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Prejucios del internacionalismo

Prejucios del internacionalismo

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LOS PREJUICIOS
DEL INTERNACIONALISMO:
ESPACIO, MODERNIDAD
Y AMBIVALENCIA1
Juan García García
Universidad Complutense
LOS PREJUICIOS
DEL INTERNACIONALISMO:
ESPACIO, MODERNIDAD
Y AMBIVALENCIA1
Juan García García
Universidad Complutense

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LOS PREJUICIOSDEL INTERNACIONALISMO:ESPACIO, MODERNIDAD Y AMBIVALENCIA 
1
 Juan García García
Universidad Complutense
Uno de los problemas más difíciles de abordar en el estudio psicosocial del«prejuicio» durante el presente siglo ha sido, sin duda, el de explicar los repenti-nos cambios que el sujeto moderno ha experimentado en el proceso de «inter-nacionalización» de sus coordenadas espaciales. Tratando esta cuestión, el ejem-plo de la Alemania de entreguerras brota inmediatamente en la imaginación delinvestigador. Pero el problema no debiera ser acotado por sus casos más dramá-ticos, sino más bien por la generalidad y frecuencia de su aparición en la era dela Modernidad. Pudiera no ser casual que uno de los rasgos caracterizadores dela «época del nacionalismo» (Kohn, 1949) haya sido la tendencia periódica aanunciar su final, como diversos autores han señalado recientemente.En este ensayo quisiera repensar las discutibles premisas que el estudio delnacionalismo ha asumido tradicionalmente para abordar esta cuestión. Frente
1
Tanto éste como un trabajo anterior —publicado igualmente por la
REIS 
— forman partede una trayectoria departamental en el estudio de las identidades nacionales que precede en eltiempo mi propia implicación en la materia. Debo, por tanto, agradecer al Departamento de Psi-cología Social de la Universidad Complutense de Madrid, y muy especialmente al profesor JoséRamón Torregrosa, el contexto académico adecuado para su realización. Tanto el profesorTorregrosa como el profesor Eduardo Crespo me facilitaron —con sus observaciones— la ver-sión definitiva que aquí se publica bajo mi única responsabilidad.También me gustaría mencionar la inestimable ayuda que encontré en los comentarios delprofesor E. Lamo de Espinosa.
71-72/95 pp. 201-223
 
a una concepción restringida de nacionalismo como fenómeno «individual»,«premoderno» y «dotado de coherencia cognitiva», sólo recientemente lasCiencias Sociales empiezan a considerar el nacionalismo bajo el prisma—ampliado— de las «identidades de grupo», asumiendo al mismo tiempo quela nación es asunto que concierne a la propia Modernidad.Mi hipótesis fundamental será que, aceptadas mayoritariamente estas dospremisas, conscientes hoy de la dificultad de entender el nacionalismo desgaja-do del proceso de la inter(-)nacionalización de los espacios comunicativos de laModernidad o, dicho de otra forma, concebida la Modernidad como el marcocontradictorio donde —por antonomasia— coexisten el internacionalismo y elnacionalismo, será ya más fácil desembarazarse de la premisa anterior sobre la«coherencia espacial» del ciudadano moderno (sea o no sea etiquetado como«nacionalista»). Unicamente la ambivalencia de un sujeto fronterizo (o su dia-logismo espacial) permiten a éste una permanente adecuación cognitiva en tancontradictorio entorno.Es por eso que sólo la «radical disonancia» de la actitud moderna hacia «loextranjero» o la intrínseca constitución de toda «identidad nacional» comoexperiencia fronteriza nos posibilita la comprensión de aquellos repentinoscambios en la vivencia moderna del espacio. En último término sugeriré quetal «ambivalencia espacial» no debiera ser asumida a regañadientes por el inves-tigador: más que suponer periódicas dislocaciones en la constitución de unadeterminada «identidad nacional», la cadencia espacial de la Modernidad(«internacionalismo-endogrupalidad») conforma la imprescindible gramática,la materia prima constitutiva de toda «identidad nacional».«PREJUICIO»: EL SENTIDO CAMBIANTE DEL TERMINOVoltaire ejemplificaba a menudo con España el mundo de religión estable-cida que, para él, como para la generación de los enciclopedistas
(philosophes)
congregados en los salones del
 XVIII
,habría de desaparecer en la nueva era de larazón ilustrada. Sin duda, en el contexto sociopolítico de prolongada decaden-cia del absolutismo francés, los reunidos habitualmente en la casa del barónD’Holbach o en la de Helvétius repetían incesantemente sus críticas contra losprejuicios interesados y conscientes de clérigos y aristócratas. En la época de lapublicación de la Enciclopedia se desarrolla la intención moral de los filósofoshasta hacerse, al menos indirectamente, política (Habermas, 1981).Hubo que esperar a este siglo ilustrado para encontrar la palabra «prejui-cio» entendida como «oposición a la racionalidad». Es entonces cuando algu-nas de sus acepciones adquieren las connotaciones negativas que hoy inevita-blemente arrastra el término. Gadamer (1979) afirma que tales transformacio-nes semánticas estaban relacionadas con la tendencia de los ilustrados a noaceptar ninguna «autoridad» (y decidir todo ante el tribunal de la razón).De este modo, el cambio semántico tenía también que ver con una deman-
 JUAN GARCIA GARCIA 
202
 
da de mayor libertad social y política. La voz «prejuicios» había sido escritapara la
Encyclopedie 
(1765) por el Chevalier de Jaucourt, no tratándose sino deun comentario de la teoría de los «idola» de Bacon. Ahora bien, como nosrecuerdan Lamo de Espinosa
et al.
(1994), mientras que en Bacon era el sujetopensador el que «inconscientemente» se dejaba arrastrar por falsas nociones,representaciones ilusorias o apariencias que le alejaban de la certeza científicaprometida, de este lado del Canal, y en un contexto de decadencia política, elerror psicológico baconiano mutaba en error consciente, error que proviene defuera, del engaño de los demás. Era el interés del poderoso, de las altas jerar-quías eclesiásticas y de la aristocracia, el que de manera intencionada enmasca-raba la verdad hasta engañar a las masas ignorantes que, finalmente, termina-ban por autoengañarse.Sin pretender en ningún modo agotar el campo semántico del término, espreciso atender a su complejidad y a las diferencias valorativas que al mismo seadherían. Los
 philosophes,
según Billig (1991), lo emplean en determinadoscontextos sin el significado negativo que zahería a sacerdotes y aristócratas. Así, por ejemplo, en el ámbito de la educación, Voltaire señalaba la existenciade prejuicios justificables, tal como los que podrían disponer positivamente aun niño hacia su preceptor.Billig nos habla de otro uso del término prejuicio que, por la connotaciónpositiva que contiene, ha de producir inevitablemente cierta perplejidad alcientífico social contemporáneo. Me refiero a la acepción de prejuicio como«prejuicio nacional», entendido como virtud. Billig cita algún ejemplo: «ElRegistro Anual de 1787 incluía un breve ensayo titulado “Sobre el Prejuicio”,reimpreso del tercer volumen de
El Observador.
El ensayo era claro en la con-dena de los prejuicios religiosos, al mismo tiempo que los distinguía de otrosprejuicios. Así, por ejemplo, el autor afirmaba que (...) el “prejuicio nacional”debería ser visto como una “virtud”»(trad. mía).Por supuesto que desde los arrabales del pensamiento ilustrado era másfácil articular el citado uso de «prejuicio». Así, para J. G. Herder: «El prejuicioes bueno, en su tiempo, pues nos hace felices. Devuelve a los pueblos a su cen-tro, los vincula sólidamente a su origen, los hace más florecientes de acuerdocon su carácter propio, más ardientes y, por tanto, también más felices en susinclinaciones y objetivos» (citado en Pinillos, 1989).Para el psicólogo social contemporáneo, no dejaría de ser contradictoria ladefensa de un sentimiento nacional con la expresión «prejuicio nacional». Y esque en el siglo
 XX 
el sentido peyorativo de «prejuicio» no está capitalizado por«el engaño (consciente e interesado) de la clase sacerdotal», según la concibie-ron los enciclopedistas, sino por una nueva acepción de contenido en este casopeyorativo: la de «opiniones nacionalistas o racistas», como se deduce del repa-so de la bibliografía psicosocial. Ya durante la primera mitad de este siglo, el término «prejuicio» había idoadquiriendo mayor presencia institucional a partir de la problematización del«prejuicio racial» y el «prejuicio nacional». Con objeto de redactar una serie de
LOS PREJUICIOS DEL INTERNACIONALISMO: ESPACIO, MODERNIDAD Y AMBIVALENCIA 
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