. Es un cierto revuelto de sinsabores por la gente y el tiempo perdidos, yde esperanzas de que la Humanidad, que somos quienes podemos pensarnos a nosotros, no quedereducida a algunos hombres que se piensan a pesar de la multitud. Particularmente, hoy, en este país. Haceaño y medio, a partir de una frase del ministro Barañao, por suerte se inició una discusión, publicada enPágina/12. Luego el debate se amplió, abarcando aulas universitarias y, por supuesto, blogs. A falta decombustible de disputa mediática, y desplazada por el “conflicto del campo”, la discusión sobre ciencia,
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