OBRA ABIERTA:EL TIEMPO, LA SOCIEDAD
D
E
PARTE
DEL
AUTOR
"Entre 1958 y 1959, yo trabajaba en la RAI de Milán. Dos pisos más arriba de mi despachoestaba el estudio de fonología musical, dirigido entonces por Luciano Berio. Pasaban por élMaderna, Boulez, Pousseur, Stockhausen; era todo un silbar de frecuencias, un ruido hecho deondas cuadradas y sonidos blancos. En aquellos tiempos, yo estaba trabajando en Joyce y pasábamos las veladas en casa de Berio, comíamos la cocina armenia de Cathy Berberian yleíamos a Joyce. De allí nació un experimento sonoro cuyo título original fue
Homenaje a Joyce,
una especie de transmisión radiofónica de cuarenta minutos que se iniciaba con la lecturadel capítulo II del
Ulises
(el llamado 'de las Sirenas', orgía de onomatopeyas y aliteraciones) entres idiomas: en inglés, en la versión francesa y en la italiana. Sin embargo, después, dado que el propio Joyce había dicho que la estructura del capítulo era
de fuga per canonem,
Beriocomenzaba a superponer los textos a manera de fuga, primero inglés sobre inglés, luego ingléssobre francés y así sucesivamente, en una especie de polilingüe y rabelaisiano fra MartinoCampanaro, con grandes efectos orquestales (aunque siempre con la voz humana única yexclusivamente), y finalmente trabajaba Berio solamente con el texto inglés (lo leía CathyBerberian) filtrando ciertos fonemas, hasta que de todo ello resultó una auténtica composiciónmusical, que es la que circula en forma de disco con el mismo título de
Omaggio a Joyce,
elcual nada tiene ya que ver con la transmisión, que era, en cambio, crítico-didáctica y comentabalas operaciones paso a paso. Pues bien, yo me daba cuenta en aquel ambiente de que lasexperiencias de los músicos electrónicos y de la Neue Musik en general representaban elmodelo más acabado de una tendencia común a las varias artes... y descubría afinidades con procedimientos de las ciencias contemporáneas... Resumiendo: cuando, en 1959, Berio me pidióun artículo para su revista
Incontri musicali
(sólo cuatro números en total, pero
todos
históricos),
volví
a ocuparme de una comunicación que había presentado, en 1958, al CongresoInternacional de Filosofía y comencé a escribir el primer ensayo de
Obra abierta,
y después elsegundo, más una serie de sonadas polémicas (hubo una, violenta y apasionante, con FedeleD'Amico...). Con todo, yo todavía no pensaba en el libro. Quien pensó en él fue Ítalo Calvino,que leyó el ensayo de
Incontri musicali
y me preguntó si quería hacer de él algo para que lo publicase Einaudi. Yo le dije que sí, que lo pensaría, y a partir de aquel momento comencé a planificar un libro muy complejo, una especie de
summa
sistemática sobre el concepto deapertura, mientras iba publicando otros ensayos sobre
Verri,
sobre la
Rivista di Estetica,
etcétera.Comencé en 1959 y en 1962 todavía me encontraba en alta mar. Aquel año, Valentino Bompiani,con quien estaba trabajando, me dijo que con mucho
gusto
publicaría algunos de estos ensayos,que él había leído, y yo pensé que, mientras esperaba el 'verdadero' libro, podía ir elaborandouno que tendría carácter de exploración. Quería ponerle por título 'Forma e indeterminación enlas poéticas contemporáneas', pero Bompiani, que siempre ha tenido olfato para los títulos,abriendo una página como por casualidad, dijo que debía llamarse
Obra abierta.
Yo le dije queno, que en todo caso debía ser
La obra abierta
y que reservaba el título para un libro máscompleto. Pero él dijo que, cuando hiciera un libro más completo, encontraría otro título, peroque de momento el título apropiado era
Obra abierta,
sin artículo. Entonces me dispuse aterminar el ensayo sobre Joyce, que después ocuparía la
mitad del libro,
a unificar los
escritos
anteriores, a elaborar el prefacio... En resumen, salió el libro y me di cuenta de que nuncaescribiría el otro, dado que el tema no permitía un tratado, sino precisamente un libro deensayos de propuesta. El título se convirtió en
slogan.
Y en los cajones me han quedadocentenares de fichas para el libro que no he llegado nunca a escribir.
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