Read without ads and support Scribd by becoming a Scribd Premium Reader.
 
 A diferencia de la anterior, la recienteconfiscación no tuvo intención política: se resignó a la filosofía de latajada, la rutina de llevarse la torta porque la fiesta se acaba.
Que la Reforma Agraria no fue cometida para redimir a los campesinoslo prueba la extrema pobreza a la que los condenó. Tampoco paramodernizar la producción, como lo constatamos en nuestra crecienteagrodependencia. Fue otro el motivo de aquel desatino, nada altruista ybastante trapero.Ayer como hoy, la destrucción de las exitosas clases empresariales esla innoble misión que se impone una dictadura. Un tanque puede tomar Palacio en una hora; pero mil tanques no pueden sostener a un usurpador si éste no asalta además el liderazgo de la sociedad. Las cimas del poder están prohibidas a los pusilánimes, prohibición que los obliga a traerseabajo a los líderes empresariales, políticos o morales, que aunque pocos,los hemos tenido alguna vez. Con todo en tierra, la grita y la bayonetaprevalecen. Es un procedimiento maniáticamente repetido en nuestrahistoria.En la década del 60, el poder era compartido por los agricultoresnacionales y las empresas transnacionales dedicadas a la minería. Lasdecisiones pasaban por su anuencia. Cualquier postulante a usurpador tenía que derribar esta clase empresarial para prevalecer. En materiaagropecuaria no podían argumentar ineficiencia productiva. El Perú eraentonces un país líder en la exportación de productos agropecuarios, loscampos desarrollaban cultivos y crianzas con tecnología de punta yostentábamos algunos récords mundiales de producción, calidad yrentabilidad. Apeló entonces y plañideramente, al pretexto de la justiciasocial.Prometiendo la tierra al que la trabaja, los usurpadores del 70confiscaron la propiedad empresarial agraria y ejecutaron el exterminiopolítico de la clase hasta entonces exitosa. Con el mismo esmero se cuidóde no formar una nueva clase con poder que reemplazara a la anterior.lo así se explica que nunca entregara títulos de propiedad a lossupuestos beneficiarios de la reforma ni les brindara respaldo paramantener los niveles de rentabilidad logrados por los empresarios. Aún a lafecha, lo el 30% de la tierra se encuentra legalmente titulada. Aexcepcn de Cuba, Pees el único país del hemisferio donde elcampesino no es dueño de la tierra. Los agricultores peruanos son losúnicos que no logran formar un grupo de opinión, presión ni mucho menos
1
 
decisión. El propósito desquiciado de anular el poder político de la tierra seconsumó en el 70; sub status que los poticos, gobernantes y deoposición, convenidamente han mantenido hasta hoy.Aquel despojo fue cometido en el cenit de una usurpación populachera,demagoga y farisea. Treinta años después, y en el zafarrancho de surompan filas, un gobierno bandidista pretendió reiterar la confiscacióndifiriendo el pago de aquellas indemnizaciones para el o 2030 oadmitiendo su pago inmediato en condiciones ominosas. A diferencia de laanterior, la reciente confiscación no tuvo intención política: se resignó a lafilosofía de la tajada, la rutina de llevarse la torta porque la fiesta se acaba.La coincidencia entre ambas tropelías fue negar a los afectados unainstancia donde reclamar justicia. No hubo Estado de Derecho en los 70 yfue minuciosamente envilecido en los 90.Ahora lo aprendemos, los usurpadores niegan la separación del poder y se afanan en concentrarlo porque con todas las instituciones en unamano, pueden llevarse la otra al bolsillo.
Trujillo, 12 de enero del 2001.
2
 
La agricultura es una labor cultural, laminea es un afán predador. Loscultivos arraigan a las personas. Lasexplotaciones mineras ponen plazofijo al despilfarro. El germinar de lasemilla congracia al hombre con lavida. Los relaves mineros estropeanel universo. Las cosechas enriquecena los campesinos. La bolsa deminerales enriquece cuatroinversionistas y mendruguea a ochoburócratas.
Cuando los españoles se toparon con las huacas del Sol y la Luna enMoche, resolvieron que dentro de ellas se encontraba El Dorado.Convirtiendo la alucinación en plan de vida, torcieron el cause del río paraque la torrentada arrase con los templos y les entregue el oro apetecido.Los trabajos contemporáneos de Santiago Uceda comprueban que ni el ríoni los españoles pudieron con las huacas, pero la animalada destruyó loscampos de cultivo y forzó otra penosa migración campesina.Así fue como los invasores abolieron la edad de la agricultura einauguraron la edad de la minería. Así fue como clausuramos nuestra edadde oro y nos hundimos en la edad del oro. Al cabo de quinientos años,como diría Martínez Morosini, no hemos aprendido nada y conquistadoresde todas las latitudes continúan torciendo el cauce de los ríos paraprovocar erupciones metaleras.La contienda no es nueva, la metodología tampoco, los ademanesmenos, los protagonistas los mismos, los extras lo peores. Lodescabellado es que todavía la contienda exista.Cien años de agricultura en el Perú produjeron la papa. Quinientosaños de minería no han producido absolutamente nada.La agricultura es una labor cultural, la minería es un afán predador. Loscultivos arraigan a las personas. Las explotaciones mineras ponen plazofijo al despilfarro. El germinar de la semilla congracia al hombre con la vida.Los relaves mineros estropean el universo. Las cosechas enriquecen a loscampesinos. La bolsa de minerales enriquece cuatro inversionistas ymendruguea a ocho burócratas.La Constitución de nuestro Estado tiene un artículo que “declara” que laagricultura es prioritaria, el Ministerio del Interior interpreta esta prioridadgomeando primero a los campesinos. Un árbol sirve, un lingote ataranta.
3
Search History:
Searching...
Result 00 of 00
00 results for result for
  • p.
  • Notes
    Load more