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Curti, Nelo - Introducción al Fabulismo

Curti, Nelo - Introducción al Fabulismo

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Poemario de Nelo Curti
Poemario de Nelo Curti

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Published by: Cuadernos del Tábano on Sep 25, 2009
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08/29/2013

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ilustraciones
LeoSarralde
 textos
NeloCurti
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Ediciones del Tábano
Colección “Delirium tremens”
 
Vivimos mundos posibles,es decir, mundos a medias 
Raúl Zurita
 
Hace algunas mañanas me preguntaron qué pretendo decir cuando escribo que mihabitación parece la panza de una araña.La pregunta no fue lo complicado: sino que me la hicieran de mañana, cuando lanoche todavía permanece, se empoza bajo de los ojos, cayendo en goterones moradospor la cara.Escapé con acrobacias de manual, bosquejando un argumento -llamémosloexcusa… además contradicción- sobre un cristal mugriento:2+2=4 - 2+2=? / Lógica PoesíaEse fue el disparate, y el otro regresó al desconcierto que le habían generado lashabitaciones arácnidas.Lo difícil, casi absurdo, es que desentrañar el significado de la panza de una arañasería como aventurar lo que representa un pájaro.Y me extraña que se tenga una idea -siempre torpe, siempre idea- de lo que es unpájaro, y en cambio se desconozca el interior de las arañas, habiendo tantas cosas quese le asemejan.El señor de traje, por ejemplo, que por la acera que se quiera camina, lleva unportafolios que por dentro parece la panza de una araña, se dirige a una oficina quees como la panza de una araña, y su vida, la suma de compromisos, papeles y carrerasdesembocando en una cena familiar con críos dando gritos y tías solitarias, su vida, enfin, a qué puede compararse si no a la panza de una araña.Luego hay otras cosas que son pancitas de arañas: el hueco de la mano de una viuda,el bolsillo de cualquier adolescente, las seis en un reloj muerto a las cuatro, un “si” enla madrugada, la respiración de aquellos trenes, la boca que yo busco humedeciéndose.Pancitas de arañas que, como todas, valen la pena; refugios donde desperezarse sin temor a que se desmoronen los estantes, huecos, brazos tibios, bolsas, estómagos deviento, pedazos de ventanas en la lluvia, lugares donde morir tranquilo, sin terror,sencillamente.Y mi habitación no se parece a otra cosa: la ropa por el suelo, una mesa con librosy un títere destartalado, una canción del año veinte avejentándose, mi cigarro y elgato dando vueltas como si no entendiese, acurrucándose al final entre las sábanasenredadas.No se parece a otra cosa porque yo, como cualquiera, busco tener, irremediable-mente, más o menos a mano, mi panza de araña; y cuando todo juega a tambalearse,cuando el hollín impregna las voces y hasta ese cuadro que siempre estuvo indiferente,ahorcado de un clavo, intenta escaparse, cuando todo eso se mueve y quiere irse,entonces me zambullo allá en mi panza y nada es tan inquieto y nadie capaz deentreverarme.Comenzó a llover, saltamontes transparentes golpean el asfalto, rebotan y se apagan,los hombres huyen, desobedecen la estampa que les consintió el espejo; la luz semanchó en el barro, una madre grita y los niños se acaloran en los charcos.-Me voy a pedir otra- afirmó uno a pocos centímetros de la palabra “charcos”, todavía húmeda, azul, pegándose al papel mientras él se dirige hacia la barra con dosdedos en alto y una sonrisa que veo por su nuca.-Dicen que parecemos borrachos- comenta de regreso, apoyando las copas sobre lashuellas mojadas de las anteriores.Contesto cualquier broma y pienso que todo evoluciona; es natural.Charlamos. Los cigarros van del cenicero hacia la boca y de la boca a las cenizas,deteniéndose a medio camino cada tanto para observar el panorama o dibujar unapirueta.Conversamos entre párrafo y párrafo porque es difícil, complicadísimo, porque a élle hicieron un comentario y a mí una pregunta, y él ahora desentraña el desapego yyo las panzas de esos bichos que aplasté toda mi infancia; y es trabado, engorroso, ycreo que la gente tendría que medirse a la hora de abrir su santa boca, porque hacerledeterminadas preguntas a un tipo que escribe es mostrarle la punta de un ovillo,regalarle a un suicida una azotea.La ciudad es un copa vieja que la lluvia enjuaga; el agua resbala por los edificios y se tiñe, corre por las canaletas sucia de historias, de harapos, trozos de juguetes. Las rejasde las alcantarillas intentan impedir el robo, el saqueo inevitable, necesario.Todo, absolutamente todo, parece, o es, la panza de una araña. Miren si no las nubesapelmazadas, glotonas, que pierden su botín y gruñen, miren la baldosa más cercana,miren el hocico de los diarios, mírense sin trampa, con certeza y fábula, a la cara.

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