d i a l o g o d i g i t a l . c o m
diálogo
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Silvia Álvarez CurbeloPresidenta Junta Editorial Diálogo
Juntillas
MODALES
Hace un par de semanas, en medio de una sesiónespecial del Congreso de Estados Unidos, el discursodel presidente Barack Obama se vio momentánea-mente interrumpido por un grito destemplado. El vociferante congresista de Carolina del Sur (¿alguienme quiere decir qué mala estrella signa a ese estadodonde estalló la Guerra Civil y su actual gobernadorpadece locura de amor?) tildó de mentiroso al Presi-dente cuando éste defendía su acorralada reforma desalud. Si bien el asunto sustantivo tenía que ver conlos migrantes indocumentados y su estatuto dentrodel plan sanitario, lo que acaparó primeras planas y comentarios fue la violencia contra la forma. Fue elgrito y el gesto, no de muda angustia a la Munch,que condensa horrores colectivos y personales, sinoel de la descalificación del otro desde una combi-nación letal de narcisismo incontinente, racismo y fundamentalismo.
Bad, bad manners.
Me apresuro a decir que no me suscribo a losmodales en tanto encuadre y domesticación de lasemociones y las idiosincrasias. Hablo de ellos entanto buenos modos, como economía ondulantede los cuerpos y de los ánimos que dejan abierta laposibilidad de la palabra. Me sobrecoge la indife-rencia frente a la forma, a los modos bidireccionalesde la mirada y del sentido, y que circule, como virusoportunista, el exhibicionismo y el irrespeto, desdelos curules legislativos, los
ring
de boxeo radialeshasta llegar a los ciudadanos de a pie.Con la forma y el estilo no se come, dirán muchoscavernícolas de allá y de acá, acostumbrados aembutirse de prejuicios, ignorancias y lugarescomunes y regurgitar ideas a medio digerir. El asuntoes que, a menudo, lo que pasa para estos espíritusbroncos como frívolo, como adorno prescindible, esprecisamente la clave para un entendimiento más real y profundo. El estilo, mis amigos del poder desnudo,“viste al pensamiento”. Eso lo dijo, con guiñosaluminosidad, Oscar Wilde.Desde hace algún tiempo, sin embargo, lo que secotiza en la bolsa siniestra de la disolución social y cultural, es el atropellamiento gestual y verbal quepasa por firmeza de carácter. Cuando alguien, entresudores fríos y ojos desinquietos, tilda a la directorade la Fondita de Jesús como “buscona” y “mentirosa”; aunos estudiantes de Planificación como “politiqueros”,cuando le hacen llegar alternativas de sentido comúnpero efectivas al caos urbanístico de la AvenidaUniversidad (antes que se convirtiera en tierra de gaseslacrimógenos y sospechas mutuas), y a los habitantesdel Caño Martín Peña como “embelequeros” (depaso el Primer Circuito de Boston cogió su agüita demangle), estamos, paradójicamente, ante la cancela-ción trágica de la palabra aunque éstas chorreen. Laforma se esfuma para permitir la promiscuidad de lashormonas, del músculo físico y político, la fetichizacióndel poder.La violencia contra el otro —que puede tomarla forma clásica de la macana como la del dictadolegislativo inapelable o el consejo de jugar la loto parapoder disfrutar de los manjares y ajuares de la abun-dancia— es también violencia contra el espacio públicocomo lugar de cohabitaciones (que no de populismostrasnochados) y negociaciones personales y grupales.El desafío ahora es cómo retomar los espacios ocupadospor los malos modales y reterritorializar, para empezar,nuestros enfoques. Porque el que venga pensandoen que hay líneas claras de víctimas y victimarios,oprimidos y opresores, pierde de vista nuestros patro-cinios, directos o indirectos, de las múltiples AvenidasUniversidad que proliferan en este país.Hubo Noche de Paz en la Avenida Universidad trasel desmadre de la incursión policíaca con
performance
de vestidos blancos y jugos de manzana en vasos.Eso por supuesto es metáfora de que es posible otracalle. Lo que falta es hacerla posible, no desde lasprohibiciones y los neopuritanismos sobre el beber,el sexo y la diferencia o desde la protesta sin fin, otra versión de la catarsis, sino, a mi juicio, desde nuevasformas y prácticas de comportamiento, negociación y agencia. Hay que reconstruir la calle.Por favor, nada de “¿Qué nos pasa Puerto Rico?”,que es una receta para la inacción disfrazada de buenosmodales.
Diálogo Digital
presenta el caso de Noelia González Casiano,fotoperiodista del semanario
Claridad
, quien habló para nuestracámara sobre los incidentes de violencia ocurridos en la AvenidaUniversidad el pasado 21 de agosto. La entrevista incluye lasimágenes que evidencian claramente cómo agentes de la Unifor-mada intervienen con esta periodista y cómo una mujer policía seapropia de su cámara. Además, publicamos otras grabaciones quepresentan el momento en el que los estudiantes sintieron la furia y los golpes de los policías que nublaron su noche de jangueo.
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septiembre - octubre 2009